A veces conviene tomar distancia para percibir las cosas de otro modo. Aquí, en Nueva York, asumiendo ya mi nueva responsabilidad como directora de las WTA Finals, puedo asomarme a una ciudad negada durante mi época en activo, mirar también desde una nueva perspectiva este torneo que a menudo consume a sus protagonistas. El US Open llega en el último tramo de la temporada, con los jugadores golpeados por un calendario que, además, este año ha agregado los Juegos Olímpicos. Es un torneo singular, con una atmósfera distinta, festiva, con un punto caótico. El público neoyorquino vive el tenis de otra manera, adora la pasión y el dramatismo como ningún otro.
Aquí vuelve Carlos Alcaraz, con sólo un partido tras la plata olímpica, y el incidente de su reacción en Cincinnati cuando se enfrentó a Gael Monfils. Me parece algo normal lo que sucedió. Hasta me extraña que no hubiera sucedido antes. Cierto es que Rafael Nadal nunca lo hizo, pero es un caso excepcional. Carlos es Carlos. Tiene sólo 21 años y la presión propia de un ya poseedor de cuatro títulos del Grand Slam. Lo importante es que sabe llevar muy bien los torneos de dos semanas y, con un tenis tan espontáneo y agresivo, muestra un grado enorme de consistencia. Ya ha ganado aquí. Diría que es el principal candidato al título.
A Jannik Sinner le va a afectar el lógico revuelo generado por el dopaje. Es un chico introvertido que se verá con los ojos encima no sólo de los aficionados sino en las actividades cotidianas en la zona de jugadores, en el trato inevitable día a día con sus compañeros. A la mochila de ser uno de los favoritos se le suma esta situación desagradable, que pondrá a prueba su entereza emocional.
Qué decir de Novak Djokovic, de nuevo en la carretera tras conseguir el anhelado oro olímpico en París. No deja de sorprenderme su capacidad de seguir queriendo hacer historia, con todo lo que eso exige. Es el dios del tenis. Tres semanas después, se encuentra listo, con la motivación intacta y dispuesto a pelear por conseguir su vigesimoquinto título del Grand Slam. Se dice pronto. Será tan favorito como el que más.

