MACROECONOMÍA
¡No doy crédito!

Pagar por no faltar al trabajo

Pagar por no faltar al trabajo
Lucía Martín
Actualizado

Les cuento la historia de una industria alicantina que refleja como pocas el cambio de paradigma laboral que vive la sociedad española. La empresa, como tantas de esa zona hace cincuenta años, pagaba una ayuda de material escolar para los trabajadores que inmigraban, principalmente, de Andalucía y Castilla-La Mancha con sus familias numerosas. Hace tiempo que dejó de hacerlo. Hay menos niños y la situación de las familias a las que da empleo ha mejorado mucho. Sin embargo, sí que tiene establecido un plus antiabsentismo en el convenio colectivo: sólo lo cobran aquellas personas que no falten más de tres veces al trabajo.
La compañía compite con decenas de proveedores nacionales e internacionales para suministrar componentes muy específicos a las grandes fábricas del automóvil. Para ello llevan invirtiendo una parte muy significativa de sus beneficios en investigación y desarrollo. Es, en ese aspecto, un modelo de transformación en un sector que ha dejado un reguero de cadáveres. Lo único que no podría asumir es la impuntualidad en la entrega de un pedido, algo que se puede producir si faltan trabajadores en puestos clave.
Pagar por no faltar al trabajo podría parecer descabellado a principios de siglo, pero no después de la pandemia. Las incapacidades temporales hacen que casi un millón y medio de personas no acudan cada día a trabajar. Las bajas han crecido un 87,5% desde el Covid y España, en donde no era un fenómeno acusado, ha superado al resto de países europeos excepto a Francia. Con el agravante de que le dobla en paro. Batimos récords de empleo, pero el envejecimiento y las enfermedades aparejadas a él están multiplicando las bajas. Con todo, las patologías que más crecen son las relacionadas con la salud mental.
La tendencia es generalizada, pero en algunas partes del país la situación es dramática. El País Vasco es el líder en absentismo laboral con una media un 41% superior a la del resto de España. La composición de su economía, con mucho peso en la gran industria y el transporte, explica parte del problema. Pero los expertos también responsabilizan a la inflexibilidad de los sindicatos locales y a la cultura antiempresa que impregna las relaciones laborales dictada por la izquierda abertzale.
¿Qué ha sucedido en España para que el absentismo sea el gran problema laboral de la década? Posiblemente, se trate de un fenómeno multifactorial y no haya suficientes datos para saberlo. Pero el impacto en la competitividad es duro y no parece que la reducción de jornada sea la mayor prioridad para impulsar la economía.