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Calvera, el rey español de las hidrogeneras: "Los que ahora hablan del bluf del hidrógeno son los que inflaron las expectativas porque era el oro negro"

La empresa convirtió la logística del gas verde en el eje del negocio familiar en 2003, antes de que la UE allanara el camino, hoy duplican ingresos y están en el radar de los grandes inversores

Rafael Calvera, presidente de Calvera.
Rafael Calvera, presidente de Calvera.Toni Galán
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Pocos saben que el germen de la industria nacional del hidrógeno se plantó en tierras mañas en los años 80, cuando la zaragozana Calvera Hydrogen, empresa familiar que nació como una fábrica de soldaduras de alta presión, comenzó a explorar la tecnología que ahora gana enteros para convertirse en la fuente inagotable de energía limpia del futuro.

Lo que empezó casi como un ensayo alrededor de una tecnología en vías de desarrollo se convirtió en 2003 en la columna vertebral del negocio de Grupo Calvera. Hoy su cartera de clientes incluye a Repsol, BP o Shell, gigantes que componen la cara visible de la que ya es la apuesta estrella de la Unión Europea para descarbonizar las economías de los Veintisiete.

La compañía aragonesa trabaja entre bambalinas. Diseña y fabrica todos los equipos necesarios para cubrir por completo la cadena logística del gas verde, desde que la molécula de combustible sale del horno hasta que llega al cliente final, armando desde el equivalente renovable de los camiones cisterna, hasta las estaciones de servicio, las llamadas hidrogeneras.

"En 2020 facturamos 9 millones de euros, ahora estamos en 22 millones, más del doble en cuatro años", destaca Rafael Calvera, presidente de la compañía y miembro de la tercera generación familiar. Sabe que ahora recogen el fruto de los años en los que remaron a contracorriente y que la clave para no perder pie es la innovación.

De las sillas de las oficinas centrales del grupo cuelgan más chalecos reflectantes que chaquetas de traje. "Somos muy industriales, pero hay mucho desarrollo detrás", enfatiza. Con una plantilla de casi 120 trabajadores fijos, cuentan con un equipo de 40 ingenieros cuyo trabajo diario es el hidrógeno, "todos son I+D porque aquí no hay nada de producción masiva y continua, hay que estar recalculando, dimensionando y diseñando cosas nuevas permanentemente, pendientes de las novedades del mercado".

Las tres olas del hidrógeno

"El gran boom del hidrógeno llegó en 2020, no hemos trabajado más en nuestra vida, muchísimas empresas querían entrar en el sector", recuerda. "Ese despegue de los tres últimos años ha dado mucha más fuerza al sector, pero al mismo tiempo se han generado unas expectativas que no eran reales porque el hidrógeno está creciendo al ritmo que crece su tecnología. Es imposible materializar algo que no se ha inventado todavía", matiza.

Esa fiebre ha sido especialmente agresiva en España que "se tiró a la piscina". Como botón de muestra, el empresario apunta que cuando Europa convocó iniciativas de hidrógeno en el marco de los Fondos Next Generation, Alemania presentó proyectos por seis gigavatios (GW), Francia por cinco, Italia por ocho, mientras que España lo hizo por más de 70 GW.

"Hemos visto caer muchas empresas en las distintas olas que han marcado a la industria del hidrógeno. Como dice un amigo, esto es como el cuento de Los tres cerditos, primero murieron aquellas compañías que tenían la casa de paja, ahora hemos pasado a la prueba de la madera... falta la de verdad, la del cemento, que es la que se está iniciando en este momento y la que va a decidir quién va a continuar de verdad en este mercado", insiste.

Con todo, se resiste a hablar de burbuja. "Abogados, juristas, economistas empiezan a manejar leyes, crear contratos, hacer bien los números y eso significa que el hidrógeno está mucho más cerca de la sociedad de lo que lo estaba hace unos años. Esto es imparable. Lo cierto es que los que hoy hablan de bluf son los que inflaron las expectativas porque se pensaron que esto era el oro negro", denuncia.

Pese a la carrera empresarial del hidrógeno, Calvera no niega que persiste cierto desconocimiento y hasta cierto desinterés entre el gran público. ¿El problema es el precio? "Cuando empiece a venderse en grandes volúmenes empezará a bajar el precio. Ahora mismo el gran impulsor de este mercado es la movilidad, que es la que puede pagar mejor el hidrógeno porque el coste de hacer 100 kilómetros con gasolina es prácticamente igual a recorrerlos con hidrógeno".

Por el contrario, expone el empresario, "la industria tiene la alternativa del gas, mucho más barato". Sin embargo, en 2023 en España apenas se vendieron 21 vehículos de pila de hidrógeno, según la patronal de fabricantes Anfac. El problema, según el directivo, no es el coste, sino que no hay hidrogeneras.

España debe instalar más de 70 de estas infraestructuras para 2030 por mandato europeo, "ahora tendremos ocho o nueve funcionando". "He oído en foros que España no tiene capacidad industrial para construirlas, el que lo dijo no debía de conocernos porque nosotros solos ya tenemos esa capacidad. Vamos a triplicar la producción, tenemos capacidad tecnológica y personal. Esto es un problema de inversión y de decisión de emprendedores de verdad".

La empresa arrastra un largo historial de decisiones arriesgadas. La última, ampliar sus instalaciones con una planta de 30.000 metros cuadrados frente a su cuartel general en el polígono de El Sabinar (Épila) para acoger a los 250 empleados con los que espera contar para 2026. "Esto es una apuesta, no podemos parar. Podríamos esperar hasta tener más visibilidad, pero entonces perderíamos oportunidades que están ya en Europa. Si no respondemos al mercado, vendrá otro y nos comerá la tostada", asegura.

En el discurso de Calvera no falta cierto reproche a la clase empresarial. "Es triste que hayan llegado subvenciones del 30 o el 40% del capex a empresas que se están echando atrás. Nos quejamos de que el Gobierno ha gestionado mal los fondos UE porque han tardado... ¡y ahora que llegan nos quejamos de que es poco! Eso en Europa no lo estamos viendo", zanja.

Salida a bolsa

Es Rafael quien lleva el timón de la firma junto a su hermano Ricardo, vicepresidente ejecutivo. El primero se encarga de la parte comercial y el segundo, de la tecnológica. "Somos más de hacer que de contar", convienen ambos. Aunque hace tres años se hicieron hueco en los titulares de la prensa salmón.

"En octubre de 2021 estuvimos a punto de darle al botón para salir a bolsa". Entonces cambió el entorno financiero y decidieron dar un paso atrás. "Verdaderamente, la operación era la ayuda a la internacionalización. Estamos haciéndolo, pero más despacio", detalla. Han abierto oficina en Polonia, uno de sus principales mercados, y han sellado el mayor contrato de su historia en Reino Unido. "En España vamos a remolque, pero llegaremos", confía.

La tentativa bursátil sirvió para profesionalizar la estructura de la empresa, con el fichaje del primer CEO ajeno a la familia. Salvo la ayuda que le otorgó el Ministerio de Transición Ecológica para levantar sus nuevas naves, el grupo se financia casi por completo con fondos propios. "Somos conscientes de lo que hay fuera, de que firmas que entraron en este mercado mucho después que nosotros en Francia, Noruega, Alemania o Dinamarca sí salieron a bolsa y ahora son nuestros competidores y tienen mucho dinero".

Están en el radar de grandes inversores, pero "no terminamos de ver esa vía". "Somos una empresa familiar y no estamos dispuestos a perder el control. Sabemos que un inversor puede ayudarnos a crecer, pero no abriremos la puerta a cualquier precio", concluye.