ESPAÑA
Política

Yolanda Díaz debilita su futuro como candidata tras su peor derrota política

La caída de la reducción de jornada laboral en el Congreso apaga la luz a su proyecto estrella

La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz.
La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz.EFE
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Yolanda Díaz encajó ayer su peor derrota política desde que es ministra. La caída de la reducción de la jornada laboral en el Congreso apaga la luz a su proyecto estrella y, con ello, agudiza su crisis como primera figura de la izquierda alternativa. Su liderazgo e imagen siguen debilitándose en un contexto de incertidumbre que inunda el futuro de este espacio y que obligará a próximos movimientos para reinventarse de cara a las elecciones. No sólo está por ver si hay unidad con Podemos -la cuestión crucial- o si Sumar es una marca agotada, es que también está por ver si ella repetirá como candidata o si hay presiones para buscar otro líder que la releve.

Que se haya truncado el proyecto es un golpe por ahí y la deja mucho más débil. Porque recuperar el aura de las elecciones de 2023 pasaba estratégicamente por resucitar el brillo de la aprobación de la reforma laboral en la pasada legislatura. Fue ése el punto de inflexión que consagró a Díaz como la gran esperanza de la izquierda alternativa y que la colmó de autoridad política y social para reconstruir los pedazos de un espacio roto y enfrentado bajo su liderazgo.

Cuando hace un año Sumar encadenó fracasos en las elecciones de Galicia, País Vasco y Cataluña y las europeas, que dieron señales de alarma, Díaz tomó una decisión determinante en medio de una fortísima presión de sus socios: dimitió como líder de Movimiento Sumar y renunció a convertir a este partido en un nuevo Podemos que gobernase bajo su paraguas y mando a IU, Comunes, Más Madrid y otras formaciones.

Dimitió y vio morir aquel proyecto unos meses después de ponerlo en marcha. Esta decisión tenía un objetivo: se quitaba el lastre de organizarse -y pelearse- con sus socios, que la perjudicaba, con la idea de trascender del ruido para, desde ahí, confiar la recuperación de su figura en lo que en el pasado le dio la autoridad, su labor como ministra de Trabajo.

En esta misión se ha volcado convencida de sacar la reducción de la jornada. Es la bandera de Sumar de esta legislatura y sintetiza la impronta de un nuevo laborismo, que es el motor ideológico de su proyecto. Por eso insiste: lo volverá a presentar.

Que Díaz sale debilitada es algo que se reconoce en el espacio. Sin embargo, sus socios cierran filas y no piensan abrir ahora ningún debate sobre la candidatura. «No tiene sentido», dicen unas fuentes. «No es el momento de mezclar cosas», remarca uno de los socios. Todos están en esa línea.

Ese debate llegará. En realidad, comenzó hace tiempo, pero está durmiente a la espera de resolver qué pasa con Podemos. La izquierda se enfrenta a la tesitura de volver a unirse para las elecciones en un intento desesperado por frenar a PP y Vox o ir dividida en dos candidaturas y ponerle la victoria en bandeja. Podemos quiere ir con IU y Comunes y repudia a Sumar. Sitúa a Irene Montero como su candidata. Los dos partidos aludidos se mantienen con Díaz pero ambos son los primeros convencidos en que hay que buscar un pacto con Podemos para evitar una debacle. Díaz aparece en la ecuación como un problema por la incompatibilidad con Montero y los morados no irán con ella por haberlos querido «matar».

Por eso la tesis de buscar una figura no contaminada por la guerras internas, que sea capaz de unir, es tema de corrillo y hay nombres que salen. El ministro Pablo Bustinduy, el sindicalista Unai Sordo. De momento no parece que exista una base real sobre ambos. Es especulación, pero denota que la tercera vía es una hipótesis que está en el imaginario.

Una Díaz coronada con la reducción de la jornada habría estado mucho más fuerte para afrontar esta encrucijada. Incluso para, llegado el peor escenario, asumir el dilema de ir a las elecciones liderando una candidatura y enfrentarse a Podemos.

El PSOE exige que haya agua en la piscina para volver a presentar la reducción de jornada. O sea, tener amarrados los votos de Junts para no volver a fracasar. Veremos. Ahora sufre por su culpa la derrota cuando fue la primera en ir a ver a Puigdemont.

Hay otros temas en los que Díaz aún puede dar un golpe en la mesa. Partidos de Sumar reclaman eso, como dar máxima prioridad a la vivienda. Es el caso de IU, que asegura que va a ser «más determinante» para esta legislatura que todo lo demás. Hay otras formaciones que reivindican esto y coger «diferentes banderas» para empujar al PSOE «hacia posturas más valientes». Se subraya el papel promotor en las medidas contra Israel, el decreto de permisos o la ley antitabaco de Mónica García.

En el sector oficial de Sumar subrayan que «una derrota parlamentaria se puede convertir en una victoria política» y que se ha conectado con 12 millones de trabajadores que saldrían beneficiados. La premisa es que Díaz no sale dañada. Al contrario. Que «puede ser un plus» para su proyección política porque, dicen, «es muy evidente que ella ha hecho su parte».