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Sexo en aviones: el Wi-Fi a bordo, las apps de citas y OnlyFans aumentan los encuentros íntimos en los vuelos comerciales

Testimonios de pasajeros, asistentes de vuelo y pilotos revelan cómo la tecnología, el cambio generacional y las redes sociales han transformado el llamado Mile High Club

IUn hombre bloque la puerta del baño de un avión.
IUn hombre bloque la puerta del baño de un avión.SHUTTERSTOCK
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Abril de 2015, un avión cruza el océano Atlántico rumbo a Europa, a 12.000 metros de altura. En cabina reina la oscuridad y la mayoría de los pasajeros duerme. De repente, aparece un mensaje en la pantalla del sistema de entretenimiento a bordo: "Hola, ¿qué haces?".

El remitente es un pasajero identificado como 'A', sentado en el asiento 45K, en clase económica. Tras un intercambio inicial, propone encontrarse en el baño del avión y ofrece incluso instrucciones para abrir la puerta desde fuera. No es la primera vez que utiliza el sistema interno de mensajería, una función que posteriormente varias aerolíneas desactivaron por usos considerados impropios.

El pasajero se identifica como miembro del Mile High Club, la expresión utilizada para quienes mantienen relaciones sexuales durante un vuelo, ya sea en los baños, en los asientos o incluso en las zonas de descanso del personal de cabina en trayectos intercontinentales.

Para documentar el fenómeno, el Corriere della Sera ha analizado viajes realizados en unos 500 aviones —de pasillo único y doble, de uno y dos pisos— en 250 rutas nacionales, internacionales e intercontinentales. En total, cerca de 1.500 horas de vuelo, un millón de kilómetros recorridos (equivalentes a 26 vueltas al planeta), 61 aerolíneas y 42 países, desde Nueva Zelanda hasta Canadá occidental.

Unos cuarenta miembros del club relan a este medio sus experiencias y estrategias. Otros treinta testimonios provienen de asistentes de vuelo y pilotos, quienes a menudo deben decidir entre intervenir o mirar hacia otro lado para evitar incidentes mayores.

El fenómeno se ha intensificado con el tiempo, impulsado por dos factores clave: la expansión del Wi-Fi a bordo —cada vez más rápido y gratuito— y el auge de las aplicaciones de citas. Muchos usuarios incluyen en sus perfiles el número de vuelo o incluso el asiento. Si la atracción es mutua y ambos están en el mismo avión, el encuentro puede producirse poco después del despegue.

Los asistentes de vuelo señalan además dos tendencias recientes: una generación de viajeros más desinhibidos y el impacto de OnlyFans, plataforma en la que algunos pasajeros producen y monetizan contenido sexual grabado durante el vuelo.

"Sorprendemos a pasajeros filmándose durante actos sexuales", confirma personal de cabina. "Cuando les preguntamos qué hacen, suelen responder que están produciendo contenido".

A pesar de su visibilidad mediática, el fenómeno es limitado frente a los 5.000 millones de pasajeros que vuelan cada año. Se registra con mayor frecuencia en vuelos europeos, en rutas entre Europa y Estados Unidos y entre Estados Unidos y Oceanía. Predomina en vuelos nocturnos y en aviones de gran tamaño como los Airbus A330, A350, A380 o los Boeing 767, 777 y 787.

No existen estadísticas oficiales pero una encuesta de 2018 estimó que el 5% de los usuarios de apps de citas había tenido sexo en un avión. Según cálculos del Corriere, cruzando testimonios y estimaciones del personal de vuelo, la cifra real rondaría el 0,05% del total de pasajeros: unos 2,5 millones de personas. En términos prácticos, aproximadamente en uno de cada 30 despegues hay una pareja manteniendo relaciones sexuales.

Los participantes se dividen en dos grupos: parejas estables y encuentros ocasionales. En este último caso, las aplicaciones de citas son clave. El contacto suele iniciarse en el aeropuerto, en salas VIP o zonas de embarque, y continúa a bordo mediante el teléfono móvil o, en algunos aviones, a través del sistema de entretenimiento.

Sobre el mar, las apps funcionan mejor por la ausencia de usuarios cercanos; sobre tierra, la geolocalización puede confundir perfiles en el avión con personas en superficie. Incluso se han detectado errores del GPS del Wi-Fi a bordo, que sitúan al avión en aeropuertos lejanos.

El alcohol gratuito en vuelos largos contribuye a reducir inhibiciones y el ruido constante de los motores ayuda a pasar desapercibido. El momento más habitual es un par de horas después del despegue, cuando se apagan las luces y la mayoría duerme.

El baño es el espacio más utilizado en clase económica; en business y primera clase, la mayor privacidad facilita otros escenarios. Elegir el baño adecuado —lejos del personal y en zonas con varios servicios— forma parte de la estrategia.

El momento más delicado es la salida. Algunos regresan directamente a su asiento; otros simulan una urgencia médica. Hay quienes no se preocupan por la impresión que causan.

Asistentes y pilotos confirman un aumento de encuentros con fines comerciales. En muchos vídeos, difundidos en plataformas para adultos, aparecen otros pasajeros de fondo, a veces identificables.

El personal de cabina admite que no siempre interviene para evitar conflictos o violencia, y para no tener que gestionar incidentes policiales al aterrizar. Según la Convención de Chicago, se aplican las leyes del país donde está registrado el avión. En Occidente no existe una prohibición específica del sexo en vuelos comerciales, pero sí pueden aplicarse normas sobre conductas indecentes o exhibicionismo. Las sanciones más comunes son multas o la prohibición de volar con la aerolínea.