El grafiti no ha muerto; sólo se ha transformado. Ahora hace bricolaje, que en redes sociales se vende mejor como craft and hobby. Y la imagen de los artistas callejeros vandalizando una pared en la noche o corriendo para huir de la policía tras estampar su firma en el vagón de un metro queda cada vez más en la memoria urbana. En redes sociales los grafiteros presumen de su trabajo; las grandes ciudades disponen murales para dar rienda suelta a este arte, y localidades como Penellés (Lleida) acogen festivales artísticos para celebrar lo que, en ocasiones, sigue siendo una herramienta vandálica.
Testigo de esta evolución del arte callejero es Montana Colors. Esta empresa catalana surgió en 1994 de las manos de Jordi Rubio y Miquel Galea, que detectaron un auge en la compra de los esprays de jardinería... para hacer arte "en esa Barcelona posolímpica, supercreativa, efervescente, donde había llegado gente de todo el mundo gracias a las Olimpiadas", explica Olga Fuertes, directora general de la empresa desde 2021.
El negocio que empezó vendiendo a artistas locales y a los que llegaban de otros países en sus vehículos para cargar el maletero de esprays catalanes hoy es referente, a nivel mundial, en la tecnología en el aerosol. Exportan sus esprays a 80 países, y su facturación en 2024 fue de 55 millones de euros. En los últimos cinco años sus ventas han aumentado un 54,93%, y también ha crecido su plantilla, hasta los 308 empleados.
Pero sin perder la esencia, recalca Fuertes: pese a que su punto de venta principal es el canal online, siguen apostando por las tiendas físicas. Por "filosofía", explica: "Queremos mantener la conexión con el usuario. Cualquier persona que entre a la compañía, trabaja mínimo un día en nuestras tiendas, entendiendo al cliente, antes de pasar a cualquier otro punto de la empresa". Un cliente que, además, es difícil de capturar: el nuevo artista joven "se va moviendo más de disciplina o del hobby que le interesa" que antes, "perdura menos en las cosas y son multidisciplinares". Y mientras, "el grafiti no deja de ser un hobby muy pasional que te atrapa, y que a veces incluso se convierte en trabajo. Pero, como todo mercado, se transforma".
Como Montana Colors: manteniendo el grafiti como eje principal de su actividad, amplían su catálogo a otros sectores más allá de las bellas artes (donde comercializan barniz para cuadros o laca fijadora). El artístico sigue siendo su principal mercado (55% de las ventas) mientras siguen desarrollando líneas de productos en los segmentos de bricolaje y decoración. Y recientemente se han unido al cuidado del automóvil, un hobby con fuerte demanda en Reino Unido.
Fabricar arte
"El aerosol es un complemento para el usuario, pero para el artista es su herramienta principal", explica Fuertes. Para ellos continúan perfeccionando la técnica y desarrollo de un producto duradero, que deje un buen acabado en la obra y resista al tiempo y al clima. Este era el producto diferencial que originó Montana Colors, con la meta de ofrecer en aerosoles una paleta de colores amplia, y con un secado rápido.
Mientras cuidan al artista, estiran el aerosol a los demás mercados. Entre sus estrategias se encuentra la división de Private Label, con la que desarrollan y fabrican esprays, utilizando su propia tecnología, pero a demanda de terceros dentro de sectores como la construcción o la industria.
Y entre sus últimos retos, que no son pocos en un mercado señalado por el aspecto cultural (el asiático, por ejemplo, aún se resiste al grafiti) y donde expandirse no es sencillo, también se encuentra extender el uso de su "tecnología en agua". La fórmula, con mayor presencia de agua frente a otros componentes en el líquido del espray, reduce el impacto medioambiental. Montana Colors acaba de extenderlo a la línea para bricolaje, pero Fuertes reconoce que aún "queda mucho por conquistar".
Porque, mientras tanto, el arte sigue evolucionando.

