El 22 de noviembre de 1975 hacía sol en Madrid y a mediodía las temperaturas parecían primaverales. En los escaparates de los comercios habían pegado carteles con la bandera de España y el retrato de Juan Carlos de Borbón, donde se leía: «Rey de España». En la Carrera de San Jerónimo, unidades militares desfilaban y se colocaban en sus puestos. En el interior del Cortes, letrados y procuradores, reunidos desde las diez de la mañana y vestidos con chaqué, charlaban mientras esperaban para ser testigos de un momento histórico. Ese día, Juan Carlos I fue proclamado Rey de España en una sesión solemne. Protagonista histórico del momento, hoy no estará en la fecha clave de conmemoración de los 50 años de la Monarquía. No está invitado. Sólo acudirá a un almuerzo privado mañana en Zarzuela. Viaje exprés. No dormirá en Madrid.
Aquel 22-N, el día en que se cruzaron dos Españas, cuando empezaba a andar la España de Juan Carlos I mientras el féretro del Franco ya reposaba en el Palacio Real, estuvo lleno de detalles. A las 12 de la mañana, Don Juan Carlos abandonó el Palacio de la Zarzuela a bordo de un Rolls Royce acompañado por Doña Sofía y sus tres hijos. La matrícula del coche había sido sustituida por una granate con una corona. Ese fue el primer cambio visible de lo que estaba por venir. Un día decisivo en la historia de España, que provocó que muchos ciudadanos compraran televisores a color o se congregaran en bares para seguir en directo, en Televisión Española, lo que iba a suceder.
Media hora después de las doce, los entonces Príncipes de España llegaron a las inmediaciones del actual Congreso de los Diputados. Don Juan Carlos, con uniforme de capitán general y Doña Sofía con un vestido largo fucsia. Sonó el himno de España y el futuro Rey pasó revista a la compañía de honores del Batallón de Infantería del Ministerio del Ejército. No había aún Guardia Real, una figura de escolta de los Monarcas españoles que se recuperaría meses después. Tres mil militares estaban en formación en la carrera de San Jerónimo.
Tras cumplimentar con el protocolo castrense, la familia Borbón y Grecia ingresó en el Congreso por la puerta principal, reservada para las grandes ocasiones. Y fueron recibidos por un hemiciclo puesto en pie y 45 segundos de aplausos. Los asistentes vestían uniforme con brazalete de luto o chaqué y corbata negra. Dos tapices flamencos habían sido dispuestos a los lados del dosel y las tribunas de invitados estaban atestadas. Estaban familiares de los Reyes, y también delegaciones extranjeras. El rey Hussein de Jordania, el chileno Augusto Pinochet, Rainiero de Mónaco e Ymelda Marcos apoyaron la proclamación. También embajadores del Cuerpo Diplomático acreditados en España.
«Señor, las Cortes españolas y el Consejo del Reino, convocados conjuntamente por el Consejo de la Regencia, en cumplimiento de lo dispuesto en el artículo 7 de la Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado, están reunidos para recibir de Vuestra Alteza el juramento que la ley prescribe, solemnidad previa a vuestra proclamación como rey de España», dijo el presidente del Consejo de la Regencia, Alejandro Rodríguez Valcárcel, quien durante las 48 horas que mediaron entre la muerte de Franco y la proclamación de Don Juan Carlos, ejerció como jefe del Estado.
Pidió entonces que todos se pusieran de pie. El príncipe, con la mano derecha puesta sobre los Evangelios y el ministro de Justicia, José María Sánchez Ventura, como notario principal del Reino, prestó juramento bajo la fórmula que en 2014 repetiría su hijo. «¿Juráis por Dios y sobre los Evangelios cumplir y hacer cumplir las leyes fundamentales del Reino y guardar lealtad a los principios que informan el Movimiento nacional?», le preguntaron.
«Juro por Dios y ante los Santos Evangelios cumplir y hacer cumplir las leyes fundamentales del Reino y guardar lealtad a los principios que informan el Movimiento nacional», respondió el Rey. «Si así lo hicieseis, que Dios os lo premie y, si no, que os lo demande», le contestó Rodríguez Valcárcel para a continuación afirmar: «En nombre de las Cortes y del Consejo del Reino manifestamos a la nación española que queda proclamado Rey de España Don Juan Carlos de Borbón y Borbón, que reinará con el nombre de Juan Carlos I. Señores procuradores, señores consejeros, desde la emoción en el recuerdo a Franco. ¡Viva el Reyl ¡Viva España!».
Siguió una larga ovación, que precedía el discurso del recién proclamado Monarca. Don Juan Carlos pronunció una alocución de doce minutos, que fue interrumpida en cuatro ocasiones por espontáneos aplausos de los miembros de las Cortes. Así lo hicieron por primera vez cuando se refirió a Franco. Después, cuando Juan Carlos reconoció el sentido del deber que había aprendido de su padre, Don Juan, ausente en la ceremonia que proclamó a su hijo como Rey, saltándose al padre para restaurar la Corona. Por tercera vez aplaudieron cuando proclamó que no quería un español sin trabajo ni un trabajo que no permitiera a quien lo ejerciera mantener con dignidad su vida personal y familiar. Se escucharon palmas de nuevo cuando el Rey defendió el deseo de paz mundial y recordó que cada país tiene derecho a organizarse de manera interna. Y más importante -de 30 segundos- fue la ovación cuando el Monarca habló de la integridad territorial del Reino. Terminó sus palabras el rey con un firme: «¡Viva España!» y una última ovación cerrada del Hemiciclo. Se giraron a continuación letrados y procuradores para aplaudir a la marquesa de Villaverde, hija de Franco.
Nueve minutos antes de la una de la tarde, la Familia Real abandonaba el Hemiciclo. En 21 minutos, España terminó con 36 años de dictadura y sembró los cimientos de la Monarquía parlamentaria.
Pasaban seis minutos de la una cuando los Reyes fueron despedidos por el presidente del Gobierno, Carlos Arias. Se montaron entonces en un coche descapotable y, escoltados por una unidad de caballería de honor, descendieron la carrera de San Jerónimo. Decenas de curiosos se agolpaban en las calles, y las crónicas de entonces aseguraban que algunos de los que hacían cola para despedir a Franco en la Plaza de Oriente, escuchaban la proclamación desde un transistor y rompían en vivas una vez terminado el acto. Llegaron precisamente Don Juan Carlos y Doña Sofía al Palacio Real para presentar sus respetos, como Reyes, ante el féretro de Franco. Don Juan Carlos, al percatarse de que habían interrumpido el paso de personas mientras ellos rezaban, ordenó que siguieran entrando los ciudadanos. Fue su primera decisión como rey.
Desde allí, volvieron al Palacio de la Zarzuela, donde esa misma tarde el Rey recibió a las autoridades extranjeras que habían acudido a su acto de proclamación. Fue su primer acto, con el que comenzó 14.089 días de reinado.

