El Gobierno de Pedro Sánchez queda descolocado en el despacho oval por parte de no solo de una, sino de las dos grandes potencias occidentales y principales aliados y socios comerciales e inversores de España.
El problema no es un utópico embargo como el que esgrimió el presidente der EEUU, sino el hecho de que los dos mandatarios de la primera potencia mundial y de la Eurozona, Donald Trump y el canciller alemán, Friedrich Merz, reprenden en público al Gobierno español por no considerarlo fiable.
¿Qué supone que Trump y Merz pongan proa política clara al presidente del Gobierno? No un embargo, desde luego. Además de lo absurdo -ambos acumulan un saldo comercial de más de 10.000 millones anuales a su favor- es impracticable a un país miembro de la UE. El propio canciller alemán matizó después que dijo en la intimidad a Trump que no se puede aplicar tal sanción comercial a un país europeo individual.
Otra cosa es que Trump ordene en cualquier guerra arancelaria contra la UE enfilar particularmente a productos españoles, pero el problema es más bien otro. Lo peligroso es que ambos mandatarios puedan influir en que empresas españolas queden relegadas en sus gigantescos mercados y en que sus multinacionales se piensen invertir en España.
De Trump ya es previsible que aproveche cualquier ocasión para mostrar su irritación con el líder del PSOE por contradecir los acuerdos de la OTAN. Ya lo hizo el pasado enero en la gran caja de resonancia mundial que es el Foro de Davos. Ahora, la negativa del Gobierno a permitir que el Ejército de EEUU use las bases de Rota y Morón en la operación con Irán agudiza el enfado de Trump, porque eleva el gasto de su operación Furia Épica y complica los planes del Pentágono al tener que trasladar sus aviones cisterna, por ejemplo.
Pero más sorprendente fue Merz. Lejos de corregir a Trump, que acababa de amenazar en su presencia a un país de la Unión Europea, el canciller alemán se unió a la presión en su comparecencia conjunta en Washington. Proclamó que él también quiere que el Gobierno español eleve el gasto militar y de seguridad hasta el 5% del PIB. «Como ha dicho el presidente [dijo mirando a Trump], es correcto: España es la única que no está dispuesta a aceptarlo». «Estamos tratando de convencerlos de que esto forma parte de nuestra seguridad común, que todos tenemos que cumplir con estas cifras».
En la posición de Sánchez hay mucho de marketing porque se trata de llegar al 5% en 2040 en la práctica y queda mucho trecho. «En el fondo muchos aliados van a hacer lo mismo que España y puede que no lleguen tampoco al 5%, pero el problema es que el presidente del Gobierno es el único que quiere decirlo», lamenta un alto mando militar español. Aunque amague ahora con las bases, también es Sánchez el presidente del Gobierno español que más ha ampliado Rota en la práctica. Hacer marketing contra las dos principales potencias occidentales es temerario para el interés del país y ni siquiera es evidente que vaya a dar rédito al PSOE.

