El primer fallo del fracaso del golpe de Estado del 23 de febrero fue "dejar al Borbón libre y tratar con él como si fuese un caballero", es lo que afirman en un documento manuscrito de 23 folios que forma parte de lo desclasificado por el Gobierno de Pedro Sánchez.
El autor comienza con un esquema realizado en noviembre de 1980 de lo que parece la preparación del golpe, que se analiza de manera exhaustiva en siete páginas. A continuación, escrito por la misma persona pero con distinto bolígrafo, se realiza el "juicio crítico", que es cómo en el mundo castrense se llama al análisis de los fallos y aciertos tras una maniobra, en este caso, el golpe de Estado.
Bajo el título: "¡¡¡ Militares Españoles !!! Consignas sobre qué hacer después del 23-F", afirma que no hay que estar decepcionados por el 23-F, sino analizar qué hacer en adelante. Plantea dos alternativas: reaccionar como soldados o plegarse a la demolición de España. Define al Rey ("el borbón") como alguien a quien no se debe dejar libre ni tratar como un caballero. Lo califica como un "objetivo a batir".
Además de no haber tomado el palacio de la Zarzuela, el autor del texto identifica un segundo problema relacionado con el entonces Rey de España: "Considera que el rey seguirá adelante en su intento suicida de tener un Gobierno con los socialistas, no pudiendo ser considerado ni como un símbolo a respetar", afirma. Es por ello que concluye que Don Juan Carlos es "un objetivo a batir y anular".
El tono del documento permite concluir que pese al fracaso del golpe no iban a cejar en su empeño de volver a tener un gobierno militar en España. Pues el autor insiste en la necesidad de "introducir dispositivos de seguridad que garanticen que los comprometidos actúen en la forma prevista". También creen que es preciso "contar en cada unidad con hombres dispuestos a forzar por las armas.
El bloque de documentos arranca con un diagrama de la "panorámica de operaciones en marcha". El esquema presenta las posibles operaciones golpistas "civiles", "militares" y "mixtas", atribuyendo distintos grados de viabilidad" a cada una de ellas.
En algunos casos se considera que esa viabilidad "muy escasa", como sucede con las operaciones meramente civiles. En otros se estima que "la acción sería imparable". Es el caso de una intervención "de los coroneles". En este caso se estima que las Fuerzas Armadas solo intervendrían "si el pueblo 'las llama'". Y que esperarían a "que se queme tanto la UCD como el PSOE para un cambio de régimen con protagonismo militar".
El último bloque expuesto por al anónimo autor de los documentos es el de una "operación mixta" de civiles y militares. Aquí hay afirmaciones más concretas que en las opciones anteriores. Afirma que "lleva gestándose cerca de un año" y que "han mostrado su conformidad determinados líderes de PSOE y UCD". Estos políticos respaldarían el golpe en determinadas circunstancias, como "una crisis económica y de autoridad irreversible" o ante "un inminente golpe militar puro". Concluye indicando que, puesto que esas dos opciones son "previsibles, "no se duda de las colaboraciones, por lo que la viabilidad de la operación es muy alta". Y concluye afirmando que "su plazo de ejecución" es "primavera de 1981".
Lo que el documento juzga como el primer fallo, es decir, que el Rey actuara por su cuenta, es lo que el propio ex Jefe del Estado confirmó en Reconciliación, las memorias que publicó a final de 2025. "Yo estaba lejos de imaginar que se estuviera tramando un golpe de Estado", afirma en su libro. Según su relato, "los militares se sublevaban y burlaban el orden constitucional. Es más, ¡el golpe se llevaba a cabo en mi nombre! Era un ultraje", afirma.
Entre los documentos desclasificados recogidos por el servicio secreto español, el Cesid, antecesor del actual Centro Nacional de Inteligencia, se encuentra una interesante declaración que le toman en Roma en junio de ese 1981 al capitán de la Guardia Civil Gil Sánchez-Valiente, prófugo en ese momento, que comienza con la aseveración: "Siempre pensó que el golpe no tendría éxito, ya que no confiaba en el rey".
Sánchez-Valiente, que no sería detenido hasta un año después, y posteriormente condenado por su participación en los hechos, expresa su teoría sobre la presunta participación del Rey Juan Carlos en el golpe, tal y como la refiere el agente que habla con él: "Según su criterio, el Rey debió de comentar los errores políticos con el general Armada, y este hizo de los comentarios una orden, transmitiendo a los participantes en la Operación la aprobación del rey".
El mando de la Guardia Civil señala, según la nota, que no conoció que iba a producirse el golpe "hasta días antes", y cree que se puso en su conocimiento "debido a su amistad con el Teniente Coronel Tejero", con el que "hablaba mucho" de la "necesidad de una acción de este tipo".





