Las dos primeras temporadas de Twin Peaks, la serie dirigida por el desaparecido y muy heterodoxo David Lynch (1946-2025), contienen al menos cuatro pautas que cualquier emprendedor puede tomar prestadas. La tercera temporada, estrenada a lo Deadwood un cuarto de siglo después del final de la segunda (junio de 1991), responde ya a otros códigos aunque respire Lynch por los cuatro costados.
En la trama, ubicada en un pueblecito tan ficticio como el de Doctor en Alaska, el cadáver de una de las jóvenes oriundas, Laura Palmer, aparece envuelto en plástico en la playa. Las complejidades del crimen atraerán hasta el lugar a un agente del FBI, Dale B. Cooper, adicto a los donuts, el buen café americano (oxímoron) y los sueños reveladores. Igual que en Carretera Perdida, el guión combina humor, suspense y una atmósfera entre onírica y opresiva. Cualquiera de esas características aparece tarde o temprano, sola o en compañía, en la vida de una startup.
A continuación se despliega el cuadrado de enseñanzas de Twin Peaks para empresarios tecnológicos.
Economía de medios
Si existe una cura efectiva contra la obsesión de levantar capital es justo la imposibilidad de hacerlo. No pasa nada. El inversor no es el alma de un negocio igual que el dinero no marcó el carácter de la serie ideada por Lynch y Mark Frost. Cero parafernalia, escenarios manoseados, siempre la misma música, planos fijos e incluso actrices que interpretan por partida doble (Sheryl Lee da vida tanto a Laura Palmer como a su prima Maddy Ferguson) demuestran que las superproducciones de Hollywood, Netflix, Disney o HBO no son el único camino, como tampoco lo es quemar millones. Ya lo dijo en este periódico Rubén Ferreiro, CEO de Viko y fundador de Lanai: lo importante no son las rondas, sino los clientes (o la audiencia).
Equipo, equipo, equipo
El agente especial Cooper hace un tándem estupendo con el sheriff Harry S. Truman, quien a su vez confía en su peculiar escuadra, formada por los policías Hawk (sagaz nativo americano) y Andy Brennan (atolondrado descendiente de colonos), más la pizpireta secretaria Lucy Moran. Juntos avanzan, se ayudan, se animan. Y todos confían en el extraordinario instinto del CEO Cooper, capaz de tomar decisiones imposibles y alcanzar conclusiones abracadabrantes. Cualquier gestora de fondos confirmará este extremo: lo primero que miran los cribadores es el componente humano de una startup. Los fundadores lo saben y por eso se aparean con sumo cuidado.
Elogio a lo singular
Los lugares comunes son los grandes enemigos de la narrativa. Hemos venido a cambiar el mundo, somos la plataforma líder en España, nuestra propuesta de valor es top... Ninguno de los personajes de Twin Peaks se rebajaría a balbucear consignas del estilo. De hecho, cada uno es fiel a sí mismo, a sus virtudes y a sus miserias y a ese buen grado de naturalidad que podría haber convertido -en una dimensión paralela- a emprendedores como Antonio Espinosa de los Monteros (Liux), Muriel Bourgeois (Micuento), Amaia Rodríguez (Gravity Wave), Santiago Ferrada (Wellhub), Javi López (Magnific AI) y Álvaro Higes (Luzia) en posibles actores y actrices de la serie firmada por Frost y Lynch.
¿Quién mató a Laura Palmer?
Siempre existe un propósito en Twin Peaks: descubrir quién asesinó a la señorita Palmer. Es una meta innegociable aunque a menudo parezca eterna (segunda temporada, 22 episodios, 45 minutos por episodio). En la escuadra del agente especial Cooper no escasea la tenacidad, ni los contratiempos apagan esa chispa de humor que inunda la pantalla e invita al espectador a perseverar. Al final, claro, el secreto quedará acorralado y la misión más o menos cumplida. Sin esa fe, sin ese continuo levantarse y porfiar, ningún emprendedor encontrará la llave de su propia liberación, llámese como se llame (notoriedad, dinero, creación de empleo y riqueza).
