El último año fue excepcionalmente bueno para muchas familias catalanas. Y, de entre todas, para la familia Puig. «2024 fue un año histórico, en el que celebramos nuestro 110 aniversario y nos convertimos en una empresa cotizada», dijo hace escasos días Marc Puig Guasch, presidente de Puig Brands y coartífice de su estreno bursátil. Los Puig, 14 primos de la tercera generación, se reparten uno de los grandes tesoros empresariales catalanes, que va más allá de la nueva firma del Ibex, desde sus participaciones en Colonial y Fluidra y una rama inmobiliaria a sus longevas alianzas con los Esteve en Isdin (50%) y los Domínguez en Sociedad Textil Lonia (25%) y Adolfo Domínguez (14%).
La salida a bolsa de Puig redimensiona su patrimonio y le catapulta del puesto 21 al 6 de la lista de los más ricos de España, desde donde le disputa a la familia Daurella -quinta- el cetro de mayor fortuna catalana. Las dos comparten hoja de ruta.
La tercera generación al frente de Cobega y sus embotelladoras de Coca-Cola optó por un salto en cuatro fases: primero, una megafusión con las envasadoras ibéricas; luego, con las de Europa Occidental y, finalmente, tras salir a Bolsa, con la compra de las envasadoras para Indonesia, Australia y Filipinas. A ellas, suma otra embotelladora en África que surte a 13 países. En cinco años, el patrimonio de Sol Daurella y sus 10 primos ha crecido un 70% hasta casi 9.400 millones, 300 más que los Puig.
Salir a Bolsa no es el deporte favorito de las empresas familiares catalanas. No obstante, Puig, Daurella y las tres familias dueñas de Fluidra -Planes, Garrigós y Serra-, que calcaron la estrategia de estos últimos, lo hicieron con éxito y abonan un camino que pueden tomar otros.
Quien no se atrevió a dar paso el pasado mes de noviembre fue la familia barcelonesa Gallés Gabarró, dueña de Europastry, la mayor panificadora europea. Tras dos intentos en cinco meses, en octubre de 2024 aparcó definitivamente su intención de salir Bolsa. Valorada en 1.570 millones, los inversores no respondían a su envite. Los Gallés buscaban obtener 550 millones para dar salida a su socio, el fondo MCH, y aminorar su deuda. Como Puig, llegó a contar con el apoyo de CriteriaCaixa, matriz de CaixaBank.
Puig, Daurella y los socios de Fluidra muestran el camino a otras sagas sobre cómo abordar el relevo generacional
Los Gallés, fundadores y dueños del 76% de Europastry (5.344 empleados y 22 fábricas), han intentado sin éxito salir a cotizar desde 1998 pero, sin importales su relación de amor-odio con la Bolsa, por su accionariado han pasado numerosos fondos e inversores: MCH, AB Asesores-Dinamia, Ibersuizas, Inveralia, Fingalicia, Banco Sabadell, el holding Agrolimen y el empresario cárnico José Vall Palou. Todos ganaron dinero.
Evitar la guerra
¿Cómo salvar una empresa familiar de una guerra intestina entre primos? Para los Puig, salir a Bolsa tenía, según sus directivos, el doble objetivo de fortalecer el capital de la firma de belleza y anticiparse al relevo generacional. Blindar el futuro. Así, la familia conserva el 71,7% pero el control casi total (92,66%) de los derechos políticos. Por otro lado, las cuatro ramas coinciden (de forma desigual) en el capital de Exea Empresarial SL, que ostenta el 51% del imperio Puig.
Otro 41% de Puig está en poder de las sociedades suizas Exea Ventures SA y Puig SA, con sede en Friburgo, y se desconoce en qué porcentaje se reparten entre la familia. Desde Suiza, también controlan su participación en Colonial y el resto de las inversiones inmobiliarias. Una malla societaria deriva los dividendos a las sociedades personales de cada uno de los primos.
Y aunque, según afirmó el pasado verano Marc Puig, su presidente, "ninguna rama de la familia quiere vender", uno de los 14 primos, su hermana Ana Puig Guasch, no figura en ninguna sociedad vinculada al grupo ni en el capital de la empresa común de los hermanos, Consilium SL, principal accionista de Puig. Según el Registro Mercantil británico, reside en Chile. "Dentro de diez años diremos si ha sido o no una buena decisión", afirmó Marc Puig en noviembre de 2024.
Los otros tapados catalanes
Cataluña es la región que condensa más empresas familiares de gran volumen. A diferencia de otras comunidades, como sucede en Murcia o la Comunidad Valenciana, donde no pocas empresas familiares optan sin dudar por la venta a fondos de inversión, en Cataluña persisten aún en las mismas manos.
Muchas de ellas hicieron con éxito la transición a la segunda e incluso a la tercera generación sin vender o abrir su capital o sentir pulsión por la Bolsa, de forma que se desconoce su valor de mercado. Agrolimen, Werfen, Roca, Vall Companys, Epsa Internacional, Simón, Tous, Soler&Palau, Hipra y ahora Mango acumulan altas plusvalías fuera del examen del mercado. ¿Aguantarán?
Vall Companys, Soler& Palau, Roca, Agrolimen, Werfen y Epsa, los otros ‘gigantes’ familiares catalanes
Un claro ejemplo de ese valor latente es el gigante cárnico Vall Companys. Controlado por tres hermanos hiperalérgicos a los focos, Oscar, Meritxell y José Vall Esquerda, la cárnica ha doblado su negocio en cinco años hasta unas ventas récord de 4.148 millones de euros (2023). Gestiona cada año la producción de cinco millones de cerdos y 160 millones de pollos, produce las crías, opera mataderos y plantas de despiece y fabrica pienso, harinas y fármacos. Y, por volumen negocio, es la mayor empresa de agroindustrial española.
Ante el descenso del consumo de carne en Europa, Vall Companys está echando el resto en Latinoamérica, aliándose con poderosas familias del sector -Ponce Secada (Perú), Urgal (Uruguay), Lozano Torres (México), Master Agroindustrial (Brasil) y Guzmán (Colombia)- a las que ha comprado parte de sus compañías. Con ellas busca llevar a América su sistema de producción verticalizada, un modelo donde sólo la cría de animales -y con ellos el consumo de agua y la generación de residuos- queda en manos de los granjeros que trabajan para ellos. Seguirá por Chile y, en África, empezará por Angola. Los tres hermanos, de los que no hay fotos públicas, controlan la cárnica a través de Inversions Fenec SL, que en los últimos cinco años les ha repartido 205 millones vía dividendos.
El vórtice de L'Hospitalet
En L' Hospitalet, a escasos metros de la sede de Puig, opera otro gigante del sector alimentario que vuela tan alto como la gran cárnica ilerdense. Agrolimen, dueña de Gallina Blanca, Avecrem, Yatekomo, Jumbo, Ultima y Advance, lleva varios años por encima de la barrera de los 2.000 millones de euros (2.391 millones en 2023), donde sólo el 17% de su negocio está en España y el 30% se sitúa en África. Sus dueños, tres hermanos y tres hermanas Carulla Font, todos ya retirados de la primera fila, y una tercera generación con 17 primos que practican, aunque no tanto como los Valls, el arte de la discreción.
Agrolimen fue valorada de forma interna en 2023 en casi 3.800 millones de euros, tras la venta del 16,6% de la sociedad familiar Merimare Inversiones SL a la propia corporación, por 611 millones. Hasta 2024, Merimare estaba administrada por miembros de cada una de las ramas de la familia Carulla y ha sido la fórmula elegida por la familia para hacer líquido parte de su imperio.
Como los Puig y los Daurella, los Carulla controlaron durante años el capital de Agrolimen desde fuera de España. Según Hacienda, sus dos patrimoniales en Países Bajos componían una red compleja creada para la elusión fiscal, con ramificaciones en Costa Rica, EEUU (Delaware) y Suiza. Acabaron repatriándolas.
Como si de un círculo mágico se tratara, un crómlech empresarial, en la Plaza de Europa de L'Hospitalet, la misma que aloja a Agrolimen y Puig, está también la sede de Werfen Group. Los hermanos Jordi, Josep Lluís, Marc y Xavier Rubiralta Giralt se quedaron con el 100% de Werfen en 2006, cuando su padre y su tío, Josep María y Francesc Rubiralta Vilaseca, el tándem más rico de Cataluña, separaron sus negocios. Sus primos, los Rubiralta Rubió, heredaron Celsa, la mayor siderúrgica catalana.
Con el estallido de la burbuja inmobiliaria, Celsa devino en un gigante con pies de barro y cayó en manos de sus acreedores y los fondos oportunistas. Hoy se vende a retales. Mientras tanto, Werfen, especializado en sistemas de diagnóstico, se ha destapado como una de las grandes corporaciones catalanas. El grupo está valorado internamente en 6.233 millones (2022) y los cuatro hermanos, nacidos entre 1973 y 1983, no han hecho ademán de abrir su capital.
Ni falta que les hace. En el último lustro, Werfen ha duplicado su tamaño a base de adquisiciones: Tem (Alemania), Accriva (EEUU) y finalmente Immucor, por la que en 2023 pagó 1.900 millones de dólares. Immucor tiene su sede en Georgia (EEUU) y completa la actividad de Werfen en el campo del diagnóstico in vitro de transfusiones y trasplantes. Con Immucor, Werfen amplía su plantilla hasta 6.504 personas. Hace una década, los hermanos se repartieron 276 millones y crearon sus propias sociedades de inversión y una cartera enorme inmobiliaria. Jordi Rubiralta, además, es socio de Fluidra (2,9%).
otro camino
No todas las empresas catalanas están cortadas por el mismo molde. Los hermanos Lao vendieron a Blackstone sus casinos, tragaperras y negocios de apuestas, Cirsa y Conei. Los primos Ferrero se partieron Nutrexpa en dos y los hermanos Costafreda colocaron Panrico a Apax.
En el sector de la distribución, Caprabo acabó en manos de Eroski; Miquel Alimentació, en las de la china Bright Foods; Condis, en las del fondo Portobello, y tres empresas italianas compraron Lácer, Gaes, y, mucho antes, Chupa-Chups.
Hace dos meses, la firma de joyas Tous recuperó el 100% del capital tras la salida de su socio suizo. Las hermanas Tous han decidido caminar solas y descartan salir a Bolsa. No hay libro de instrucciones, pero sí un patrón de éxito, al menos en Cataluña, donde las mayores empresas han conseguido que los primos no rompan la baraja.



