Todos los ojos del mercado, y de los gobiernos de medio mundo, estaban hoy puestos en Nvidia. Es la empresa más grande del mundo por capitalización (llegó a superar en octubre los cinco billones de dólares), la gran referencia para el sector de la IA, pero también, para muchos, un termómetro sobre la volatilidad de una industria en medio de una expansión brutal, pero con crecientes rumores de burbuja.
La jornada en Wall Street estuvo marcada por la espera de analistas e inversores a los resultados del tercer trimestre del fabricante de chips más importante del planeta, que tiene cerca del 90% de la cuota de mercado en los grandes proyectos de inteligencia artificial. Y no ha defraudado. Se esperaba que la compañía registrara un aumento de hasta el 56% en los ingresos totales interanuales y proyectara ingresos de 62.200 millones para el cuarto trimestre del año. La realidad fue superior. Los ingresos han subido un 62%, hasta los 57.000 millones, 2.000 millones más de lo estimado. Los ingresos por centros de datos subieron a 51.200 millones, 2.000 millones más de lo esperado. Y el próximo trimestre, la firma espera tener ingresos de entre 65.000 y 66.000 millones.
Las ganancias trimestrales ascendieron a 31.900 millones de dólares, un 65% más que el año anterior y un 245% más que hace dos. Entre los gigantes tecnológicos, solo Alphabet, la empresa matriz de Google, ha tenido mayores beneficios en el mismo periodo. .
"Las ventas de Blackwell se han disparado y las GPU en la nube están agotadas", presumió el primer ejecutivo, Jensen Huang. "La demanda de computación sigue acelerándose y multiplicándose tanto en entrenamiento como en inferencia, creciendo exponencialmente en ambos casos. Hemos entrado en el círculo virtuoso de la IA. El ecosistema de IA está escalando rápidamente, con más creadores de modelos básicos, más startups de IA, en más sectores y en más países. La IA está presente en todas partes, haciendo de todo, simultáneamente", ha dicho Huang, que esta mañana asistió como invitado a un acto con Donald Trump y el príncipe heredero de Arabia Saudí.
El problema, en el futuro próximo, es morir de éxito. Es casi imposible mantener este ritmo de crecimiento. Los más 60.000 millones de dólares de ingresos que Nvidia espera para el cuarto trimestre del año son 10 veces más de lo que ingresaba en 2022. Los beneficios netos previstos para este año, más de 100 000 millones de dólares, superan las ventas totales combinadas de Intel y AMD. El volumen es tan gigantesco, que cualquier movimiento causa sacudidas. Las acciones de Nvidia subieron casi un 5% tras el cierre del mercado (después de haber mejorado un 3% durante la jornada), antes de caer ligeramente. Pero la firma es tan grande que unos pocos puntos suponen decenas de miles, hasta 100.000 millones de dólares en valor de mercado.
Los resultados del trimestre se esperaban para calibrar no tanto la salud de una empresa que va disparada, sino de un fenómeno transformador que explica el optimismo del mercado en un momento de caótica incertidumbre política, empresarial y macroeconómica. Con un EEUU endeudado, gastando más de lo que ingresa y que pone todos los huevos en la misma cesta para el futuro. El problema no son sólo los volúmenes, la fiebre por todo lo que suena a IA, la eclosión constante de start-ups y cómo el dinero vuela. Sino también las operaciones cruzadas.
Por ejemplo, una inversión auspiciada por Trump de 500.000 millones con Oracle y OpenAI. El cambio empresarial de ésta de la mano de Microsfot, que a su vez se ha aliado con Nvidia y Anthropic. Ayer, las tres explicaron que la fabricante de chips y el gigante del software invertirán 10.000 millones y 5.000 millones de dólares respectivamente en la empresa de desarrollo de inteligencia artificial, mientras Anthropic adquirirá 30.000 millones de dólares en capacidad de cómputo de Microsoft Azure y colaborará con las dos en el diseño y la ingeniería.
Según datos de Pitchbook, Nvidia invirtió 23.700 millones de dólares en empresas del sector con 59 acuerdos en lo que va de años. En todo 2024, Nvidia cerró un total de 54 acuerdos por valor de 22.800 millones de dólares. Y las inversiones en empresas de IA, 170 desde 2020, superan los 53.000 millones de dólares. Sólo en OpenAI ha invertido 100.000 millones, lo que genera muchas dudas sobre hasta qué punto la empresa se está comprando chips a sí misma.
Pero también son impresionantes los movimientos escépticos. El mes pasado, Huang adelantó que la compañía tenía pedidos por valor de 500.000 millones de dólares para los años 2025 y 2026, incluyendo el próximo chip Rubin, cuya distribución en grandes cantidades comenzará el próximo año.
Las acciones de Nvidia cayeron un 7,9% en noviembre después de que inversores destacados de deshicieran de sus posiciones. Lo hizo Thiel Macro, el hedge fund de Peter Thiel, que tenía unos 100 millones de dólares. Y sobre todo Softbank, con en torno a a 5.800 millones de dólares. Michael Burry, el inversor que se convirtió en una leyenda (y protagonista del libro de Michael Lewis 'The Big Short') y rico por haber predicho y apostado por el colapso inmobiliario de 2008, denunció esta semana el mercado de la IA, anunciando su salida y reprochando que es un sector "amañado" que no entiende.

