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Primer plano

Las dos caras del edadismo laboral que ya afecta al 44% de los trabajadores en España: "Si tengo los conocimientos que necesitas, ¿a ti qué te importa mi edad?"

Más de la mitad de afectados son mayores de 50 años, pero es una exclusión que no deja detrás a los más jóvenes, que ya son el 26% de las estadísticas

Encarnación Sánchez en Tarragona.
Encarnación Sánchez en Tarragona.David RamirezAraba Press
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A sus 56 años, Encarnación Sánchez salió de su segunda entrevista para una tienda de ropa en Tarragona sintiéndose "como unas castañuelas". Ser dependienta fue su única profesión durante gran parte de su vida y había trabajado en grandes centros comerciales. Solo esperaba la llamada que confirmara que podía volver a hacer lo que más le gustaba... pero nunca llegó. "Volví a ver el mismo anuncio, pero le cambiaron el formato y ahora pedían una señorita dependienta encargada de no más de 40, entre 35 y 40 años", recuerda. "Después de dos entrevistas me desechan. Fue abominable".

Sánchez es parte del 44% de trabajadores que sufren de discriminación por edad -edadismo desde 2022 que fue incluido en la RAE-, una exclusión que afecta con mayor frecuencia (58%) a los mayores de 45 años. Estos datos pertenecen al informe El Edadismo y Yo, realizado por la Cruz Roja que recoge las respuestas de 886 personas. "Los 70 de ahora no son los de hace 20 años", asegura Sánchez, que aunque se siente "como una rosa", "nos siguen viendo igual de viejos", lamenta. "Si yo tengo los conocimientos que necesitas, ¿a ti qué te importa mi edad?".

La marginación del talento senior, "no solo es una injusticia social, es un suicidio económico para un país que no puede permitirse el lujo de desperdiciar la experiencia de su grupo poblacional mayoritario", explica Iñaki Ortega, doctor en Economía e investigador del Centro Ageingnomics de Fundación Mapfre. Una situación que persiste al asociar la edad con la fragilidad y al dejar de lado lo que Ortega denomina como "rejuvenescencia", es decir, que una persona de 60 años tiene actualmente las constantes vitales que, en el siglo pasado, habrían correspondido a alguien de 10 o 15 años menos.

Para la estructura productiva de España, el desperdicio de talento es un error de cálculo masivo porque, según Ortega, "sin los seniors, por ejemplo, el país no podría abrir cualquier mañana", no solo por su conocimiento, sino porque "aportan al PIB más del 30%" y son los dueños de más de la mitad del patrimonio nacional. Sin embargo, no es algo que se tome en cuenta siempre en las empresas. El V Mapa de Talento Sénior 2025, realizado por el Centro de Investigación Ageingnomics de la Fundación Mapfre, indica que el 91,9% de compañías asegura que la edad no es un impedimento para contratar, pero una de cada tres de esas mismas (30,6%) confiesa no haber contratado a nadie mayor de 55 en el último año.

Al ver estas puertas cerradas, Sánchez, que había visto seis años de cotización a la Seguridad Social perdidos en la búsqueda de empleo, decidió que "si nadie me quiere, ya me espabilaré yo". Así, su solución fue emprender y fundar su propia empresa de servicios para apartamentos vacacionales. "Contrato en la temporada de verano a chicas, todas me pasan de los 45 años y son más que nada profesionales de los hoteles" que el mercado ha desechado.

Juan José Florensa, funcionario de la Agencia Tributaria en Melilla que denuncia la administración por edadismo.
Juan José Florensa, funcionario de la Agencia Tributaria en Melilla que denuncia la administración por edadismo.Jose Manuel Giner GutierrezARABA PRESS

Pero esta no es una situación que se vea solo en el sector privado, sino que las grietas del edadismo también alcanzan al empleo público. Juan José Florensa, funcionario de la Agencia Tributaria en Melilla, ganó a sus 64 años una oposición, pero al cumplir los 65, recibió un correo de la función pública denegándole el nombramiento a pesar de tener legalmente concedida una prórroga para seguir en activo hasta los 70. "Han interpretado que mi edad de julación no son los 70 años sino los 65. Yo veo que es un claro caso de discriminación por edad", denuncia Florensa, que, lejos de resignarse, inició una batalla legal contra la administración pública por edadismo.

Carla Bonell, coordinadora del Servicio Estatal de Atención a Personas Mayores (Seam), advierte que el edadismo institucional en el mercado laboral se manifiesta a través de leyes y prácticas que, al estar normalizadas, "limitan injustamente las oportunidades" de las personas y señala que medidas, como la jubilación forzosa entran en conflicto con la Constitución, que garantiza el "derecho al trabajo" para todos los ciudadanos.

Por esto, Bonell señala que es fundamental cuestionar la idea de que cumplir años implica una pérdida de facultades, ya que, como ha dictaminado el Tribunal Constitucional, "no es razonable presumir esa ineptitud con carácter general" a una edad fija. Así, basar las políticas de empleo en la "teoría de la desvinculación" -que busca retirar a los mayores para dejar espacio a los jóvenes- supone sacrificar la igualdad real y las "capacidades y aptitudes" individuales en favor de estereotipos que asocian erróneamente la vejez con el declive.

Con el servicio jurídico de comisión obrera de su sindicato y tras haber elevado su queja al Defensor del Pueblo, Florensa asume que se enfrenta a un proceso que podría alargarse cinco años en los tribunales. "Si se resuelve, habré recuperado mi dignidad, me pagarán los emolumentos de las diferencias de sueldo, mis derechos laborales y con la satisfacción de haber abierto un melón y de denunciar una discriminación en una laguna jurídica de la administración", reconoce.

Precisamente la vulnerabilidad institucional del caso de Florensa es, para Juan Antonio Herrero, presidente y portavoz de la Plataforma Cívica contra la Discriminación por Edad, el síntoma de un sistema que opera bajo la "radiografía de un engaño" en una sociedad que ha sustituido el respeto real por los mayores por una "ñoñería y condescendencia" que los presenta como "seres inservibles de adorno" en lugar de profesionales productivos. Además, señala que en las estadísticas, al centrar el foco solamente en el paro juvenil y las ayudas a los menores de 35 años, se deja de desprotegidos a quienes, a los 50, ven como "el mercado laboral español penaliza severamente la experiencia" y es una barrera que lastra la productividad. Según Herrero, el miedo del edadismo obliga a los profesionales a aferrarse "con uñas y dientes" a puestos que no les motivan al saber que no tendrán una segunda oportunidad si abandonan su empleo.

Desde la plataforma, Herrero advierte que esta falta de visibilidad en la raíz del problema tiene consecuencias humanas "invisibles", como el aumento de la tasa de suicidio en mayores. De los casi 4.000 suicidios registrados en 2024 por el Instituto Nacional de Estadística (INE), 2.904 corresponden a mayores de 45 años.

A propósito de esto, Cruz Roja apunta que el desempleo de larga duración en la madurez causado por el edadismo tiene un impacto psicológico grande y supone una "fractura en la identidad" hasta llegar al fenómeno del "autoedadismo", donde los prejuicios externos acaban siendo interiorizados por las víctimas. Según sus datos, un 22% de encuestados, tanto jóvenes como mayores, reconoce haber sentido en algún momento que los estereotipos negativos que se dicen sobre su grupo de edad son ciertos. Por esto, considera que la solución está en "exigir una legislación específica contra la discriminación por edad como existe en otros países europeos", sostiene Herrero, donde prácticas que en España son un "free for all" serían denunciables ante los tribunales, como lo está haciendo Florensa.

Por otro lado, Cruz Roja advierte que el edadismo funciona como una "vía de doble sentido". Su otra cara está en los más jóvenes que también enfrentan un muro de prejucios en el mercado laboral. Si a los mayores de 45 años se les descarta por "caros" o "tecnológicamente obsoletos", el informe de Cruz Roja señala que a los menores de 30 años se les etiqueta como "inexpertos o poco comprometidos" antes de permitirles demostrar su valía.

María Reyes Torres en Sevilla.
María Reyes Torres en Sevilla.Fran Santiago

Los datos indican que el 26% de encuestados son parte de este rango de edad, y parte de este porcentaje es María Reyes Torres. A sus 24 años, después de haber estudiado veterinaria y un grado medio de informática, se encontró con un mercado laboral que le exigía años de experiencia que no podía obtener porque nadie le abría la puerta por ser "demasiado joven". "Me dijeron que no tenía suficiente experiencia. Estaban buscando a un auxiliar que llevara ya varios años y yo tenía experiencia de nueve meses", lamenta tras varios procesos fallidos. Según Cruz Roja, un 84% de los casos reportados por edadismo se producen durante los procesos de búsqueda de empleo, lo que impide el acceso al mercado "antes siquiera de poder demostrar valía profesional", reza el informe.

Para Torres, la barrera está la falta de confianza: "Me tenéis que dar la oportunidad. Si no, no puedo trabajar. Es un poco que nadie me va a dar la oportunidad para poder saber". Por esto, de no ser por su experiencia previa en el voluntariado, no hubiese podido trabajar como monitora y tener un ingreso.

A pesar de los rechazos, defiende que su generación tiene un valor que las empresas también ignoran. "No porque seas joven no vas a ser constante; al revés, tienes muchas ganas de aprender y de demostrar lo que vales", asegura Torres, que ahora es la responsable de comunicación de la Plataforma Juvenil de España.

Esta "juventud estigmatizada" es, según Carmen Díaz-Pache, técnica del área de Empleo de Cruz Roja, el reflejo de un sistema que opera bajo falsas percepciones ya que a los menores de 30 años se les despacha con frases condescendientes como "ya aprenderás" o "ya madurarás" y se deja de lado que la visión de los más jóvenes es vital para entender cómo funcionan los mercados y las tendencias actuales.

Por esto, Díaz-Pache defiende que las empresas deberían apostar por equipos intergeneracionales. Por un lado, "al renunciar al talento senior, estamos renunciando a un saber hacer de las cosas y a la experiencia", además de que aportan contactos y una visión de estrategia. "Las empresas se van a tener que volver a contratar a mayores de 45 y los primeros que se den cuenta de esto se llevarán los mejores talentos", explica.

Por otro lado, "los jóvenes conocen al sector en el que se mueven, traen unos valores diferentes y ofrecen una versión distinta" de la realidad, aspectos que "no son ni mejores ni peores, sino que son diferentes". Así, Díaz-Pache insiste en que "hay equipos potentes que saben de innovación, de saber hacer, de anticipación, de planificación", y en su mayoría son quienes combinan generaciones. "Entre todos suman los talentos de unos y los talentos de otros", asegura.