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Lidiando con la ansiedad de la IA

Cómo contener el miedo a la IA en la oficina: "Si no te forman, piensas que eres sustituible"

Hay estudios que dicen que más del 50% de los trabajadores teme por su empleo por la IA. Los expertos aconsejan a las empresas ser transparentes y formar a sus empleados para aliviar la llamada "ansiedad de la IA"

Cómo contener 
el miedo a la IA 
en la oficina:
 "Si no te forman, piensas que  eres sustituible"
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Existe una coletilla que se extiende después de una broma o un comentario en las cafeterías, comedores y salas de reuniones de todo el mundo: "Aquí estaremos, al menos hasta que la IA nos quite el trabajo", "a ver si la IA se da prisa y salgo de aquí pronto"... La variedad es infinita, pero encierra una verdad sobre lo arraigada que está entre las plantillas la idea de que la adopción de la inteligencia artificial desencadenará recortes de empleos, especialmente en el mundo de las oficinas y los trabajadores del denominado cuello blanco.

De acuerdo a un estudio de EY en Europa, un 42% de los trabajadores creen que su empleo puede estar en peligro por esta tecnología. Se trata de uno de los muchos estudios que apuntalan el creciente fenómeno de la "ansiedad de la IA", el miedo a que esta tecnología llegue para suplantar al trabajador. El contexto alimenta este miedo. En poco más de un mes, se han anunciado olas de miles de despidos en Amazon (14.000 salidas, 1.200 de ellas en España), HP (entre 4.000 y 6.000), Verizon (13.000) e incluso el propio ERE de Telefónica, con 6.000 salidas sobre la mesa; se han relacionado en parte con la irrupción de la IA y los cambios que acarreará la regulación.

Y pese a este carrusel de salidas, en el mundo de la empresa y la tecnología conviven varias visiones: la que considera inevitable que siga habiendo despidos y espera un aumento de esta ansiedad entre la plantilla, frente a otra más optimista, que apunta a que incluso los trabajadores ven el potencial de la IA como tecnología y creen que puede ser positiva para su carrera como una suerte de copiloto.

Sara Álvarez, directora de talento del Grupo Adecco, explica cómo en su compañía han pasado de estar entre las primeras a encabezar el vagón del optimismo. "Hace un par de años veíamos que con la IA iban a desvanecerse muchos empleados, pero ahora lo vemos como una evolución y una herramienta útil de apoyo, un agente más colaborativo. Ahorra tiempo, genera eficiencia y aporta valor", señala.

El informe anual sobre el futuro del trabajo de la compañía a nivel global apuntala la tesis de Álvarez. Según el texto, España es de los países más positivos respecto a la IA, hasta el punto de que el 82% de los trabajadores cree que esta tecnología está generando más empleos, frente a solo un 22% que anticipa un desplazamiento laboral.

La socia responsable de People Analytics & Inteligencia Artificial en People Consulting de EY, María Manso, reconoce la existencia de estas incertidumbres, pero matiza que estas transiciones o transformaciones de puestos de trabajo tampoco se están viviendo aún a gran escala. De hecho, señala que si bien cree que puede haber cambios, de momento, las empresas que están reimaginando sus procesos también están manteniendo su estructura de personal.

"Actualmente no está habiendo esa transición tan rápida de personas para reestructurar los equipos. La realidad es que suelen ser los mismos equipos los que se quedan supervisando los procesos nuevos", apunta.

Ligado a esto, el profesor de Esade Esteve Almirall, autor del libro Qué hacer cuando todo cambia (Planeta) donde analiza cómo reaccionar a la irrupción de la IA, subraya que en cada país los cambios tecnológicos se afrontan de una forma u otra por cuestiones culturales. "Hay una parte de la adopción que es muy cultural. Hay zonas del mundo donde el cambio se ve con mucha precaución. Asia es muy pragmática. En Europa es diferente", remacha.

Para Almirall, la revolución de la IA generará una reducción de personal en muchas empresas y también frenará la creación de nuevos empleos. El experto pone el ejemplo de Amazon: "Quiere doblar ventas para 2030. Para eso, antes se necesitarían miles de empleados y ahora no solo no van a contratarlos, sino que están despidiendo gente".

Con todo, para Almirall no hay otra alternativa que adoptar la IA. "Nadie puede vivir sin Internet, ni smartphone. Esto es igual, es una tecnología genérica y es inevitable. Al final solo quedan los que se han adaptado o los que están muertos", apunta el profesor universitario.

El escenario actual. Ahora bien, ¿qué significa adoptar la inteligencia artificial? Y, sobre todo, ¿cómo hacerlo sin meter miedo al empleado? Son dos de las preguntas que más se repiten en los despachos de las grandes corporaciones.

Para hacerse una idea del escenario español, uno puede escoger casi cualquier cifra de entre una ola de informes sobre utilización de la IA. Entre ellos, Microsoft ha destacado a España como el sexto país del mundo con más adopción a nivel de usuario, pero es una conclusión general, no específica del ámbito corporativo. "Las personas van mucho más rápidos con la IA que las organizaciones", confirma Almirall.

También hay dos datos importantes que arrojan las últimas encuestas del INE, del primer trimestre de 2025. El primero es el ratio de adopción de soluciones de IA por parte de las empresas. Según el instituto, el 21,4% la utiliza, una de cada cinco, un porcentaje que cae en las pymes de menos de diez empleados al 17,89%, pero que se dispara al 58,24% en las grandes compañías.

Curiosamente, la cifra de trabajadores que asegura usar la IA para labores profesionales (17,9%) es inferior al número de empresas que dicen lo mismo, un dato aún más llamativo si se tiene en cuenta que las corporaciones con más empleados usan más IA. La diferencia más acusada dentro de las plantillas la marca la edad. Un 30,7% de las personas de 25 a 33 años la usa en su trabajo, frente al 10,1% de entre 55 y 64 años.

"No es lo mismo una micropyme que una pequeña empresa o una gran organización. En cada caso, los retos pueden ser muy diferentes", señala Justo Hidalgo, director de Inteligencia Artificial de Adigital, asociación que, además de integrar a decenas de tecnológicas y startups, lidera programas para pymes y sus CEO en América Latina y el Caribe a través de IAmericas y DigitalXBorder.

"Esto nos permite tener una visión realista de la situación", apunta Hidalgo, que reconoce que los cambios que supone introducir la IA pueden traer consecuencias de distintos tipos. "La resistencia al cambio, tanto directiva como de plantilla, es un obstáculo habitual, especialmente en sectores menos digitalizados", remarca el directivo, quien enfatiza que incluso sus asociados (más tecnológicos) han tenido que acometer transformaciones para integrar a todos los niveles esta tecnología.

FORMACIÓN Y TRANSPARENCIA

Todas las voces consultadas para este reportaje coinciden en que las dos cuestiones clave para los directivos a la hora de abordar la llegada de la IA a una empresa son la formación y la transparencia, todavía más en un entorno donde los profesionales formados en la materia son tan escasos.

"La IA no es un requisito fuera del sector tecnológico. Buscamos por competencias. Si tienes competencias como el aprendizaje, hay una perspectiva de que podrás aprender a usarla", señala desde Adecco Sara Álvarez.

"Los empleados solicitan información. Como empresas tenemos que explicar en qué entornos de seguridad estamos trabajando, ser responsables y muy transparentes. Las empresas tenemos que integrar todo y llevar un acompañamiento de cambio cultural", subraya la directiva que señala que los estudios muestran que la formación en IA y su uso ayuda por ejemplo a la autoestima de los empleados, que pueden resolver más dudas por sí mismos, en vez de recurrir a otros compañeros.

En Adigital, Hidalgo apunta a tres etapas para el éxito a la hora de implementar esta tecnología. Una primera centrada en la productividad del empleado y enseñarle a usar los chatbots; la segunda de "productividad grupal", donde se introducen herramientas que automatizan procesos; y una tercera donde se abordan desarrollos más profundos. "Integrar estos principios desde el primer momento es una ventaja competitiva que genera confianza tanto interna como externamente", subraya el directivo de la asociación.

Y cuando se habla de formación, ¿qué se necesita? "Las empresas nos están pidiendo que sean prácticas. Hay mucha formación que no aterriza nada. Te habla de todas las herramientas que hay en el mercado, que si Copilot, Gemini..., pero lo que se echa de menos es ver cómo lo aplico yo en mi día a día", señala María Cabeza, directora de Empresas de la compañía de formación Adams, que subraya que no todo el personal de una empresa necesita las mismas herramientas en su día a día.

Por sus cursos pasan profesionales de todo tipo, algunos de sectores ya afectados como la traducción y reconoce las preguntas de incertidumbre de los alumnos. "En estos procesos, cuanta más formación y acompañamiento se dé a los trabajadores mejor. Se genera más confianza. Si ves que no te están formando en algo de lo que todo el mundo habla piensas que eres sustituible", señala.

Sobre esta brecha alerta también Manso. La socia de EY explica que, para ella, lo primero es encontrar los "puntos de dolor" de las entidades y ver qué tecnologías sirven para repensarlos, pero ve un elemento donde puede haber una brecha en las plantillas: "Puede haber un sesgo entre las personas que reciben esas herramientas y las personas a las que no se les dan en su puesto de trabajo, porque en estos puestos que tienen sentido, que no son todos, hay unas productividades más altas (...) y, claro, el rendimiento destaca", apunta.

En esta línea, Manso subraya que cada empresa tiene una estrategia. Desde las que comienzan de forma gradual, o incluso las que están limitadas en el uso de esta tecnología por riesgos regulatorios, a aquellas más valientes que persiguen una adopción general.

La clave, señalan expertos como Almirall, es que ese uso general se centre más en generar valor y no solo en la eficacia. En ese sentido, voces como Manso y Cabeza refrendan la necesidad de reforzar los programas de reskilling, ya que además se trata de una tecnología que está en permanente evolución.

En este sentido, desde Adams, Cabeza remarca una de las preguntas que más reciben al terminar los cursos y que resume bien el escenario creado por la ansiedad de la IA. "Nos preguntan si con esta formación es suficiente o tienen que seguir formándose", reconoce para luego resumir un consejo general. "En las empresas más transparentes notamos que el clima es mejor", subraya, a la espera de que el futuro nos indique la futura receta para la convivencia de los puestos de trabajo en una revolución que acaba de empezar. "Esta es la primera ola, pero queda la segunda, la de la movilidad con los coches autónomos y la tercera, la robótica, que avanza mucho más rápido de lo que creíamos", vaticina Almirall.