ESPAÑA
No se enfade

El asesinato que los definió y los define

"ETA quiso pulverizar los símbolos que José Luis López de Lacalle encarnaba: la libertad de expresión, la voz crítica con el nacionalismo, el desmontaje del mito de la ETA antifascista y la gran mentira abertzale"

Un ertzaina, junto al cadáver de José Luis López de Lacalle.
Un ertzaina, junto al cadáver de José Luis López de Lacalle.JUSTY GARCÍA
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«Claro que pueden atentar contra nosotros, pero no creo que nos maten: matar a un escritor es siempre un punto sin retorno, es la eutanasia política del credo del sicario. Desengáñate: el mesianismo integrista no repara en tales nimiedades. Bueno, tampoco uno va a arrodillarse porque le amenacen con pegarle un tiro, ¿no?».

José Luis López de Lacalle se equivocaba cuando le dijo esto a su amigo el novelista Raúl Guerra Garrido. Hoy hace 25 años, cinco días después de publicar su última columna en EL MUNDO del País Vasco, ETA lo mató a tiros junto a su casa. Su crimen fue una síntesis perfecta del nacionalismo vasco radical: el 7 de mayo de 2000 ETA no solo le quitó la vida al marido de Mari Paz y al padre de Alain y Aitziber, sino que quiso pulverizar los cuatro símbolos que él encarnaba.

Primero, la libertad de prensa y de expresión. Porque López de Lacalle escribía con una valentía asombrosa y con una vocación pluralista insobornable, como se aprecia en la icónica fotografía de su asesinato: su cadáver sobre el suelo de Andoáin junto a un paraguas abierto y los ocho periódicos que acababa de comprar esa mañana. Incluido el de sus asesinos, el Gara.

«Escribo desde un pueblo de Guipúzcoa. No me rodea, precisamente, un ambiente de normalidad. En las paredes abundan las amenazas. La calle es de unos: otros viven atemorizados». (3-10-1999)

Segundo, ETA quiso eliminar a una voz crítica con el nacionalismo. Porque López de Lacalle denunciaba a la organización terrorista y a sus subordinados políticos, pero también al PNV de Xabier Arzalluz, entonces embarcado con Herri Batasuna en el fatídico Pacto de Lizarra.

«El PNV ha puesto las cosas difíciles a quienes se empeñan en defenderlo, a quienes aún le siguen dominando, sin reparos, nacionalismo democrático». (18-01-2000)

Tercero, José Luis era la prueba viviente que desmontaba el mito, ahora revitalizado, de la ETA antifascista. Porque Franco lo encarceló por comunista y la banda lo mató por demócrata.

Cuarto, ETA quiso aplastar la movilización de la sociedad civil aplastando al Foro Ermua, aquel grupo heroico que dignificó a una sociedad que basculaba entre el miedo atroz y la indiferencia gélida.

Hay un quinto punto que nos lleva hasta hoy: el asesinato de López de Lacalle retrata la gran mentira de la izquierda abertzale. A su mando, sin haber pronunciado nada parecido a una condena, sigue el mismo Arnaldo Otegi que hace 25 años dio estudiadísimas explicaciones sobre el crimen en un vídeo que debería verse en los institutos. «ETA», dijo Otegi en la tele, ponía «encima de la mesa el papel de determinados medios de comunicación» en «el conflicto entre Euskal Herria y el Estado». Felizmente ya no matan, pero nada en Bildu contradice la esencia de aquellas palabras.

«Dícese que HB es un partido legal. En efecto. También lo es el de Le Pen y los de los neonazis que tienen representación en parlamentos alemanes». (24-06-1998)

Escribía amenazado, pero en sus columnas no hay sentimentalismo ni afectación. Solo ideas, coraje. Releerlas es constatar que en medio de aquel infierno moral hubo algunos gigantes nobles que no se arrodillaron.

Gracias, eskerrik asko, José Luis López de Lacalle.