Los tipos de interés han bajado otra vez. Los titulares pueden llevar a pensar que, simplemente, es una rebaja más. Lo que ha ocurrido, sin embargo, tiene bastante más enjundia. Explicar en la universidad o a usted que el BCE tiene una "ventana principal de refinanciación" al tipo principal de su política monetaria es complicado. En teoría, esa opción es la que utilizan los bancos para tomar liquidez del banco central y luego prestar a hogares y empresas, tomando como referencia ese tipo de interés. En la práctica, esa posibilidad apenas es utilizada.
Las estadísticas lo demuestran: los bancos de la eurozona tenían tomados en julio (último dato disponible) 5.792 millones de euros en esas operaciones principales de financiación. Esto es casi nada comparado con los 4,47 billones de euros obtenidos por la venta al banco central de deuda o los 83.911millones de euros de financiación extraordinaria a largo plazo. Estos mecanismos de liquidez "fuera del manual" fueron parte de aquella expansión cuantitativa extraordinaria para salir de la crisis financiera, primero, y salvar al euro, después. Sucedió para estabilizar los mercados e intentar controlar la inflación, pero provocó no pocas disfunciones posoperatorias.
Aquellos movimientos cambiaron las reglas del juego, haciendo que la facilidad de depósito -el tipo que el BCE paga a los bancos por depositar en él su exceso de liquidez- se convirtiera en el tipo de interés más importante. Los bancos dejaron de necesitar acudir la ventana principal del BCE para conseguir financiación, ya que podían prestarse entre ellos a un coste más bajo y, si no, depositar su liquidez en el banco central.
Esto ha cambiado. El BCE implementa desde ahora un nuevo marco operativo, reduciendo el diferencial entre los distintos tipos de interés y, en particular, acercando más el tipo principal al de la facilidad de depósito. ¿Para qué? Para hacer que las operaciones principales de financiación (las del manual) sean más atractivas para los bancos y devolver al BCE su capacidad de influir directamente en los tipos de interés del mercado. En lenguaje llano, ha sido el tipo de la facilidad de depósito el que ha bajado un 0,25% para colocarse en el 3,90%. Las nuevas reglas hacen que el tipo principal de referencia (el que siempre sale en prensa) haya bajado un 0,6%, del 4,25% al 3,65%. Es decir, que la bajada ha sido más que considerable. Si los bancos vuelven a utilizar la "ventana principal", el BCE podrá controlar mejor los tipos de corto plazo, reduciendo la volatilidad y estabilizando las condiciones de financiación en la eurozona.
Este ejercicio de vuelta al "manual clásico" de política monetaria es, en realidad, mucho más que un ajuste técnico. Se trata de un intento deliberado de normalizar la política monetaria, alejándose de las herramientas extraordinarias que definieron la última década, como las compras masivas de bonos. Estas herramientas siguen disponibles, aunque en retirada progresiva, y el BCE quiere que su principal instrumento vuelva a ser su tipo de refinanciación. Para los consumidores, este último ajuste de tipos podría significar un alivio progresivo en las hipotecas a tipo variable, aunque los efectos no serán inmediatos. Los mercados ya han descontado en gran medida el recorte y el Euribor -el índice de referencia para muchas hipotecas- refleja este movimiento. Sin embargo, esto tarda algo en verse en el coste de los préstamos.
Si la maniobra funciona, podrán recuperarse aquellas páginas importantes de los libros de texto y, así, podríamos estar presenciando el principio del fin de una era de intervenciones masivas y el regreso de una política monetaria más predecible y estable. Este mundo no deja de sorprendernos, no obstante, y siempre existe la posibilidad de devolver el manual al cajón.
Francisco Rodríguez Fernández es catedrático de Economía de la Universidad de Granada y economista sénior de Funcas

