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Garamendi impone a su candidata en Cepyme por la mínima y acusa el voto de castigo de una patronal dividida

El gran reto de Ángela de Miguel a corto plazo será recomponer la unidad interna

El presidente de CEOE, Antonio Garamendi, junto a la elegida presidenta de Cepyme, Ángela de Miguel.
El presidente de CEOE, Antonio Garamendi, junto a la elegida presidenta de Cepyme, Ángela de Miguel.SERGIO PÉREZEFE
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«Si alguien interpreta que el propio Antonio Garamendi ha querido hacerse un plebiscito, allá él». Con estas palabras, el ya expresidente de Cepyme, Gerardo Cuerva, dejaba caer en una reciente entrevista en EL MUNDO que las elecciones de la patronal de las pymes supondrían, en realidad, una consulta abierta sobre el apoyo que tiene el presidente de la CEOE entre los empresarios. Bajo esa premisa, Garamendi ha salido reforzado porque su candidata, Ángela de Miguel, ha sido elegida presidenta. Sin embargo, con el resultado de la votación en la mano, muchos en la patronal concluyen que el vasco ha acusado un fuerte voto de castigo de una organización que ha salido de este proceso más dividida que nunca.

De Miguel ganó ayer las elecciones, pero lo hizo por apenas 30 votos. La candidata impulsada por Garamendi y todo el aparato territorial y sectorial de la CEOE obtuvo 246 votos de 466 emitidos sobre un total de 505 vocales con derecho a voto. Cuerva, por su parte, acumuló 216. Es decir, que la elegida presidenta logró un 52,8% del apoyo, mientras el empresario granadino se quedó en el 46,4%. Un resultado muy ajustado en una votación con una participación histórica del 92,3%, con tres votos nulos y uno en blanco. Tanto es así que los responsables de la mesa electoral desplegada en el Auditorio Rafael del Pino de Madrid tuvieron que contar los votos hasta en dos ocasiones porque en un primer recuento no cuadraban con los sufragios emitidos.

Superada la confusión inicial, el portavoz de la mesa procedió a comunicar el resultado a la expectante Asamblea General Electoral y a los impacientes candidatos que habían permanecido sentados en primera fila, el uno al lado del otro, durante los tensos y largos minutos que transcurrieron desde el cierre de las urnas. Antes de ese momento, y desde el mismo auditorio, podían captarse ya los primeros abrazos y felicitaciones a los miembros de la candidatura de De Miguel que acababan de conocer los resultados a pie de urna, a apenas unos metros de los candidatos.

Ya proclamada presidenta -la primera mujer en ocupar el puesto en la historia de la patronal-, De Miguel recibía la enhorabuena de su contrincante y subía al escenario a pronunciar su primer discurso como máxima representante de la patronal de las pymes españolas. El mensaje fue claro: se abre ahora una nueva etapa en la que toca trabajar «desde la unidad» para combatir la «situación dramática» que atraviesan los pequeños empresarios por las «decisiones unilaterales de un Gobierno que hace oídos sordos a una parte esencial de los interlocutores sociales, que somos las empresas». Mensaje hacia afuera, contra la política económica del Ejecutivo, y hacia adentro, reivindicando la unidad de acción empresarial frente al perfil propio que ha intentado marcar Cuerva, especialmente en su última etapa como presidente de Cepyme.

Unas filas más atrás, Garamendi, que había acudido a votar en las elecciones como vocal de Confemetal, escuchaba atento a su candidata vencedora. El presidente de la CEOE expresaba después a los periodistas su satisfacción por los resultados obtenidos y aseguraba que la victoria de Ángela de Miguel va a cerrar la división interna causada por el proceso electoral. Sin embargo, a nadie en la sala se le escapaba que el resultado de la votación había sido muy ajustado. «Una ventaja de 30 votos es pírrica para ser una candidatura impulsada por el aparato», comentaba un empresario en un corrillo. «Este resultado sólo evidencia la fuerte división interna», afirmaba otro representante patronal en otra conversación informal al término de la asamblea.

El propio Garamendi achacaba la escasa holgura en la victoria a que «la correlación de votos en Cepyme es muy diferente a la representatividad». Sin embargo, distintas fuentes de la organización empresarial consultadas por este medio coinciden en que el resultado de la votación esconde un elevado porcentaje de «voto de castigo», al entender que parte de los que han otorgado su confianza a Cuerva lo han hecho para mostrar su rechazo a la gestión de Garamendi en este «plebiscito». Asimismo, en ambas candidaturas constatan que ha habido una proporción decisiva de «voto traidor» o «desleal», ya que muchas de las organizaciones que expresaron públicamente su apoyo a De Miguel, en realidad, han acudido a votar divididas y algunos de sus vocales han optado en privado por la papeleta de Cuerva.

El gran reto que encara De Miguel a corto plazo, por tanto, es recomponer la unidad interna, según coinciden estas fuentes empresariales. No obstante, en el entorno de la candidata vencedora recuerdan un dato: «Juan Rosell ganó a Antonio Garamendi en las elecciones de CEOE de 2014 por apenas 33 votos y extendió su mandato durante cuatro años». Con este ejemplo quieren evidenciar que, tras este tipo de procesos electorales, por muy duros que sean, los empresarios tienden a «cerrar filas» y, generalmente, suelen hacerlo «en torno al poder».

Este miércoles se producirá la foto: Ángela de Miguel, que asume también el cargo de vicepresidenta de CEOE, se sentará junto a Garamendi en la reunión que celebran los máximos órganos de gobierno de la patronal. «A partir de que ocupe el despacho de la tercera planta de Diego de León, quienes han querido castigar a Garamendi con su voto mostrarán su apoyo a la nueva presidenta», pronostica un miembro veterano de la cúpula de la organización empresarial.