La Casa Blanca reconvirtió una vieja iglesia de Davos frente al Centro de Congresos para montar ahí su cuartel general en el Foro Económico Mundial . Simboliza así lo que realmente buscaban Donald Trump y su equipo: adoctrinar sobre un nuevo capitalismo encerrado en cada nación. No fue solo el presidente de EEUU, sino incluso miembros de su equipo que pasan por ser más moderados, los que sorprendieron a la élite empresarial y financiera mundial por su visión cada vez más cáustica y despectiva sobre la Unión Europea, a la que consideran torpe, equivocada y en declive. Un ejemplo fue el secretario del Tesoro, Scott Bessent que confesaba a sus interlocutores las quejas que recibe, incluso de industriales europeos, sobre la burocracia en Europa. "Hay uno que crea mucho empleo en la UE que me confesó que tardó tres días en ser recibido por mí y en la Casa Blanca, pero que con Von der Leyen tiene que esperar 90 días", desveló Bessent. "La UE asegura que hay que quitar burocracia para fomentar la economía, pero, en realidad, la sube", dijo en uno de los paneles del Foro sobre el plan Draghi.
El secretario de Comercio, Howard Lutnick, mantuvo tensos encuentros incluso en cenas que, como las organizadas por el presidente de BlackRock, Larry Fink, suelen transcurrir en un ambiente cortés y elitista. La presidenta del BCE, Christine Lagarde, fue de las que no lo soportó y se fue antes de tiempo.
"¿Por qué los europeos se fijan objetivos medioambientales sin producir ni una batería? ¡Ni una batería! ¡Europa se somete a China, que es la que hace las baterías!", se burló el provocador responsable de Comercio en una de las sesiones. Bessent desveló también conversaciones con los gigantes tecnológicos estadounidenses, que le hacen esta afirmación: "Los de las Big Tech me dicen que es más fácil hacer negocios en China que en Europa, que ya es decir". No están faltas de fundamento más de una crítica trumpista a los errores europeos, pero tienen matices suficientes como para que sea admisible este maltrato aliado. Menos aún tras escándalos internos en los propios EEUU como el de Minneapolis.
El escarnio a Europa puede tener su ángulo positivo, según un ministro de Economía de la UE consultado por este diario. "Si tanto dicen que Europa va tan mal es porque les preocupa su fuerza. Centrar Davos en Europa no es tan malo como parece", incide. El presidente francés, Emmanuel Macron, está convencido de que el llamado "mecanismo anticoerción", que cerraría la puerta de Europa a muchas firmas de Wall Street sí tendría impacto en la Casa Blanca, pero "lo loco", como dice el francés, es que haya que estar hablando de esto con un aliado.
Lutwick escribió en Financial Times que las fuertes declaraciones que hicieron no fueron un calentón: "Estamos aquí en Davos para dejar las cosas claras. Con el presidente Trump el capitalismo tiene un nuevo sheriff en el pueblo". No obstante, sostiene que quiere cooperar y tener buenas relaciones comerciales con los países europeos, pero sí adoptan su ideario. "Creemos que la economía global es más fuerte cuando las naciones son fuertes individualmente. Los países que invierten en su propia gente se convierten en mejores socios comerciales, mientras que aquellos que dependen de fantasías globalistas y eluden sus responsabilidades generan inestabilidad", dice Lutwick.
El Foro de Davos ha defendido la globalización y la liberalización comercial como un motor de prosperidad para todo tipo de economías por la interrelación que genera entre ellas, pero el secretario de Comercio de EEUU pone una lápida: "Durante décadas, a los países se les dijo que solo existía un modelo aceptable. Se les obligó a depender de las cadenas de suministro globales y a confiar, de manera ingenua, en que las instituciones internacionales los respaldarían. Es un modelo fallido. Al rechazar una globalización de talla única y promover la fortaleza de las naciones, hemos demostrado que la prosperidad comienza en casa".
El viaje de este fin de semana de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, a la India es una señal de que la UE sigue en sentido contrario, más globalización e intento de creación de una nueva zona de libre comercio colosal con el gigante asiático de 2.000 millones de personas. Por tanto, el debate sobre cómo será el nuevo orden mundial no ha hecho más que empezar, pero urgen respuestas. "Desde la caída del Muro de Berlín, se ha creado más riqueza que en cualquier otro período de la historia, pero en las economías avanzadas esa riqueza se ha concentrado en una parte mucho más reducida de personas de lo que cualquier sociedad sana puede sostener a largo plazo", admitió Fink, que no niega que la inteligencia artificial, con todas sus virtudes, puede ser otro fracaso social peligroso.
Este Davos ha marcado un antes y un después en la historia del capitalismo mundial en su reto interminable de que funcione para toda la sociedad, no solo para una élite. La cooperación internacional, en vez de la mofa, es una receta saludable.

