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Comprar, ralentizar o enfangar a su rival: las razones detrás de la oferta Musk por Open IA

La operación complica aún más la difícil reestructuración de la líder de inteligencia artificial, que ahora tiene un suelo de 97.400 millones cuando compense a la parte sin ánimo de lucro

Comprar, ralentizar o enfangar a su rival: las razones detrás de la oferta Musk por Open IA
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A menudo, los críticos del capitalismo han sostenido que la ambición, el egoísmo o la codicia eran las principales motivaciones y razón de ser de los empresarios. La búsqueda de beneficios a cualquier precio, sin importar las consecuencias. Pero en los negocios, como en lo que importa de verdad en la vida, caben todo tipo de acicates. La fama, el poder, la envidia, el odio. O todas ellas a la vez, como queda perfectamente reflejado en la oferta de 97.400 millones de dólares (94.500 millones de euros) que el lunes lanzó Elon Musk para hacerse con el control de OpenAI, la líder en inteligencia artificial que dirige su examigo y exsocio Sam Altman.

La oferta no amistosa de Musk, liderando a un grupo amplio de inversores, tiene muchas aristas. Nada más hacerse pública, Altman, sin conocer siquiera los detalles, respondió, usando la red social de Musk, "no gracias. Pero si quieres podemos comprarte Twitter por 9.470 millones". El hombre más rico del mundo, en la misma plataforma, le llamó varias veces "estafador". Hay una historia personal detrás de los movimientos, de desprecios, revanchas, lucha de egos. Pero hay mucho más y los insultos o las pullas, como Altman diciendo que su enemigo es "un hombre infeliz" e "inseguro en toda su vida" y que le da "pena", pueden convertirse en una cortina de humo.

"Creo que probablemente sólo está intentando frenarnos. Obviamente es un competidor (...) Me gustaría que compitiera simplemente creando un producto mejor, pero creo que ha habido muchas tácticas, muchas, muchas demandas, todo tipo de otras cosas locas, y ahora esto", resumió el martes por la mañana Altman en una entrevista con Bloomberg desde París, donde está para participar en una cumbre sobre inteligencia artificial convocada por Emmanuel Macron y con la presencia del vicepresidente de EEUU, J.D. Vance. Altman no tiene equity en OpenAI, pero la junta ha discutido que se lleve hasta un 7% incluso cuando la transformación que está en marcha concluya, lo que supondría miles de millones de euros.

Musk, que hipócritamente dice defender el espíritu nonprofit de OpenAI, sabía perfectamente que aunque la cifra que ha puesto sobre la mesa es importante, y lleva detrás implícitamente la aprobación y el respaldo de Donald Trump, Altman diría que no. Porque no quiere perder el control, porque no quiere que su archienemigo se haga con él y porque en breve, si el complicado rompecabezas que tiene delante logra cuadrarse, el valor de OpenAI será el doble o el triple de esos 100.000 millones de dólares. Incluso si el mercado y los miembros de la junta consideraran que el precio es justo y bueno, OpenAI en teoría debe cumplir con su cumplir con su mandato legal, que ahora mismo es "promover de forma segura la inteligencia artificial en beneficio de la humanidad", no lograr beneficios a unos accionistas. Al frente de esa junta, por cierto, está Bret Taylor, que irónicamente formaba parte de la junta de Twitter cuando el dueño de Tesla o Space X se hizo con ella.

Musk, que ha demostrado en alguno de sus negocios que está dispuesto a sacrificios o gambitos millonarios pensando en el futuro, quiere OpenAI, pero si no puede tenerla, no al menos ahora, quiere ponerle tantos palos en las ruedas como sea posible. Y para eso, las dos mejores vías, que está combinando hábilmente, son la judicial y lo que hizo este lunes.

Si Altman y la junta de OpenAI, que en octubre de 2023 lo echó en un culebrón increíble porque no se fiaban de él y de sus intenciones, aceptan la oferta, gana. Si no lo hacen, pero logra enfangar sus planes de escindir la empresa en dos partes, una con ánimo de lucro [que se creó para poder lograr financiación aun siendo algo parecido a una ONG] y otra, la que tiene el poder, sin ánimo de lucro, que es como nació originalmente. O si logra encarecer la transformación y ralentizar su desarrollo mediante pleitos y triquiñuelas, mientras la propia aventura de Musk, xIA, avanza y recupera terreno [como cuando firmó una petición pública para que se suspendieran los avances en IA en teoría por preocupaciones por la seguridad]. Pues victoria también, aunque sea parcial.

La IA es el camino hacia el mañana. Musk no pudo controlar OpenAI desde dentro, y por eso dejó la aventura en 2019, cuatro años después de haberla creado junto a Altman. Así que intenta hacerlo desde fuera. "Nuestra estructura garantiza que ningún individuo pueda tomar el control de OpenAI. Son tácticas para intentar debilitarnos porque estamos logrando grandes avances", escribió el lunes Altman en un mensaje interno.

La oferta de compra es una variante del caballo de Troya. Altman tiene un producto estrella, el interés de todo el planeta, a muchos inversores dispuestos a sacar la cartera por un pedazo del pastel. Pero tiene que cuadrar un círculo: cómo compensar adecuadamente a la organización sin fines de lucro que tiene el control de la empresa como parte del plan para escindirla y convertir al desarrollador de ChatGPT en una empresa con fines de lucro. Musk, Meta y otros llevan tiempo denunciando que la jugada de Altman implicaría infravalorarlo para que su parte sea más sustancial, y por eso han llevado la causa a los tribunales de California, donde tiene la sede, y de Delaware, donde OpenAI está constituida,

Inevitablemente, los 97.400 millones de dólares de Musk y sus amigos ponen una presión notable sobre la junta directiva de OpenAI y los equilibrios. Cuanto mayor sea la valoración de la parte sin ánimo de lucro, mayor tendrá que ser su participación en la organización con fines de lucro o la compensación en efectivo. Y ahora ya no puede haber estimaciones vagas, porque los 97.400 millones ponen un suelo, uno muy elevado. Y sólo tienen dos años para concluir la transformación y reestructuración, o tendrán que devolver todo el dinero levantado.

Igualmente, esta cifra de valoración afecta a quienes ya forman parte de los negocios y a los inversores que están siendo captados en las sucesivas rondas. OpenAI no cotiza, así que las valoraciones se hacen a través de las rondas de financiación, que muestran los que los agentes del mercado estiman. En octubre, OpenAI logró más de 6.000 millones, lo que dio una valoración indicativa de en torno a 160.000 millones de valor real. Pero está ultimando que un conglomerado financiero japonés aporte 40.000 millones más, lo que dispararía la valoración por encima de los 300.000 millones de dólares.

Por si esa parte no fuera suficientemente complicada, OpenAI está negociando cuánta participación debería recibir Microsoft, su mayor inversor hasta la fecha y una de las razones de la ira de Musk, en la empresa con ánimo de lucro, junto con otros participantes y empleados. Es de esperar que no sólo Microsoft sino los próximos inversores reclamen una parte relevante del capital cuando OpenAI pase a ser formalmente una empresa y no una fundación. Satisfacer a todas esas partes ya se había demostrado una pesadilla, pero ahora Musk forzará muy probablemente a que el capital que le corresponda a la organización sin fines de lucro aumente. Un caos. Por no hablar de los tribunales, que deben garantizar que las compensaciones son justas. Si Altman esperaba tirar por la parte baja de la horquilla, su gran rival ha subido la puja.