MACROECONOMÍA
Competitividad

España se opone a dar marcha atrás en la descarbonización o en derechos laborales en pro de la competitividad

Pedro Sánchez manda una carta con diez propuestas al presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, y Antonio Costa, presidente del Consejo Europeo
Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, y Antonio Costa, presidente del Consejo EuropeoGeert Vanden Wijngaert
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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha enviado a Antonio Costa, presidente del Consejo Europeo, un documento de ocho páginas con su fórmula para fomentar la competitividad europeoa, que es contraria en muchos aspectos a la de algunas potencias europeas, ya que se opone a dar marcha atrás en la descarbonización de la economía o en la conquista de derechos sociales.

"La competitividad no puede perseguirse a expensas de nuestro modelo social. Sin competitividad, nuestros ciudadanos sufrirán, pero si la competitividad se construye sobre la erosión social, no perdurará. No debemos aceptar la simplificación y la desregulación de las normas laborales y la protección social, que son, y deben seguir siendo, un sello distintitivo de nuestro modelo económico", concluye el texto, al que ha tenido acceso EL MUNDO.

El presidente articula su propuesta en torno a 10 ejes. El primero de ello es la simplificación, que en su opinión no debe hacerse por la vía de la desregulación sino de la integración, que considera que "se está estancando". "La profundización del mercado único sigue siendo la forma má eficaz de simplificar y reducir los costes, pero el debate sobre la competitividad corre el riesgo de reducirse a la desregulación", advierte.

En segundo lugar señala la descarbonización, ya que cree que hay que avanzar en la agenda verde en lugar de "diluirla". "La alternativa a la energía verde no sólo supondría un retorno al pasado tecnológico, sino que nos condenaría a una dependencia permanente de terceros para nuestra seguridad energética", asegura. "La transición ecológica sólo tendrá éxito si evitamos enviar señales contradictorias a los inversores".

El tercer punto es el capital humano y el cuarto, la cohesión social. Lanza la advertencia de que "el rápido despliegue de la inteligencia artifical corre el riesgo de agravar la desigualdad y deteriorar las condiciones de trabajo" y pide "condiciones laborales justas".

"Una agenda de competitividad con base social también requiere una fiscalidad justa y unas capacidades fiscales más sólidas. La lucha contra la evasión y el fraude fiscales es fundamental para preservar la confianza en los Estados del Bienestar y salvaguardar la base fiscal para la inversión a largo plazo".

A continuación apuesta por la inversión pública en bienes europeos, por desbloquear la inversión a gran escala, fortalecer la soberanía financiera, promover una economía abierta a nivel comercial, implementar una política industrial "inteligente" y fomentar la tecnología digital y la innovación.

"El liderazgo requiere equilibrar la urgencia con la estrategia a largo plazo. El fortalecimiento de la competitividad y la autonomía estratégica implicará concesiones: la profundización del mercado único, el avance de la transición ecológica y la aplicación de la política industrial exigen decisiones difíciles, también a nivel nacional. Pero el coste de la fragmentación, la parálisis o el retroceso continuados sería mucho mayor. El futuro de Europa no reside en la renacionalización ni en el desmantelamiento de nuestro acerco común", reivindica.

Además, pide que se permita adoptar un enfoque "de varias velocidades", que permita a los estados más ambiciosos avanzar más.