ECONOMÍA
Ante el 1 de mayo

¿Tienen futuro los sindicatos?: "No deben despistarse de su objetivo, la defensa del trabajo"

Líderes históricos sindicales, la CEOE y el CES defienden su papel desde el inicio de la democracia y cómo se han adaptado a la nueva economía

¿Tienen futuro los sindicatos?: "No deben despistarse de su objetivo, la defensa del trabajo"
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Muchos trabajadores en España y en muchos otros países del mundo saldrán mañana a la calle para celebrar el Día Internacional del Trabajo, exigir derechos laborales aún no conquistados y defender los logros alcanzados, una reivindicación que se repite año a año desde 1889, cuando se declaró oficialmente este día. En España, UGT y CCOO animan a los trabajadores a salir a la calle este lunes, a pesar de que el clima de protestas ha sido tranquilo en los últimos cinco años y de que la inflación, que muerde los salarios y se lleva un buen pellizco de poder adquisitivo, no ha enfadado suficientemente a los asalariados.

No ha habido huelgas generales ni movilizaciones masivas, sí protestas y conflictos en algunos sectores y lugares concretos del país. El sindicalismo ahora se fija más que antes en quien ocupa la Moncloa a la hora de movilizar a las masas y este año, además, está de celebración por los acuerdos conseguidos con el Gobierno de Pedro Sánchez: la reforma laboral, la de pensiones, la ley de repartidores, la del teletrabajo, los ERTE... conquistas con las que están satisfechos y que no les animan a protestar. "¿Cómo vamos a hacerle una huelga general a un Gobierno con el que hemos pactado todo esto?", se pregunta Pepe Álvarez, secretario general de UGT.

Atrás quedaron momentos como los vividos en los años 80 y 90, cuando UGT y CCOO hicieron hasta cuatro huelgas generales al gobierno socialista de Felipe González, la más dura la del 14 de diciembre de 1988. "Tuvimos que hacer las huelgas generales no por gusto, sino por necesidad ineludiblible, porque Felipe González rompió el diálogo social e impuso políticas regresivas. El conflicto no es una sublimación para un movimiento sindical honesto y sensato, no se utiliza la fuerza de los trabajadores para llevarlos a huelga por gusto. Hoy los sindicatos tienen posibilidad de conquistar avances sin necesidad de tanta beligerancia y esto es un dato positivo", explica a EL MUNDO Antonio Gutiérrez, quien fue secretario general de CCOO entre 1987 y el año 2000.

En su opinión, el inmovilismo de la CEOE con los salarios, hace que los sindicatos "están mas que legitimados, después de lo que han aguantado y de que ser degradados tantas veces por la patronal, para lanzar una movilización muy fuerte en las empresas". "No una huelga general, porque no se da la misma situación en todas las empresas y sectores, pero por recuperar una vieja metáfora, la patronal está provocando una nueva galerna de huelgas", señala quien impulsó junto a Nicolás Redondo las mayores movilizaciones de la democracia y, precisamente, cuando gobernaba la izquierda.

No se utiliza la fuerza de los trabajadores para llevarlos a huelga por gusto

Antonio Gutiérrez, exlíder de CCOO

Este último, fallecido el pasado 3 de enero, tuvo una voluntad clara de hacer un sindicato muy autónomo del PSOE y, de hecho, en la huelga general de 1988 tomó la decisión de quitar la obligación que tenían los afiliados del sindicato de estar afiliados también al partido. "Llegó a invitar a José María Aznar a los congresos del sindicato cuando era el líder de la oposición, antes de que gobernara, algo que no se había hecho antes y que no sé si hace ahora. Reivindicaba esa libertad de acción con los gobiernos de derecha e izquierda. En el PSOE nunca lo entendieron, ni que confrontara con ellos con esa beligerancia. Él reivindicaba que la UGT era autónoma y generó mucho malestar en el partido, que creía que el sindicato era uno de sus instrumentos. Pero eso le costó mucho sacrificio y mucho duelo. La huelga del 14 de diciembre, que fue un gran éxito, la pago con ostracismo y aislamiento, pero él creía que lo debía hacer y es lo que hizo. Es la idea que tenía de la organización sindical, demasiado romántica, quizá, pero moderna a la vez", relata una persona de su entorno a este periódico.

Cándido Méndez, quien estuvo al frente de UGT durante 22 años, desde 1994 a 2016, defiende que los sindicatos no se mueven en función del partido que gobierne, sino en función de los contenidos y la legislación: "La ideología la hemos dejado por el camino. Ahora el movimiento sindical está consiguiendo objetivos históricos, como que el Salario Mínimo alcance el 60% del salario medio, o que se plantee el debate de las pensiones no sólo desde el punto de vista de racionalizar el gasto, a partir de la concepción de que llegar a viejo en España es un delito de lesa hacienda pública". Esos logros disuaden las movilizaciones, pero coincide en que "padecemos unas dificultades espectaculares para conciliar la subida de los salarios con la inflación".

A Méndez, le parece loable que los sindicatos persigan objetivos más allá de la defensa de los derechos de los trabajadores -relativos a fiscalidad, medio ambiente, igualdad, etc.-, pero admite cierta preocupación ante la posibilidad de que eso los haga despistarse del que debe ser su reto principal: "Hemos incorporado desde hace tiempo elementos relacionados con la perspectiva de género, el feminismo, la lucha contra la xenofobia, objetivos muy nobles... pero creo que deberíamos evitar el peligro de sustituir nuestro objetivo fundamental, que debe seguir siendo la defensa del trabajo con derechos", advierte a este medio. "No podemos descuidar nuestro objetivo principal, porque todo empieza por el trabajo".

No tenemos unos sindicatos revolucionarios que quieran cambiar el orden político, sino que son reformistas

Antón Costas, presidente del CES

La defensa del empleo es algo que cree que perdurará en el tiempo y sobrevivirá a los cambios que impulsa la digitalización, incluso a pesar de que en muchos modelos de trabajo las relaciones laborales no están tan cohesionadas. "El sindicalismo tiene que plantear un objetivo basado en un triángulo virtuoso: descarbonización, digitalización y trabajo con derechos".

El papel de los sindicatos ha ido evolucionando desde que se instauró la democracia en España, de la que fueron impulsores. "La necesidad de consenso que hubo en el inicio de la democracia llevó a configurar dos actores nuevos: sindicatos y patronales, que han manifestado a lo largo de estos 50 años una capacidad de negociación y de acuerdo que no la encuentras en casi ningún otro país europeo y que culmina en la última reforma laboral, que es la primera que se ha aprobado con el acuerdo de todos", destaca para este periódico Antón Costas, presidente del Consejo Económico y Social (CES), una institución que ofrece un foro de diálogo institucional permanente, que crea un clima favorable para el diálogo social entre los sindicatos y la patronal.

"En España, tenemos unos sindicatos y también unas patronales con capacidad reformista. No tenemos unos sindicatos revolucionarios que quieran cambiar el orden político, sino que son reformistas y creo que ese es uno de los activos que ha tenido el crecimiento y el progreso económico y social de nuestro país", destaca.

"La contribución y el papel de los sindicatos españoles durante la lucha contra la dictadura, en favor de la democracia, es una contribución infravalorada todavía, porque quienes catalizamos el paso a la democracia fuimos las luchas obreras", defiende Gutiérrez, exlíder de CCOO.

Conflictos y retos para el futuro

Desde la CEOE también admiten que "el papel de los sindicatos ha sido imprescindible en la consolidación de la democracia y lo sigue siendo en su defensa. El diálogo social ha sido clave para el desarrollo de nuestras relaciones laborales, para su modernización y su consolidación partiendo del pacto y del acuerdo como expresión del respeto al otro. Como siempre decimos en CEOE, empresarios y sindicatos pactamos hasta los desacuerdos", señalan a este medio.

La patronal sabe que "el día Primero de Mayo es la fecha en la que los sindicatos plantean sus posiciones de manera más reivindicativa", pero creen que el lugar para conseguir acuerdos son las 4.500 mesas de negociación que tienen abiertas para pactar convenios. "Es la base del diálogo social en España".

Saben también que los salarios son el principal motivo de conflicto en el país, pero por ahora no han presentado una contrapropuesta a la planteada por los sindicatos para renovar el Acuerdo por el Empleo y la Negociación Colectiva (AENC), que pasa por subidas salariales (del 5%, 4,5% y 3,75% en 2022, 2023 y 2024, respectivamente) y por aprobar cláusulas de revisión salarial en función de la evolución de la inflación y de los beneficios empresariales.

"CEOE está sentada, dialogando, para ver si es posible llegar a un pacto para renovar este acuerdo. Pero, como siempre hemos dicho, para ello, para poder negociar adecuadamente, necesitamos discreción. Porque el diálogo social se cierra en las mesas de negociación, no con declaraciones públicas o en los medios. Nosotros siempre estamos dispuestos a llegar a acuerdos que nos permitan mejorar la situación de las empresas y la vida de los ciudadanos, en general", dicen.

En 2022, el número de huelgas ordinarias en España fue de 679 (frente a las 898 que tuvieron lugar en 2019, el último año antes de la pandemia) con un total de 234.393 participantes y 627.967 jornadas sin trabajar. El sector servicios fue el que acumuló la mayor cantidad de personas en huelga (164.843), seguido de la industria (66.086), la construcción (2.926) y el sector agrario (538).

Los sindicatos han dado un ultimátum a la CEOE, de forma que si en mayo no avanzan las negociaciones, intensificarán sus movilizaciones, pero previsiblemente no en forma de huelga general. Pese a que son muchos los logros que han conseguido en esta legislatura, les quedan muchos retos para la próxima.

Entre ellos destacan la reforma del coste del despido, después de que el Comité Europeo de Derechos Sociales emita resolución sobre si el sistema actual en España es lo suficientemente resarcitorio; abrir una segunda parte de la reforma laboral sobre las causas del despido colectivo; abordar el debate sobre la participación de los trabajadores en las empresas y solucionar el problema de los 3 millones de parados en el país.

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