No hubo un tema ganador en el debate a nueve organizado por RTVE a tres días de las elecciones europeas de este domingo 9 de junio. Teresa Ribera (PSOE) lanzó su ataque desde el arranque, mencionando a la "ultraderecha" 13 veces durante sus tres minutos de intervención en el primer bloque, pero el demarraje se quedó a mitad de camino. Le salieron al corte "Israel", "Gaza", "Netanyahu", "Palestina", "genocidio", "Hamas" y sus variantes, mencionadas 37 veces en total. Las mismas 37 que "Ucrania", "Rusia" o "Putin". Salomónico empate para un guirigay repetitivo y menos "decisivo" de lo que auguraba la publicidad de la televisión pública.
Pero sí hubo sorpresas. Por ejemplo, que la palabra "fango" se mencionó sólo cinco veces, y ninguna de ellas por parte del PSOE. Sí lo hizo una vez Oihane Agirregoitia, cabeza de lista de la coalición del PNV y Coalición Canaria. "Me van a permitir que no entre al fango", dijo, antes de leer una intervención sobre PERTEs y Fondos Feder. Casi aislada del debate, en el que no confrontó con nadie, fue capaz de esquivar absolutamente todos los charcos. Incluso el palestino, al que sólo se refirió de pasada antes de reclamar "hablar de seguridad de una forma holística". Ahí quedó eso.
Las katiuskas las traía puestas de casa Irene Montero, que se impuso en decibelios y protagonismo a Estrella Galán (Sumar). Ataviada con pañuelo palestino buscó pelea con Teresa Ribera, a la que consiguió poner nerviosa preguntándole en varias ocasiones si consideraba un "genocidio" la actuación de Israel en Gaza. La candidata del PSOE esquivó el asalto con una huida abrupta: "No quiero contestar a esto". Cinco minutos después de empezar, Podemos ya tenía su debate hecho mientras Sumar hablaba del CGPJ.
Hubo mucha guerra en el plató de TVE. Se habló de búnkeres, de soldados en cajas, de misiles nucleares, de las playas de Normandía, de Neville Chamberlain, de Winston Churchill. Hubo guerra de Montero con Ribera, de Montero con Jorge Buxadé (Vox), de Galán con Buxadé ("Ha habido dos intentos de asesinato en Madrid, por cierto a gente suya", dijo la candidata de Sumar al de Vox hablando sobre seguridad, sin que quedara muy claro dónde recaía la carga del argumento o del reproche), de Buxadé con Dolors Montserrat (PP), de Dolors Montserrat con Jordi Cañas (Ciudadanos), de Jordi Cañas con Irene Montero, de Jordi Cañas con Diana Riba (ERC) y de Jordi Cañas con Xabier Fortes, el moderador del debate, que de tanto martillear con los tiempos y los cronómetros acabó hablando más que algunos candidatos.
Esas batallas pasaron de puntillas sobre la amnistía, mencionada 11 veces en todo el debate. Seis veces por el PP, cuatro por Junts y una por Ciudadanos. También se ignoró bastante a Begoña Gómez, a la que se refirió cuatro veces Ciudadanos, dos veces el PP y una el PSOE, con Teresa Ribera enterrando las investigaciones del juzgado y de la Fiscalía Europea como "una denuncia falsa de un sindicato ultraderechista".
TAYLOR SWIFT Y "MANSPLAINING"
Fuera del previsible 'bingo' del debate, se colaron en los argumentos Taylor Swift, a la que la candidata de ERC acusó de contaminar mucho con su avión privado; y el "mansplaining", que el tándem Podemos-ERC le lanzó a la cara al sorprendido candidato de Ciudadanos. "¿Qué es eso?", se sobresaltó Cañas. "En el descanso lo buscas", le retaron Montero y Riba. Nunca más se supo del tema.
El cuerpo a cuerpo entre el eurodiputado de Ciudadanos y la ex ministra de Podemos, que tenía un sabor añejo en pleno junio de 2024, dejó sin embargo los momentos más recordados de la noche. Por ejemplo, cuando Cañas acusó a Montero de promover "un pensamiento Disney, que en realidad es un pensamiento Putin" al pretender que la invasión rusa en Ucrania se detenga por arte de magia, aprovechando el aniversario del Día D para recordar el coste de ganar la libertad frente a los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Fue el único balón que la expeditiva candidata de Podemos dejó sin despejar.
También estaba en el debate Aleix Sarri en representación de Junts. Sólo utilizó el catalán. La traducción simultánea contribuyó al desmadre para el espectador: cuando se pisaba con algún otro candidato, de las pantallas emergía un galimatías ininteligible que mezclaba los gritos de un candidato, del otro y, por encima, la voz en off. "Cuando negocian fuera de aquí no usan el pinganillo", terció Dolors Montserrat, que batalló con todos e incluso lo intentó (sin éxito) con la imperturbable representante del PNV, que no recurrió al euskera, quizá porque también es candidata de Coalición Canaria.
Hubo pocos fuegos artificiales más allá de las palabras. Sólo Jorge Buxadé sacó un cartelón durante el debate: "El casoplón de Puigdemont", dijo enseñando una foto del ex presidente catalán en Waterloo. Por su parte, Teresa Ribera optó por la mímica y ponía caras cuando hablaban la candidata del PP y el cabeza de lista de Vox. Su actitud la dejó clara ella misma, cuando tras un intercambio del resto de candidatos sobre Hamas, Putin y los partidos antisistema, sentenció: "Todo esto es muy interesante, pero lo que nos jugamos es el ascenso de la ultraderecha".
No coincidió con ella Estrella Galán, que ya hacia el final del multitudinario duelo dijo que lo que se juega el domingo es "la fuerza del Gobierno". Quizá por estar en la posición más débil, y pese a ser Sumar a quien menos conviene esa lectura, fue la única que se atrevió a ir tan lejos.

