ESPAÑA
Aniversario de la dana

Emoción compartida y mensaje común: Mazón sin salida

"Ha pasado un año del desastre y mil trampeos adornan a este político quemado aunque sin arder por obra y gracia de Feijóo"

Carlos Mazón, en el homenaje a las víctimas de la dana.
Carlos Mazón, en el homenaje a las víctimas de la dana.ALBERTO DI LOLLI
Actualizado

Concluyó el funeral de Estado por las víctimas de la dana y en el cielo hubo una leve batalla de nubes que dejó lluvia fina. La Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, en el cauce seco del Turia, adquirió a la tarde un perfil espectral. A las 16.00 horas empezaron a llegar los familiares de las víctimas con una austeridad de razones ultrajadas. Venían en autobuses, en coches, andando. Los reconocías porque en sus rostros asomaba una guarnición de dolor, algo que delata a la gente dañada. Los ciudadanos les abrían paso en los semáforos. Venían a velar a sus muertos: 237. Los que fallecieron en Valencia, en Castilla La Mancha y en Andalucía.

Afuera algunos ciudadanos hacían ronda por el bulevar. Unos con pancartas. Otros con lemas estampados en las camisetas que exigen la dimisión de Carlos Mazón. Los demás sólo con la rabia desnuda. Y entodos la misma misión: que los vea de nuevo el más repudiado de los hombres de Valencia. Que sepa que están ahí para decirle la verdad. Ha pasado un año del desastre de la dana y mil trampeos adornan a este político quemado aunque sin arder por obra y gracia de Feijóo. Una mala 'gloria' en las que se doran mutuamente.

Decíamos que en la calle hubo silencio entre el aire espeso y aquél se contagiaba de unos a otros. Los ciudadanos iban y venían y muchos se fueron quedando. Cada cual a su manera recordaba cómo hace un año se les derrumbó un fragmento de historia en pueblos y comarcas de aquí al lado. A ratos, en medio de la espera, alguien levantaba la voz: "President a Picassent". O le salía con espontaneidad incontenible un aullido compacto: "Mazón dimisión". Empezó el acto y de los bolsillos salieron los móviles para seguir el funeral. Eran las 18.00. Ni los Reyes, ni Sánchez, ni los ministros, ni los subsecretarios, ni los alcaldes... Ninguno estaba en el reproche de la gente. Sólo Mazón. Sólo Mazón. Sólo Mazón.

Entonces accedieron las autoridades a la calle mayor del Museo de las Ciencias y el otoño atravesó un poco el corazón. Algunos familiares gritaron: "¡Cobarde! ¡Rata! ¡Hijo de puta!". Una, dos, tres veces. El eco llegó a la calle y tantas gargantas rugieron con lo mismo. Los aplausos por el desahogo de algunas víctimas que tenían enfrente al más tramposo de los responsables políticos de este desastre sonaron como briosas. Las cámaras de RTVE enfocaron a Mazón y en ese momento le asomó con claridad el aura de escombro. Lo enfilaban ojos de mujeres con la lágrima corrida hasta la barbilla. Ojos de hombres con el bozo de la barba haciéndoles bordillo en las mandíbulas, de la misma pena. En la calle, frente al esqueleto blanco del arquitecto Calatrava, esas cosas se sentían. Alguien dijo: "Si gritamos juntos adentro nos oirán". Y gritaron juntos: "¡¡Mazón dimisión!!". Los oyeron.

Valencia no estaba ayer para batallas, sino para acuñar el respeto por los muertos de aquella dana: 237 en toda España. La humedad eléctrica generada dentro también se hizo sitio fuera del Museo de las Ciencias. La meteorología anímica acabó en una humana tormenta pequeña a pie de acera cuando el más repudiado de los políticos de la historia moderna de esta tierra abandonó en coche oficial el lugar. Eran las 19.18. Las luces de los móviles que grababan la salida y las pancartas que recordaban lo que todo el mundo quiere, lo que todo el mundo sabe, le iluminaban el camino que le espera: el callejón sin salida de la ignominia. Nunca del olvido.