Desde hace unos años, los palmesanos han acuñado un término para referirse, con cierta sorna, a un fenómeno que les complica la jornada. Lo llaman Operación Nube y es algo tan simple como que, cuando llueve, el tráfico en la capital de Mallorca se vuelve exasperante, denso, mucho más complicado que el que provoca la congestión esperable en cualquier día lluvioso de cualquier otra ciudad española.
Los aparcamientos municipales se acercan al colapso con la riada de coches de turistas que, a la vista del parte meteorológico, deciden sacrificar su día de playa para hacer turismo cultural. Los semáforos a duras penas dan abasto y los residentes en los barrios periféricos de la ciudad sólo acuden al centro con sus vehículos en caso de perentoria necesidad.
El término, Operación Nube, es utilizado ya en la jerga política y policial, y las autoridades locales intentan paliar el aluvión de vehículos repletos de turistas, a la caza de gangas o de visitas culturales, ordenando el tráfico rodado, limitando el tránsito en zonas puntuales y promoviendo la utilización de transporte público.
Es uno de los efectos de la gran afluencia de coches en temporada alta y una de las consecuencias visibles de la boyante y estratégica economía turística que sostiene más del 40% del PIB de la región. Sólo en 2024 visitaron Mallorca más de 13 millones de turistas y el aumento del tráfico es una de las «externalidades negativas» que el gobierno regional asocia al turismo en temporada alta.
¿Pero cuál es la percepción social de esta derivada de la economía turística? Una encuesta encargada por el propio gobierno autonómico que desde 2023 preside Marga Prohens (PP), desvelada hace apenas unas semanas, cifra en más de un 80% el porcentaje de mallorquines que se muestran a favor de limitar el número de vehículos de alquiler en la isla como una de las medidas encaminadas a «gestionar el turismo».
De las cuatro Islas Baleares, Mallorca es aquella en la que, según la población consultada por esta encuesta, más consenso existe en torno a una eventual limitación de los coches que entran por los puertos, una medida inédita en otra comunidad autónoma española, al menos sobre un territorio tan extenso.
El estudio refleja que un 84,7% de quienes fueron encuestados se mostró «de acuerdo o muy de acuerdo» con esta limitación, sin entrar en más detalles sobre cómo habría que articularla o sin tener en cuenta la libre circulación de vehículos en la UE.
La isla más grande del archipiélago balear soporta la mayor concentración de población de la región insular, con un parque automovilístico que supera el millón de coches, prácticamente uno por habitante, según datos facilitados por el Consell de Mallorca, la institución insular que tiene las competencias en carreteras y movilidad.
En fase de desarrollo
Es precisamente este organismo el que ha tomado cartas en el asunto. Ya está trabajando en un proyecto para limitar la entrada de coches a la isla, una iniciativa sin precedentes en la isla, controvertida y criticada desde ciertos sectores económicos y que, aunque todavía está en fase de desarrollo, podría ser una realidad a partir de la segunda mitad del próximo año.
«No queremos prohibir la entrada de nadie, lo que hacemos es establecer una regulación de la entrada de vehículos atendiendo a la capacidad de las carreteras», explica Fernando Rubio, consejero insular de Movilidad y Territorio. «Esa capacidad se irá revisando mediante cupos anuales o bianuales», matiza, de tal forma que podrá ser revisable y flexible, como un acordeón, en función del volumen de visitantes que lleguen a la isla.
Antes de adoptar esta decisión, el Consell encargó un informe a una empresa especializada para mapear la situación y cuantificar el techo de vehículos. El estudio, al que ha tenido acceso EL MUNDO, ha sido elaborado por la consultora de movilidad Cinesi. Considera que el número máximo de vehículos que puede soportar Mallorca y su infraestructura «sin que acontezca una situación generalizada de saturación» oscila entre los 834.000 y los 863.000 vehículos. Según los datos oficiales, esa cifra lleva sobrepasándose año a año desde 2018, con un pico récord de 956.000 coches en 2023. El excedente de coches en los meses de mayor intensidad ronda por tanto los 100.000 vehículos.
Los estudios señalan una gran presencia de coches privados, a lo que hay que añadir el uso turístico de los vehículos, que incrementa el tráfico en un 25%, según el citado estudio. En 2018 circulaban por las carreteras mallorquinas 75.000 vehículos de alquiler diarios, una cifra que ha ido incrementándose en los últimos años.
El Gobierno insular de Mallorca ya tiene elaborado un borrador de la ley que señala a ese fenómeno, el del alquiler, como el responsable «de una manera notable de la congestión», tanto por el número de autos como por la gran cantidad de desplazamientos que realizan.
El sector de los rent a car se defiende reclamando su importancia en el tejido turístico balear y reivindicando la libre circulación de movimientos y de inversión. Además, se siente estigmatizado, como han denunciado desde la patrona de alquiler de vehículos (Baleval), que esgrime que los atascos se producen todo el año, no por culpa del turismo.
La ley permite al Consell establecer de forma anual o bianual un límite a la entrada y a la permanencia en la isla de vehículos de personas no residentes (a quienes posean una vivienda se les permitirá un coche por cada propiedad) . Además, se regulará el número de empresas de rent a car que pueden operar y se cobrarán tasas a la entrada de los vehículos que, por cupo, lo tengan permitido, con el fin de disuadir la llegada de más coches.
Como avanzadilla, el pasado verano se monitorizó y regularon los accesos a algunos lugares turísticos de la isla que se saturan, como Sa Calobra, Sóller o Cala Tuent. «Para complementar estas medidas mejoraremos la red viaria, somos conscientes de que eso puede mejorar la fluidez del tráfico y paliar la sensación de saturación puntual en las carreteras», explica Rubio, que busca un complicado consenso entre partidos políticos y sectores económicos para convertir Mallorca en el primer gran territorio español que regula y limita la entrada de vehículos. «No es una cuestión de ideología, sino de sostenibilidad».
"Tenemos un límite, aquí no podemos hacer autopistas de ocho carriles"
El director de Transportes de Ibiza hace balance del primer año de restricciones. La isla ha dejado fuera de circulación 12.000 coches de alquiler este verano.
«La isla es como un bote de chicles, tiene un límite, no puedes meter más vehículos de los que caben ni hacer autopistas de ocho carriles para darle fluidez al tráfico, es un territorio limitado y hay que cuidarlo». Roberto Algaba es el director de Transporte del Consell de Ibiza y estos días hace balance de la primera temporada en la historia de la Isla en la que ha estado vigente una normativa para limitar la llegada de coches en verano.
«Lo importante este año era poder ir sentando las bases jurídicas para poder afianzar la norma y en ese sentido estamos satisfechos con el resultado», indica, aunque confía en que poco a poco vaya perfeccionándose el funcionamiento, especialmente en lo que respecta a la coordinación con otros organismos y sectores del transporte.
El cruce de datos con la DGT, por ejemplo, tiene todavía que mejorarse, según explican fuentes del gobierno local, que se muestran optimistas para poder ir mejorando esa coordinación.
Según cálculos del Consell de Ibiza, con la nueva legislación insular, que a finales del pasado año fijó por primera vez en la historia de la isla un cupo a la llegada de vehículos, se quedaron fuera de sus carreteras un total de 12.000 coches de rent a car. Hubo en torno a 30.000 peticiones y operaron 16.000 vehículos de alquiler.
Además, agregan desde la institución insular, se ha alcanzado el tope de entrada de 4.068 coches diarios de forma ininterrumpida desde el 25 de julio hasta el 29 de agosto. Las sanciones van de los 1.000 a los 10.000 euros. Se quiere ir reduciendo esa cuota en 500 coches anuales de no residentes durante los próximos cinco años.
Se ha puesto coto también a la proliferación de caravanas en primera línea de mar. Un fenómeno que estaba descontrolado y que «generaba impacto visual y ambiental», según explica Algaba.
«El crecimiento exponencial de los vehículos que llegaban a la isla no era sostenible, el territorio es limitado y hay que regularlo», apostilla el responsable público del transporte en la isla, que se ha sumado así a la iniciativa que Formentera -la más pequeña de las Islas Baleares habitadas- ya empezó a implementar en 2019, con un tope de 2.280 coches al día.


