MACROECONOMÍA
¡No doy crédito!

Armas fuera de balance

Armas fuera de balance
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La Comisión Europea estudia permitir que los Estados miembros puedan gastar miles de millones en rearmarse sin ser penalizados por exceso de deuda o de déficit. Se trataría de reactivar la cláusula de escape de las reglas fiscales de la crisis del Covid 19. Este tipo de excepciones se aplican también ante otros fenómenos inesperados, como pudieran ser las ayudas para los afectados por la dana de Valencia. Son salvaguardas para situaciones extraordinarias y conducen a una acumulación más o menos ordenada de pasivos. Sucede que estamos entrando en una fase de la historia en la que todo es excepcional, o al menos eso nos parece, por lo que existe el peligro de que la pelota de deuda crezca al ritmo que decrece la responsabilidad por adquirirla.

Cuando estalló la crisis financiera, supervisores y reguladores comenzaron a recelar de las operaciones que se contabilizaban al margen de los balances de las multinacionales. Muchas compañías, sobre todo financieras, habían dejado fuera de sus estados contables determinadas actividades que no formaban parte del corazón de su negocio y se las habían endosado a filiales y participadas. Sus balances no recogían ni esos activos ni el apalancamiento en el que incurrían para financiarlos. Los números de las empresas lucían saneados, mientras los riesgos se acumulaban fuera de ellos. La falta de capital y de patrimonio afloró cuando llegó la recesión.

Convertir en regla la excepción de superar los límites el endeudamiento tiene inconvenientes parecidos a dejar determinados pasivos y riesgos fuera del balance. Si se aplica con cuidado puede ser beneficioso para hacer más digerible a la ciudadanía el coste extraordinario y evitar que la indignación lleve al Gobierno a un populista. Pero la falta de una imagen fiel de los ingresos y gastos de un país puede dilatar las reformas y disparar el riesgo moral.

El caso de la inversión en armamento es muy sintomático, ya que, estrictamente, no responde a una situación extraordinaria. Ésta se produjo hace ya tres años, cuando Putin comenzó a acumular tropas en la frontera con Ucrania para, poco después, lanzar una invasión a gran escala. Nada se ha hecho hasta que el principal financiador de la defensa europea, Estados Unidos, ha exigido que sus socios paguen una parte más onerosa del pastel. El coste de la paz de la UE estaba fuera de balance.

No se sabe si la solución más acertada pasará por la excepción en las reglas fiscales o la emisión de deuda conjunta. Pero lo que sería un error es que el ciudadano de la Unión creyera que defenderse de un tirano sale gratis.