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Memorias, cables y el nicho del nicho de los microchips: el bombazo de la IA en bolsa ya no es Nvidia

Las acciones de la cadena de valor en torno a las GPU de Nvidia y los centros de datos se disparan ante la insaciable demanda de nuevos centros de datos.

Memorias, cables y el nicho del nicho de los microchips: el bombazo de la IA en bolsa ya no es Nvidia
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La posible burbuja de la inteligencia artificial lleva ya casi seis meses provocando bandazos en bolsa. El mercado acumula signos contradictorios en un entorno en que la incertidumbre sobre el impacto económico de esta tecnología sigue siendo la tónica dominante. Un día, se desploman todas las empresas de software ante la perspectiva de que empresas como Anthropic generen soluciones que permitan hacer todas las funciones básicas de una empresa con el mismo proveedor de inteligencia artificial. Dos días después, se desploman las grandes tecnológicas porque el mercado cree que el gasto que comprometen en centros de datos es demasiado elevado para un beneficio incierto.

La cifra asusta. Las proyecciones de Goldman Sachs apuntan a un año en que entre Amazon, Google, Meta, Microsoft y Oracle se gastarán 660.000 millones de dólares en centros de datos en 2026, un 60% más que este año, y casi 800.000 millones el año siguiente. En total, 1,4 billones de dólares, una cifra por encima del PIB de Turquía y Países Bajos a desembolsar en apenas dos años. Ante la incertidumbre de si esta inversión podrá justificar un gasto similar en negocio, los mercados han virado hacia el negocio que generará construir estos centros de datos, un paso más allá del razonamiento que ha convertido a Nvidia en la empresa más valiosa del globo.

De hecho, el precio de las acciones de la empresa dirigida por Jensen Huang apenas ha aumentado en un 1% en seis meses y se dejaba un 3,21% en el año a comienzos de semana. Números rojos que se replican entre los gigantes de la IA. Alphabet (Google) retrocede 2,95%, Tesla, en pleno giro hacia la IA y los robots, un 4,17%, Apple, un 5,62% y Amazon y Microsoft, los dos con más huevos en la cesta de la construcción de centros de datos para la nube, caen un 13% y un 15%, respectivamente.

El rojo generalizado entre los Siete Magníficos arrastra al Nasdaq, pero no implica que no haya subidones, solo que son algo más rebuscados. El más conocido empezó a florecer conforme se apagaba la mecha de estas tecnológicas y ha sido el de las tarjetas de memoria, encarnado en Samsung, SK Hynix y Micron, pero llega mucho más lejos y a lugares más insospechados.

Corning, la empresa que creó el bulbo de la primera bombilla de Thomas Edison, vuela casi un 50% en bolsa en apenas dos meses impulsada por la demanda de fibra óptica, clave porque se necesitan miles de kilómetros de cable para los centros de datos que necesita la IA. A finales de enero, la empresa firmó un acuerdo multianual con Meta que le reportará 6.000 millones de dólares en ingresos, lo que dio aún más gasolina a la acción.

Una relación que también tiene revolucionados a los analistas buscando joyas infravaloradas entre compañías que se dedican a vender equipamiento para empaquetar chips, hacer mediciones y otros elementos. Un caso casi opuesto a Corning es el de Lumentum, que hace conexiones ópticas, es decir, que viajan a través de la luz y no por cables. Se trata de un casi monopolio que tiene un gran impacto a la hora de conectar los servidores dentro de los centros de datos. La combinación de tecnología, necesidad y capacidad de fijar precios es el cóctel dominante de estos nuevos cohetes bursátiles y la compañía lo cumple, ya que espera que sus ventas crezcan ya un 85% el próximo trimestre. ¿El resultado? El precio de su acción se dispara más de un 40% en apenas mes y medio.

EL BOOM DE LA MEMORIA

César Gimeno, gestor de Mapfre AM, explica que la compañía sigue viendo recorrido a este tipo de acciones relacionadas con la cadena de valor de la inteligencia artificial, concretamente las memorias y el equipamiento de los semiconductores. En el caso de las memorias, resalta que se trata de un "oligopolio" en un segmento que además es "muy poco flexible" de cara a generar nueva mercancía. "La oferta está muy constreñida. Levantar una fábrica cuesta entre tres y cuatro años y unos 6.000 millones de dólares (5.068 millones de euros)" subraya Gimeno.

La memoria siempre ha sido el elemento gris de los semiconductores. Necesaria para todos los procesadores, es el elemento más barato y tradicionalmente el que ha tenido una menor inversión en I+D y menor atención del mercado. Sin embargo, este sector, copado por las surcoreanas SK Hynix y Samsung y la estadounidense Micron, no tenía la capacidad necesaria para asumir la creciente demanda creada para abastecer el insaciable apetito de los promotores de la infraestructura para inteligencia artificial, compradores compulsivos de las GPU de Nvidia. Estas se conectan a las tarjetas de memoria para renderizar los datos, lo que explica la explosión de pedidos y precio de los tres segmentos del negocio.

Por un lado, está la DRAM, lo que son las tarjetas RAM conocidas más coloquialmente y presentes en dispositivos electrónicos, luego está la NAND, que se encarga del almacenamiento y luego la HBM, la verdadera clave de la explosión del sector. En las dos primeras, Goldman Sachs acaba de doblar sus previsiones de escasez frente a la demanda que habrá, estimando que más del 4% de esta demanda podría no verse satisfecha por no haber suficiente producción. Para la tercera, el aumento en el total de mercado supera el 9%.

La HBM, siglas de memoria de alta banda ancha ha generado furor porque permite conexiones mucho más rápidas, lo que es clave para hacer más rápida la propia inteligencia artificial, una de las principales preocupaciones de Anthropic u OpenAI. Esta nueva tecnología apila de forma vertical varias tarjetas de memoria y las conecta, lo que mejora las prestaciones tanto en eficiencia como en capacidad. El banco estadounidense calcula que el mercado para estos dispostiivos será de 54.000 millones de dólares y de 75.000 millones en 2027, todo un nuevo maná que aprovecharán estas compañías y que está estrangulando a la electrónica de consumo, que ve como el mercado de memorias se gira a la IA.

La situación ha provocado una verdadera locura inversora con estimaciones al alza que se suceden y una explosión en bolsa para las tres empresas. SK Hynix ha triplicado su valor en tres meses y acumula una subida del 30% en el año; Samsung la supera en el corto plazo, con un repunte del 40% y un 158% en el semestre; mientras que Micron se anota un 28% en este primer mes y medio de ejercicio y también triplica su valor capitalización bursátil hasta los 455.000 millones de dólares.

Con precios al alza y una proyección de negocio ingente, ninguna de las tres empresas está loca por anunciar nuevas fábricas y el aumento de producción, aunque acelerado, sigue siendo modesto para las estimaciones. La razón es que las propias empresas están calibrando qué nivel de euforia o realidad hay detrás de los pedidos que reciben por miedo a invertir en una capacidad que luego podría quedar vacía y hundir el mercado, como ha pasado en otras ocasiones. "Este sector siempre ha tenido un miedo estructural en el mercado porque es muy cíclico", apunta Gimeno.

El impulso llega también a las especialistas en Nand y almacenamiento como Sandisk, conocida por sus tarjetas de memoria SSD para teléfonos móviles o cámaras, que vuela un 112% en lo que va de año.

El nicho del nicho

Sin embargo, las ganancias también están un poco más abajo. Si las memorias son un nicho dentro de la inversión en semiconductores, más centradas en Nvidia recientemente y sus procesadores y los fabricantes como TSMC, también disparada este año, el mundo de las compañías que dan servicios a estas empresas, que no superan la decena en todo el mundo, es ya otro nivel.

Se trata de firmas con poco volumen, que venden máquinas millonarias. El ejemplo más famoso es la holandesa ASML y sus herramientas de litografía de 250 millones de euros, pero hay muchas más.

Un ejemplo en la cartera de Gimeno es Teradyne, su nicho son equipos y robots que se usan para probar los chips que funcionan. La compañía cerró el año con 3.190 millones de dólares en ventas, un 13% más, pero en solo dos años ha multiplicado por siete sus ingresos procedentes del mercado de la computación y por cuatro el procedente del mercado de memoria. El inversor le premia con un impulso del 50% a la acción en lo que va de año y un 181% en los últimos seis meses. Esto ha elevado su capitalización de mercado a 48.000 millones de dólares, a trazo grueso más de dos veces lo que vale en bolsa Telefónica con diez veces menos ingresos.

Otro nutrido pelotón está en Asia, y concretamente en Japón. Entre las favoritas de Goldman Sachs, brillan valores como Tokyo Electron, que destaca por su alta cuota de mercado en las herramientas que se usan para fabricar las tarjetas de memoria, limpiarlas y aislarlas, Ulvac, compañía japonesa y uno de los proveedores principales de Samsung, y Disco, especializada en herramientas de corte. Tres perfectas desconocidas para el inversor medio, pero todas suban entre un 15% y un 40% en lo que va de año y parece que les queda fuelle, o al menos tanto como a la IA.