Tres factores condenan a la provincia de Cádiz a un desempleo estructural de difícil disolución: una baja densidad de empresas (23 puntos menor que la media de España), un porcentaje de población activa superior a la media y, sobre todo, una elevada tolerancia a la economía sumergida, convertida en refugio salvador para miles de familias en contextos de crisis, pero también en una auténtica losa cuando se desborda y acaba frenando el potencial económico y social del entorno en el que se desenvuelve. Los empresarios de Cádiz creen que hay muchos estereotipos vinculados a la idiosincrasia gaditana, y reivindican cómo la provincia con más paro de España empieza por fin a estrechar la brecha en algunos parámetros que tienen que ver con la capacidad para atraer inversión o el volumen de exportaciones. Pero avisan: "La economía sumergida nos sepulta".
"Tenemos más personas en edad de trabajar que la media de España y tenemos menos empresas ofreciendo trabajo", apunta al respecto Javier Sánchez Rojas, presidente de la Confederación de Empresarios de Cádiz (CEC). Es una ecuación imposible de resolver que, además, encuentra un entorno propicio para la economía informal por razones sociológicas, culturales e incluso geográficas.
Actualmente Cádiz cuenta con 75.000 unidades empresariales, 10.000 más que en 2008, cuando arrancó la gran crisis financiera. Y ha experimentado un fuerte incremento de autónomos. El reto ahora es crecer en número y también en tamaño. La densidad empresarial en Cádiz, el número de empresas por cada mil habitantes, es de 48,9 puntos, siendo en Andalucía del 60,9 y en España de 72,4.
A nivel andaluz, la provincia tiene el mayor porcentaje de población en centros urbanos, un 59,4%, y una edad media relativamente joven, lo que sin duda es un buen dato en una sociedad mundial cada vez más envejecida. Pero esa circunstancia tiene un impacto negativo en términos de empleo, porque hay más personas dispuestas para una oferta limitada de puestos de trabajo. En cuanto a la economía sumergida, se calcula que las arcas públicas dejan de ingresar del orden de 1.500 millones de euros cada año en la provincia como consecuencia de la actividad económica que se desarrolla sin cotizaciones a la Seguridad Social y sin pagar impuestos. "Es la mayor competencia desleal con que nos encontramos quienes intentamos hacer las cosas de acuerdo con las normas", explica Sánchez Rojas.
La provincia de Cádiz registró en el primer trimestre de 2024 una tasa de paro del 24,29%, 6,3 puntos más que la media andaluza. Y, sin embargo, lo que está hoy por hoy frenando el crecimiento económico es la falta de mano de obra, y no sólo en sectores estratégicos de alta cualificación, como la que se va a necesitar en los próximos años en torno a la industria del hidrógeno verde, que tiene en Cádiz uno de sus principales vértices. También para puestos de trabajo en el sector terciario que requieren igualmente de "aptitud" y "actitud" para el empleo.
Hace dos años, la Asociación de Hosteleros de Cádiz se dirigió a la Subdelegación del Gobierno para pedir soluciones a la falta de personal. Cada verano se quedan sin cubrir en la provincia del orden de entre 5.000 y 7.000 empleos en este sector. Los hosteleros pedían un plan para importar trabajadores de las escuelas de hostelería del norte de Marruecos. "Hablamos de inmigración ordenada y con contratos de trabajo", recuerda el presidente de la patronal. Pero enseguida estalló la polémica y desde los sindicatos se señaló a los empresarios como responsables de la situación, por los bajos salarios o las condiciones horarias del sector. El Gobierno respondió a esa llamada de los empresarios recordando que mientras haya demandantes de empleo con el mismo perfil que busca el empresario no es posible activar contigentes de trabajadores extranjeros como los que cada año llegan a Huelva para la recogida de los frutos rojos.
Ingenieros o temporeros, el caso es que la falta de mano de obra no es un problema exclusivo de Cádiz o de España. De hecho, también lo es en Alemania. Pero allí no se da la paradoja, como aquí, de que la carencia de mano de obra coincide en el espacio y el tiempo con elevadas cifras de desempleo.
Los empresarios subrayan a este respecto la falta de coordinación histórica entre las políticas de educación y el mercado de trabajo, aunque la formación profesional y la universidad se están poniendo las pilas en los últimos años para adaptar su catálogo de títulos, apostando por la formación dual en las mismas empresas que más tarde van a emplear a esos alumnos.
"Necesitamos 20.000 empresas más en Cádiz para absorber el paro, pero necesitamos también campañas de educación que muestren cómo la economía sumergida es hoy una barrera para el crecimiento económico y social de la provincia", explica Sánchez Rojas. "Estamos en un entorno geográfico y social donde sobrevivir desde la economía sumergida es más fácil que en el entorno de una gran ciudad" Sobre todo si, además, se cobra algún tipo de prestación, añade.
"Un adolescente de Cádiz (y también del resto de España) que decide presentarse a unas oposiciones recibe el aplauso de su familia pero, si dice que necesita 3.000 euros para montar un negocio, entonces ya no encuentra tanto apoyo. Hay que crear un sistema amigable para la iniciativa empresarial", reclama el presidente de los empresarios.
Combatir la cultura tolerante con la economía sumergida no resulta fácil, por otro lado, en una sociedad que ha convertido el estereotipo y la autoparodia en protagonistas de su manifestación cultural más popular: el carnaval. El parado de larga duración con tripita cervecera y aversión al esfuerzo es uno de los tipos más recurrentes de las composiciones carnavaleras. El Carnaval de Cádiz es, por otro lado, el evento que más riqueza deja en la ciudad, con unos 20 millones de euros de impacto económico. También hay mitos en torno a la economía de la fiesta, como el que la señala como un campo de cultivo de la economía sumergida, por la cantidad de trabajo artesano que genera de forma estacional. Quienes conocen las entrañas de la fiesta saben que ésta se ha construido desde la precariedad pero reconocen que cada vez hay ya un mayor nivel de profesionalización.
Miguel Villanueva ha sido presidente de la asociación de autores del Carnaval de Cádiz hasta el pasado mes de mayo y sabe de qué habla. "Todos los años me llega algún ingreso, aunque menor, de la Sociedad General de Autores de España (SGAE) y casi siempre procede de la ETB vasca. Allí sí hay mucho más rigor con la gestión de los derechos que en otra comunidades". "En Cádiz hay artistas por todos lados. Pero profesionales que puedan vivir de su trabajo para el Carnaval son cuatro", explica. "Es un sector sin herramientas para la profesionalización y que depende de mucho voluntarismo, de mucho trabajo que no se paga, como ocurre también con la Semana Santa de Sevilla", añade Villanueva.
Sánchez Rojas vuelve con los estereotipos para recordar que cuando se habla, por ejemplo, de absentismo laboral, Andalucía no está ni de lejos en los puestos de cabeza. Sí lo están las comunidades del norte como Asturias o País Vasco. "Pero es cierto que no hemos sabido combatir cierta imagen que no se corresponde con la realidad". En los últimos años, insiste para desterrar esos tópicos, estamos asistiendo a un crecimiento del número de empresas y del volumen de inversión. "Estamos siendo destino de inversiones millonarias en el sector turístico y en el desarrollo inmobiliario para responder, por ejemplo, a la carencia de vivienda; y estamos creciendo en número de autónomos. Crece también el volumen de exportaciones. Andalucía empieza a ser reconocida fuera en el sector de la ingeniería o en la logística", apunta.
Y, pese a todo, los empresarios desconfían de análisis triunfalistas como el de Pedro Sánchez, que habla de un horizonte de pleno empleo. "Cómo vamos a ser optimistas si somos una provincia al sur del sur, en la que el primer puerto de España, que es el de Algeciras, aún está peleando por tener una conexión de ferrocarril electrificado. Tampoco podemos ser optimistas con un aeropuerto, el de Jerez, que tiene menos vuelos que nunca o después de haber perdido calidad y cantidad en las conexiones ferroviarias con la Meseta. Ir de Algeciras a Madrid es hoy una aventura. Lo que ocurre en Cádiz es también fruto de una falta de equidad endémica en dotación de servicios públicos básicos. Qué cifras daría el puerto de Algeciras, si tuviera las conexiones que requiere", se pregunta de forma retórica. "Allí donde más recursos públicos se vuelcan habrá siempre mejores resultados económicos y sociales", concluye.
El de Cádiz es quizás el caso más paradigmático de las dificultades de España con el empleo, y de la contradicción con la voluntad del Gobierno actual con el "pleno empleo", aún verbalizada hace tres semanas -al igual que a su llegada al cargo en febrero pasado- por el ministro de Economía, Carlos Cuerpo. Ayer mismo llegó el dato del peor julio de la serie histórica, y el segundo hasta la fecha con números rojos, con un retroceso de 9.783 afiliados a la Seguridad Social sobre un total de 21,38 millones de trabajadores en activo.
Además España sigue liderando Europa en desempleo juvenil, con un incombustible 25%.




