Jiading, al noreste de Shanghai, tiene más habitantes que la suma de las poblaciones de Valencia y Bilbao. Este distrito es famoso por albergar el vasto circuito de F1 donde se celebra el Gran Premio de China y por sus barrios antiguos levantados sobre canales, al estilo Venecia. Pero ahora muchos visitantes pasan por Jiading para subirse a la nueva atracción: los robotaxis, coches autónomos que se están probando en este distrito y que pronto circularán por toda la capital financiera de China.
Ha sido el gigante tecnológico Baidu, el hermano chino de Google, quien ha soltado en Jiading alrededor de 300 taxis sin conductor. Así lo promociona la aplicación de Baidu, Apollo Go, que presume de superar los 10 millones de pedidos este año. Pero al solicitar por la app el robotaxi, pensando en la escena ya no tan futurista del vehículo moviéndose con el asiento del conductor vacío, es inevitable la decepción al ver que el coche llega con un hombre que está aparentemente al volante.
-¿Este no era un taxi autónomo?
-Lo es. Yo no conduzco. Pero las autoridades locales por ahora obligan a la empresa a que en todos sus coches haya un conductor para que pueda tomar los mandos en caso de algún imprevisto. Es por seguridad. Pero el servicio ofrece una conducción autónoma completa, el auto se mueve gracias a los sensores, a toda la información recopilada por las cámaras y a los dispositivos de geolocalización.
El (no) conductor pide que no se le hagan más preguntas porque no tiene permiso para hablar con los pasajeros. "Tenéis que hacer como si yo no estuviera aquí", bromea. El automóvil eléctrico autónomo que recoge a los clientes es un Apollo RT6 blanco con un volante desmontable. Cuenta con hasta 38 sensores, incluido un radar de onda y 12 cámaras en la parte delantera, trasera y en los laterales.
Al abrir la aplicación, aparece un mapa de Jiading con todos los puntos de recogida donde llega el robotaxi. Es mucho más barato que un servicio de taxi convencional. El paseo que damos de siete kilómetros cuesta 10 yuanes, que al cambio son 1,30 euros. Si se selecciona un Didi, el equivalente en China a Uber, son 40 yuanes (cinco euros) lo que se paga por recorrer esa distancia.
El tipo sentado en el asiento del conductor es un mero espectador durante todo el trayecto. Sus manos no tocan el volante en ningún momento. Cuando llega el taxi, el cliente, para poder abrir la puerta, tiene que marcar un código que le facilita la aplicación sobre una pantalla táctil que se enciende en la ventanilla trasera del coche. Dentro, se encuentra un amplio espacio con reposacabezas con pantallas grandes donde se pueden seleccionar películas chinas, juegos para niños, escuchar música o seguir el mapa digital que guía al vehículo.
Polémicas
Cuando Baidu presentó hace dos años por primera vez el Apollo RT6, desveló que la producción de cada coche costaba 250.000 yuanes, poco más de 30.000 euros al cambio. "Estamos avanzando hacia un futuro en el que tomar un robotaxi costará la mitad de lo que cuesta coger un taxi hoy en día", aseguraba Robin Li, director ejecutivo de Baidu.
La compañía ha anunciado también que sus robotaxis pronto contarán con un sistema de inteligencia artificial (IA) conversacional, similar al ChatGPT, que amenizará los viajes de los pasajeros con una "conversación natural" si así lo desean.
Apollo Go ya opera en más de decena de grandes urbes de China. Donde mejor funciona por ahora es en Wuhan, en el centro del país. Allí, los robotaxis sí que llegan sin conductor. La compañía aseguró que, en el primer trimestre de 2024, las reservas de los taxis totalmente autónomos representaron en esta ciudad el 55% de todos los servicios de transporte compartido.
Aunque el uso de los robotaxis ya se está normalizando en Wuhan más que en ningún otro punto de China, el servicio ahora se ha visto sacudido por varias polémicas. "Un coche sin conductor atropella a una persona que cruzaba con el semáforo en rojo", rezaba un titular del diario chino Yicai del pasado fin de semana.
Desde Baidu aseguraron que su vehículo arrancó cuando el semáforo se puso en verde y que fue el peatón quien cruzó indebidamente, provocando un choque que le dejó herido leve. Una explicación que no ha evitado que en las redes sociales se viralizara la noticia con debates sobre la capacidad de estos robotaxis de reaccionar con rapidez ante un imprevisto como este.
Otra polémica saltó también en Wuhan hace unos días después de que muchos taxistas protestaran porque sus bolsillos se están resintiendo con la competencia de los robotaxis. Creen que pronto perderán sus trabajos porque los clientes prefieren los vehículos autónomos, que son más baratos, cómodos y modernos.
Wuhan Jianshe Automotive Passenger Transportation, un operador local de taxis, envió la semana pasada una carta a las autoridades locales pidiendo que regularan el servicio de los robotaxis. Actualmente en Wuhan hay más de 500 de estos coches moviéndose en una ciudad de 11 millones de personas. El operador argumentaba que cuatro de sus taxistas habían tenido que cambiar de trabajo debido a la disminución de sus ingresos.
China lleva tiempo buscando convertirse en el indiscutible líder mundial de los coches sin conductor. La semana pasada, las autoridades dieron licencia a otras empresas tecnológicas (Saike Technology, Pony.ai y Auto X) para que el público pueda empezar a probar sus robotaxis en ciudades como Shanghai y Wuhan. Los medios chinos también han señalado que el CEO de Tesla, Elon Musk, habría solicitado el pasado mayo a Pekín la autorización para probar en el país asiático sus propios robotaxis con su sistema de conducción autónoma total.

