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La fe en tiempos de IA

La fe en tiempos de IA
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El despliegue de la era tecnológica ha llegado a la Navidad con gurús y sacerdotes mirándose de reojo. Algunas aplicaciones han entrado en el mercado para simular conversaciones con Dios y apaciguar el tormento del alma, pero el clero no se da por aludido y es normal. La inteligencia artificial no está aquí para sustituir a la fe, sino a la Ilustración.

La eclosión de la IA se asocia constantemente con el símbolo de una nueva revolución industrial. Lo más revolucionario es el desplazamiento del ser humano del centro del pensamiento, una dinámica que si avanza sin freno generará tarde o temprano desamparo y, tras él, sinrazón. El abandono de la escritura y la lectura por la cultura de la imagen y el salto definitivo a la necesidad de inmediatez que genera el algoritmo han modelado nuestra conciencia. Sucede que se ha producido de manera tan masiva, especialmente a partir del estrago que provocó el confinamiento, que se ha vuelto imperceptible. El ensayista Adam Garfinkle señala que se ha perdido "la alfabetización profunda" que nos permitía la inmersión en un texto largo, secuencial, ordenado y razonable de un autor. Ya somos incapaces de enfrentarnos a un libro largo o una película densa y cedemos a la lucha incesante contra el aburrimiento que sólo contribuye a limitar el autocontrol.

Francisco Reynés, empresario del año 2025 para Actualidad Económica, señala que no le preocupa tanto el entorno laboral al que se enfrentan sus hijos, pues todos competirán en el mismo ecosistema que los demás, como que se pierda el razonamiento deductivo en la búsqueda de la verdad. "Con la IA, pasamos de tener que resolver un problema a tener el problema resuelto, y que la clave esté en la formulación del problema, porque la máquina responderá a nuestra pregunta. Esa obsesión por la inmediatez nos deja en la superficialidad de la vida".

Aunque parezca contradictorio, es bastante improbable que la más inhumana de las evoluciones de la inteligencia artificial termine por erosionar a las religiones. En Europa y en Estados Unidos está resurgiendo cierto interés por la fe, que se refleja tanto en la cultura pop de Rosalía como en la asistencia a los cultos. En China, la enorme subida del paro entre la generación de jóvenes más tecnológica de la historia ha desembocado en el auge de las visitas a curanderos y videntes en busca del sentido de la vida.

El desafío de los gobernantes será mantener a los ciudadanos en el centro. Para preservar ese humanismo ilustrado tendrán que ser ellos quienes lean y no fiarlo todo a un algoritmo electoral. Esta Navidad, regalen libros.