ESPAÑA
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El inexplicable "milagro" en el cañón de Las Médulas y los casi 1,5 millones que siguen ardiendo

El entorno natural sólo presenta una marca negra, su frondoso fondo sigue intacto. Alrededor, 1.500 hectáreas calcinadas y dos focos con labores de extinción de más de 12 horas

El mirador de Orellán, con vistas a Las Médulas, quemado. Al fondo, la única parte que ha ardido del entorno natural.
El mirador de Orellán, con vistas a Las Médulas, quemado. Al fondo, la única parte que ha ardido del entorno natural.Sergio González Valero
Actualizado

Hasta hace apenas unos días, quien subía al mirador de Orellán -tras serpentear la carretera LE-5221- podía entregarse a la contemplación de un paisaje que parecía intacto desde siglos: los álamos y los castaños levantaban sus copas sobre la ladera, algún sauce asomaba tímido en las curvas más húmedas, y, entre claros, parecía adivinarse la geometría secreta de la obra romana. El ojo podía imaginar el trazado caprichoso de la red de canales que, en época romana, traían agua del Eria, del Cabrera o del Oza, para alimentar el brutal sistema de Ruina Montium, esa minería que reventó la montaña para extraer oro a gran escala y dejó como herencia, a modo de cicatriz en el terreno, Las Médulas, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Sin embargo, ahora, la misma subida es un tránsito por el luto del fuego que deja, según las primeras estimaciones del Puesto de Mando Avanzado del operativo de la lucha contra incendios de la zona, 1.500 hectáreas calcinadas.

La carretera está flanqueada por troncos calcinados y la pendiente, desnuda, exhibe la tierra ennegrecida y rota. El verde se ha vuelto gris, y el silencio, por la ausencia de fauna, solo se rompe con el zumbido lejano de helicópteros, hidroaviones y bulldozers de los equipos forestales. Apenas queda rastro del entorno que, durante años, recibió millones procedentes de distintas y diversas fuentes políticas. «De qué sirve todo lo que dicen destinar a la protección y conservación, si luego dejan que ardamos», dice un vecino a EL MUNDO. Ha subido para contemplar, con la misma incredulidad que rabia, cómo el fuego ha devorado su negocio. A unos escasos metros de él, un cartel presume: «Recuperación del Canal Romano CN-2 entre Peñalba y Las Médulas como ruta de interés turístico. Duración 01/2024-01/2025. Inversión: 832.310,26¤. Ayuda UE: 582.617,18¤». En total, 1.414.927,44 euros que, si alguna vez llegaron a la tierra que prometían salvaguardar, hoy son solo polvo y ceniza.

Una furgoneta calcinada en una finca arrasada por el fuego.
Una furgoneta calcinada en una finca arrasada por el fuego.

Esa inversión es un ejemplo entre las partidas económicas destinadas a un territorio que carece siquiera de un plan integral de gestión para evitar catástrofes . Lo advierten estos días expertos en la zona, como el arqueólogo Javier Sánchez-Palencia. Sin ir más lejos, a comienzos de 2025, el Patronato de la Fundación Las Médulas -presidido por el director general de Patrimonio Cultural de la Junta de Castilla y León, Juan Carlos Prieto- anunciaba casi medio millón de euros (458.000, un 84% más que el ejercicio anterior) para financiar proyectos arqueológicos, investigaciones, conservación o campañas de marketing.

«Ya no es sólo el fuego, llevan años dejándonos morir lentamente», continúa este mismo vecino que no quiere identificarse por miedo a represalias o señalamientos, aunque su testimonio coincide con la mayoría de habitantes de la zona. «Una persona hace un cortafuegos para proteger su casa o sus tierras y cómo una autoridad le vea le denuncian», afirma. Y es que, sin autorización, las multas pueden superar los 100.000 euros, según la Ley 43/2003, de 21 de noviembre, de Montes. Un riesgo que se atreven a correr porque, en esta esquina de la provincia, la supervivencia no siempre cabe en la normativa. Algo que se entiende con los datos de la Consejería de Economía y Hacienda de la Junta: en 2024, el motor que tiró con fuerza fue el sector agrario y ganadero, creciendo un 11,2% tras la fragilidad de dos años de sequía.

La importancia del trabajo de la tierra se veía antes y después de las llamas. Donde había surcos labrados, caballos en los montes y colmenares, ahora solo quedan esqueletos de tractores, viejas furgonetas Citröen 2CV Au retorcidas (como la de la imagen), y clavos huérfanos en el suelo, sin la madera que protegía los cultivos. «¿Quién nos va a devolver esto? ¿Cómo nos vamos a recomponer? Y a ver si no quedamos tocados de la cabeza», señala este vecino quién tendrá que esperar, en el mejor de los casos, tres meses para llevar su negocio a otro asentamiento.

Al cierre de esta edición, en el este, un frente de llamas baja hacia Voces; en la cara norte, en un terreno casi inaccesible, otro foco más complicado obliga a jornadas de más de doce horas. Aquí todos conocen las trampas del fuego, pero nadie entiende cómo el corazón de Las Médulas se ha librado. Solo un flanco muestra la huella negra; el resto, un fondo espeso de matorrales y bosques, sigue intacto. Un milagro improbable que, con otro viento, habría ardido.