ESPAÑA

La Fiscalía vincula el aumento de violaciones con el porno: "Se está produciendo un caldo de cultivo en menores"

¿Por qué, cuando hay más campañas y denuncias, se disparan las agresiones? "Nadie les dice a los jóvenes que lo que ven no es la sexualidad real"

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La niña de 11 años que fue violada en noviembre en los lavabos del centro comercial Màgic de Badalona no contó nada de lo que había sucedido hasta que, un mes después, su hermano dijo en casa que circulaba un vídeo por el instituto donde se recogía la agresión sexual. «Hay unos tíos que están reventando a tu hermana», le avisaron sus compañeros. Lo que no deja de extrañar a los investigadores, aunque cada vez lo ven con más frecuencia, es que los seis agresores, menores de edad, se grabaran cometiendo la violación. También hubo vídeos en La Manada...

«Nos llama mucho la atención que los agresores se graben y lo publiquen, que es lo que nos permite a nosotros obtener las pruebas. Es su deseo por conseguir likes lo que finalmente hace que acaben siendo responsables del delito. Parece que lo que más les importa es que se sepa. Mi conclusión es que se ha modificado la escala de valores: el respeto a los demás está por detrás de su interés por estar en el candelero». Lo dice Eduardo Esteban, fiscal jefe de Menores, sorprendido también «por la terminología que emplean los imputados» al declarar: «Hablan utilizando las mismas palabras que se usan en las películas porno».

Fiscales, jueces y policías están «muy preocupados» por el incremento de las violaciones. Según los últimos datos del Ministerio del Interior, las agresiones sexuales con penetración registradas como «hechos delictivos conocidos» en 2022 por las Fuerzas de Seguridad han aumentado un 34% en un año y han crecido un 54% respecto a 2019, antes de la pandemia. Los 2.870 casos son una cifra pequeña si se compara con las de los países de nuestro entorno, pero fuentes de Interior advierten de que «hay más datos ocultos que conocidos» porque la mayoría de agresiones no se denuncia. Aun así, el Ministerio ve que este incremento «debe ponerse, en parte, en relación con las activas políticas de concienciación y de reducción de la tolerancia, lo que se traduce en una mayor disposición de la víctimas a denunciar y reduce los niveles de infradenuncia».

Los expertos consultados no creen que detrás de esta mayor disposición a denunciar esté la ley de sólo sí es sí, una norma nacida en respuesta a La Manada que, paradójicamente, ha beneficiado a más de 700 delincuentes sexuales. Si acaso, «puede haber tenido un efecto llamada porque, al estar constantemente hablando de rebajas de penas, puede haberse transmitido a los agresores mayor sensación de impunidad», en palabras de la abogada Yolanda Besteiro, presidenta de la Federación de Mujeres de Progresistas.

Lo que fiscales, jueces y policías ven más bien es que cada vez los casos los protagonizan más jóvenes (el 14% de las sentencias condenatorias corresponden a menores) y que no sólo se denuncia más, sino que se cometen más violaciones por parte de esta franja de edad, que es la que más se ha disparado, hasta un 60%. ¿Por qué?

La Fiscalía General del Estado, en su última memoria anual, hace una asociación clara: «Las cifras de causas iniciadas son elocuentes y las explicaciones de los [fiscales] delegados se mueven en parecidas líneas. Sin incurrir en moralismo alguno, se alerta contra la despreocupación y banalidad con que se afrontan las relaciones sexuales entre adolescentes. Se sigue haciendo hincapié en los comportamientos altamente sexualizados a edades muy tempranas. Este inicio precoz se vincula, fundamentalmente, al acceso a la pornografía en dispositivos móviles desde edades impúberes».

«La pornografía es uno de los factores criminógenos, es decir, ayuda a cometer el delito», avisa Esteban, que sostiene que «se está produciendo un caldo de cultivo en menores para las agresiones sexuales por el completo acceso que tienen a la tecnología y por la falta de educación afectivo-sexual, que suplen ellos mismos acudiendo a la pornografía». «Nadie les dice que lo que ven no es la sexualidad real», recalca.

Incestos y violencia de género


La abogada Besteiro constata que cada vez recibe «más denuncias de agresiones sexuales, especialmente grupales, que sufren chicas más jóvenes, de 10, 11 o 12 años». «Nos cuentan que, si no se prestan a los deseos y tipos de la sexualidad imperante, se sienten rechazadas. Ellas lo que quieren es agradar a los chicos y ser aceptadas por el grupo. Las chicas también ven porno y ya todo les parece normal. A la que no accede la llaman estrecha», indica. Y describe «una sociedad hipersexualizada», alentada por la «inmediatez» de las redes, «donde todos saben lo que hacer para lograr seguidores y likes».

Recuerda que cada vez hay más blanqueamientos de ano y las cirugías genitales se han multiplicado por siete en el último lustro, según la Sociedad Española de Cirugía Plástica. Su portavoz, la cirujana Concepción Lorca, confirma que «la industria del porno está haciendo que se extienda un canon de belleza en el que no sobresalen los labios menores y no hay pelo, y por eso ha aumentado también la depilación».

La memoria de la Fiscalía apunta que se han producido un incremento de enfermedades de transmisión sexual y de embarazos no deseados entre los adolescentes madrileños y también se observa en varias regiones un aumento de los delitos sexuales incestuosos, de hermanos contra hermanas o de hijos contra madres, a cuyo crecimiento «puede estar contribuyendo ese aprendizaje desviado» de la sexualidad.

María Jesús López Chacón, que dirige el juzgado especializado en violencia de género en Madrid, ha detectado asimismo que «hay más casos de violencia de género en el ámbito de los adolescentes y que, a pesar de las campañas de concienciación que existen y de que la sociedad está mejor formada, las chicas consienten y normalizan cosas intolerables».

«A partir del caso de La Manada, en 2016, cambió el discurso y, a nivel judicial y policial, han mejorado los protocolos y hay más coordinación entre las fuerzas de seguridad, además de ponerse el foco en el agresor en vez de en la víctima», expresa Lucía Avilés, magistrada del Juzgado de lo Penal número 2 de Mataró (Barcelona) y experta en violencia de género, que también ve «una pornificación de los contactos sexuales» sobre todo después de la pandemia, «donde hubo un incremento en el acceso a la pornografía».

El sociólogo Lluis Ballester habla de un crecimiento de más del 20% en el consumo de pornografía durante el confinamiento por el Covid, propiciado por que plataformas como Pornhub dieron gratis sus contenidos premium. «En el porno muy rápidamente se pasa a visualizar violencias porque los consumidores dicen que se 'aburren' viendo sexo convencional. Eso tiene un impacto sobre la conducta, porque se produce una desconexión de la empatía que lleva a normalizar la violencia sexual», explica este profesor de Métodos de Investigación de la Universidad de Baleares, uno de los mayores expertos en pornografía de España.

«La pornografía normaliza la violencia e influye en el desarrollo afectivo de los menores», dice Jorge Gutiérrez, director de la ONG Dale una vuelta, que ayuda a los consumidores abusivos. «La intervención de las neuronas espejo explica por qué la violencia sexual se está extendiendo a velocidad récord entre adolescentes y adultos: el 90% de los vídeos tienen violencia verbal o sexual y el cerebro aprende a imitar esos comportamientos. En la adolescencia, el córtex prefrontal, encargado del uso de la razón, la voluntad, el discernimiento o las normas, no está del todo formado, lo que hace que el cerebro absorba con facilidad la narrativa pornográfica. Además, se acentúa la descarga de dopamina. Con el tiempo, el cerebro puede confundir y asemejar emociones fuertes, como la culpa, el disgusto, la vergüenza o el miedo, con la excitación sexual».

Un metaanálisis publicado en Journal of Health and Communications (Hendrick, A., 2021) concluye que los consumidores de pornografía tienen más probabilidades de incorporar los mitos de la violación. También un estudio respaldado por el Centro de Investigación Biomédica en Red afirma que la probabilidad de llevar a cabo una agresión sexual es 2,4 veces mayor en los consumidores de pornografía que entre los que no la consumen.

La magistrada Avilés propone endurecer los controles para que los menores no puedan ver este tipo de contenidos, ya que «acceden desde los nueve años, cuando las familias aún no tienen conciencia de la necesidad de educarlos en la sexualidad y cuando el daño está hecho». «Debería haber una respuesta unitaria para limitar el uso y el abuso. Todos debemos vernos concernidos: padres, educadores y toda la sociedad», afirma, por su parte, el fiscal Esteban, que cree que «no puede ser tan difícil prohibir usar móviles en los colegios», una decisión que ahora queda a decisión de cada centro. Otras fuentes judiciales hablan incluso de exigir un DNI para entrar en las páginas porno... Y todos los expertos coinciden en que «hay que dar más educación afectivo-sexual a los jóvenes».

El nuevo currículo de la Ley Celaá ha puesto estos contenidos en varias asignaturas, sobre todo en la de Valores, pero el pedagogo Gregorio Luri avisa de que hay «una relación causal entre el constante estímulo del deseo sexual y la búsqueda ciega de su satisfacción»: «En nuestra sociedad, el estímulo sexual es el estímulo comercial más básico y bombardeamos constantemente a los menores con las bondades del deseo, al tiempo que creemos que la escuela es la llave para solucionar todos los males sociales».

Gutiérrez recuerda que «la violencia tiene más que ver con la formación que con la información, con el estilo de vida y los valores de cada uno más que con una asignatura en el colegio o una campaña del Gobierno». «La educación está en las redes, en la televisión, en las canciones... Y, sobre todo, en casa. Hay que hablar más de asertividad, de respeto y de empatía que de identidad. Hay que esforzarse como sociedad en una formación global, y los padres tienen que dar un paso al frente, mientras que los centros educativos deben apoyar y colaborar con las familias», añade.

Los nuevos patrones

1. En grupo. Donde más crecen las violaciones es en los menores. «Se graban para emular el porno, la hazaña se consuma al exhibirse» (Ballester) y lo hacen en grupo «para reforzar su actitud y tener testigos» (Esteban).

2. Conocidos. «Las violaciones se cometen por próximos a la víctima: parejas, amigos, vecinos, compañeros de trabajo o de piso...», afirma Interior. «No suelen ser extraños y hay un conocimiento previo» (Esteban).

3. En público. Las últimas violaciones fueron de día (a las 13.00 en Badalona, a las 16.00 en un súper de Alicante...). ¿Por qué en baños de centros comerciales? Besteiro: «Imitan las series, donde se tiene sexo en los baños».

4. Redes sociales. El 22% de mujeres que quedó por aplicaciones de citas como Tinder sufrió agresión sexual. La violaciones telemáticas autoinducidas a menores, por adultos que los chantajean, también se disparan.

Fuente: Balance de Criminalidad del Ministerio del Interior, Memoria de la Fiscalía General del Estado, Instituto Nacional de Estadística, Informe de la ONG Save the Children: (Des)Información sexual: Pornografía y adolescencia e Informe de la Fundación Barrié: Adolescencia, Tecnología, Salud y Convivencia

Información: Olga R. Sanmartín y Elsa Martín

Gráficos: Elsa Martín y Alberto Hernández

Dirección de arte: María González Manteca y Josetxu L. Piñeiro

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