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China

El escaparate del poder chino arranca con dudas sobre el crecimiento económico, purgas militares y tensiones externas

La cita de este año es especialmente relevante porque aspira a colocar a China como una superpotencia tecnológica que pueda rivalizar con Estados Unidos

El presidente de China, Xi Jinping, en una imagen de archivo
El presidente de China, Xi Jinping, en una imagen de archivoJADE GAO
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En Pekín todo está listo para la liturgia política anual. Este miércoles se abren las llamadas Dos Sesiones, el gran escaparate institucional: el cónclave paralelo de la Asamblea Popular Nacional (APN), la reunión del Parlamento, y la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, el órgano consultivo de más alto nivel. Bajo los focos del Gran Palacio del Pueblo se escenifica cada marzo una coreografía del poder donde abundan discursos solemnes de los líderes delante de aproximadamente 3.000 representantes, votaciones casi unánimes y un mensaje de estabilidad dirigido tanto al público doméstico como a los mercados internacionales.

Pero este año el guion llega con más interrogantes de fondo que en ediciones anteriores. Con el foco geopolítico puesto en la guerra en Oriente Próximo, la principal incógnita económica interna en Pekín es saber si el Gobierno se atreverá a rebajar el objetivo oficial de crecimiento por primera vez en tres años. La segunda economía del planeta avanza lastrada por la crisis inmobiliaria, la debilidad del consumo y el desplome demográfico.

En los últimos ejercicios el crecimiento real apenas ha alcanzado el listón fijado del 5%. Rebajar la ambición, según muchos analistas, sería admitir que la era de la expansión desenfrenada de dos dígitos quedó definitivamente atrás; mantenerla demasiado alta implicaría además forzar estímulos en un contexto de endeudamiento récord de los gobiernos locales.

"Un objetivo ligeramente más bajo daría a los responsables políticos más margen para priorizar la reforma estructural", dijeron economistas de Economist Intelligence Unit en una nota que anticipaba una predicción de crecimiento del 4,6%.

El jueves, el primer ministro, Li Qian, presentará el informe sobre la labor del Gobierno. No habrá sorpresas ideológicas: el centro de gravedad sigue siendo el núcleo duro que lidera Xi Jinping. La APN no es un Parlamento al uso, sino una cámara que ratifica decisiones tomadas de antemano por los mandamases del Partido Comunista. El debate público es limitado y cuidadosamente encauzado.

La cita de este año es especialmente relevante porque marca el arranque del XV Plan Quinquenal, la hoja de ruta que definirá la estrategia hasta 2030 y que aspira a colocar a China como una superpotencia tecnológica que pueda rivalizar con Estados Unidos. El desafío no es pequeño: cómo sostener el crecimiento en un entorno cada vez más volátil, de guerra comercial y competencia tecnológica feroz.

A finales de febrero, el Politburó, el núcleo donde se toman las decisiones estratégicas más importantes del país, ya anticipó que la consigna era una política fiscal más proactiva y política monetaria moderadamente expansiva. Traducido al lenguaje llano, más gasto público selectivo y liquidez controlada, pero sin abrir la compuerta a un estímulo masivo.

El dilema estructural es si Pekín apostará de verdad por fortalecer la demanda interna o seguirá confiando en el superávit comercial. Los políticos chinos llevan meses anunciando numerosos subsidios para aumentar el gasto interno, pero los economistas advierten de que sin reformas profundas -mejores redes de protección social, apoyo a los ingresos familiares y menor dependencia del ladrillo- el consumo seguirá siendo el eslabón débil.

Muchas de las reuniones de esta semana girarán en torno a la autosuficiencia tecnológica, que se ha convertido en mantra estratégico. Las restricciones de Washington a la exportación de semiconductores avanzados y equipos de fabricación de chips aceleraron la apuesta por la innovación doméstica. Para Pekín, la tecnología es además un asunto de seguridad nacional. Se espera que más recursos fluyan hacia sectores prioritarios, desde inteligencia artificial hasta energías limpias, en una carrera por reducir la dependencia exterior.

Otro indicador clave será el presupuesto de defensa. El año pasado el aumento fue del 7,2%. Con el ataque de EEUU e Israel a Irán, y con la tensión siempre latente en el estrecho de Taiwan, cualquier variación será escrutada como mensaje político. Pekín insiste en que su gasto es "defensivo", pero el incremento sostenido durante la última década refleja mayor voluntad de proyectar poder en la región de Asia-Pacífico.

Las Dos Sesiones también son una ventana a las dinámicas internas del poder. La campaña anticorrupción apadrinada personalmente por Xi Jinping sigue activa y se ha llevado por delante en los últimos meses a altos mandos de las Fuerzas Armadas.

La semana pasada, de la lista de diputados que participan en la cita legislativa fueron eliminados nueve altos mandos del ejército. Y en la Conferencia Consultiva Política -ese escaparate donde conviven académicos de prestigio, empresarios y celebridades como la ex estrella de la NBA Yao Ming- tres generales perdieron su asiento bajo la explicación oficial de la ya clásica "campaña anticorrupción".

A comienzos de año, además, arreciaron los rumores sobre una investigación por presuntas irregularidades contra Zhang Youxia, el militar de mayor graduación del país y figura clave en la cúpula castrense. Un informe reciente del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, con sede en Washington, calcula que más de un centenar de oficiales de alto rango han sido purgados desde 2022.

Las purgas también tienen su hueco en un legislativo chino que abre sus puertas bajo la solemnidad del hemiciclo en la Plaza de Tiananmen, donde se discutirá cómo reinventar el motor económico sin alterar el monopolio del poder.