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El desembarco de TSMC en EEUU reafirma el pulso de Biden a China en la carrera por el mercado de los chips

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Intel, Micron y Samsung también levantarán fábricas en EEUU atraídos por la Ley Chips for America. Empresas como Apple, Nvidia o AMD dependen de esta firma taiwanesa líder en el sector

Joe Biden, en Phoenix, Arizona.
Joe Biden, en Phoenix, Arizona.AFP

EEUU fortalece su posición en el crucial mercado de los semiconductores. "La fabricación estadounidense está de vuelta, amigos", presumía el presidente norteamericano Joe Biden el martes pasado junto a ejecutivos como Tim Cook, el CEO de Apple. Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC), el principal fabricante de chips del mundo (y una compañía a día de hoy indispensable para comercializar el iPhone), se instala en EEUU con una inversión de 12.000 millones de dólares en Phoenix (Arizona), el primer paso de una inversión total de 40.000 millones de dólares hasta 2026.

Los 600.000 microchips anuales que EEUU prevé manufacturar gracias a este desembarco descargan la dependencia de ese país con respecto a Oriente, una constante en la Administración demócrata como ya lo fue antes en la arancelaria legislatura de Donald Trump. Este mismo año, se ha puesto en marcha la Ley Chips for America, que prevé 52.000 millones de dólares para esta industria; se ha vetado la exportación de productos estadounidenses del sector de los semiconductores a China; y, con TSMC, parece corroborarse la capacidad de atraer compañías extranjeras. Los anuncios de inversión se suceden: desde Intel, en Ohio, hasta la también estadounidense Micron en Nueva York, pasando por la surcoreana Samsung en Texas.

Occidente reacciona ante los incentivos que se vienen ofreciendo en Asia y que han contribuido a que ese continente produzca ya en torno al 80% de los semiconductores del mundo (hace 30 años, EEUU y Europa alcanzaban conjuntamente esa misma cuota similar). Actualmente Taiwán y Corea del Sur superarían cada uno el 20% de cuota, con China y Japón un escalón por debajo (en torno al 15%), seguidos por EEUU (alrededor del 12%) y Europa (cerca del 10%). El Viejo Continente se ha marcado la meta de duplicar su cuota actual hasta el 20% en 2030, y ampara con fondos NextGen distintas iniciativas surgidas en sus estados miembro, como el PERTE Chip español. Este llamamiento español al sector es el más ambicioso de todos los proyectos estratégicos planteados por el Ejecutivo de Pedro Sánchez, aspira a movilizar 12.000 millones de euros y ha llegado a centrar una visita del presidente a Corea del Sur, donde recorrió una de las plantas de Samsung.

EEUU se puede permitir tener miras más amplias y una perspectiva a mayor largo plazo. Los norteamericanos intentan evitar que su tecnología se venda a China, desde dentro o fuera de sus fronteras, a fin de evitar que el conocimiento norteamericano se ponga al servicio de la industria rival del gigante comunista, donde un gran número de compañías está participado por el Estado. Los semiconductores se usan para dar forma a un teléfono o a una nevera, y el ámbito militar no es ni mucho menos ajeno a esta realidad. La demanda se resiente por un menor consumo y los precios suben al ritmo de las restricciones, pero se necesitan semiconductores en cualquier caso: un coche eléctrico requiere más de 2.000 chips, el doble que un vehículo tradicional de gasolina.

TSMC se centra en la producción de chips, no al diseño, y resulta imprescindible para grandes tecnológicas como Apple, Amazon o Nvidia (esta última diseña chips, pero no los manufactura). Es decir, algunas de las empresas más valiosas del mundo dependen de esta firma taiwanesa no tan conocida.

Las cuatro plantas de TSMC en Taiwán le permiten doblar las expectativas más optimistas de producción de sus nuevas instalaciones en EEUU, pero Biden, además de anotarse un tanto en patriotismo, mejora su posición en la carrera económica por venir: TSMC producirá en Arizona chips de 5 nanómetros y en el futuro de 4 nm e incluso de 3 nm, versiones especialmente avanzadas en las que actualmente sólo despuntan Taiwán y Corea del Sur. China, pujante en versiones de chips más accesibles por encima de los 14 nm, podría quedarse rezagada en la nueva generación de productos, que exigen cifras más bajas: 6 nm la PlayStation de Sony o 5 nm el iPhone. El tamaño importa, claro: cuanto más pequeños, más componentes y, en consecuencia, un mejor rendimiento. Un nanómetro equivaldría a la diezmilésima parte del diámetro de un cabello humano.

Ante la apertura de TSMC en EEUU (y otra prevista en Japón), el gobierno taiwanés ha salido a recordar que Taiwán seguirá a la cabeza de la producción de chips de 5 nanómetros, y ha recordado tanto que el objetivo de los 3 nm ya se alcanza en esa isla (antes de que EEUU los ofrezca) como que los chips futuros de 2 nm y 1 nm serán una realidad en la isla.

La relación comercial de EEUU y Taiwán está condicionada por la geopolítica china. La amenaza de una anexión de esa isla por parte del gigante asiático ha recobrado fuerza con motivo de la guerra de Rusia en Ucrania, que está levantando murallas entre Pekín y Occidente. Una fábrica de chips en Arizona no sólo impulsa el rol norteamericano en la industria de los semiconductores, sino que le da cierto margen de maniobra a sus empresas en caso de colisionar definitivamente con China. No es casualidad que Apple esté sacando el ensamblaje del iPhone del país comunista (reforzando por ejemplo a India), donde se fabrica la gran mayoría de los teléfonos de la manzana mordida, o que Warren Buffet (que apenas invierte en tecnológicas, con excepciones como la propia Apple) haya aflorado recientemente más de 4.000 millones de dólares en TSMC.

Tim Cook estaba presente en la presentación de de este martes en Arizona, al igual que sus homólogos en AMD (Lisa Su), Micron (Sanjay Mehrotra) y Nvidia (Jensen Huang), todas compañías norteamericanas. "Los chips darán energía a iPhones y MacBooks, como Tim Cook puede atestiguar. Apple tenía que comprar todos sus chips avanzados en el extranjero, y ahora van a traer más de su cadena de suministro aquí, a casa", repasaba el propio Biden, que también puede sacar pecho por los 4.500 puestos de trabajo permanentes ligados al proyecto (en vez de los 2.000 anunciados inicialmente) y las 21.000 plazas que serán necesarias sólo en el sector de la construcción. El eslogan de la jornada en Phoenix incluso recogía el anhelado Made in America, un resurgir que se opone internacionalmente al imperante Made in China y que responde de manera doméstica al aún no descartado Make America Great Again.