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Ray Zapata, una cerveza pese al diploma por una "penalización justa" y la cicatriz de la última lesión: "Siempre creí en mí"

El gimnasta español concluyó séptimo en la clasificación, pero se mostró satisfecho por el resultado: "He cumplido mis sueños de niño".

Rayderley Zapata, durante su concurso.
Rayderley Zapata, durante su concurso.Sashenka GutiérrezEFE
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«He cumplido mis sueños de niño: llegar a unos Juegos, conseguir una medalla y ahora un diploma olímpico». Ojalá todo el mundo asumiera la decepción como Ray Zapata. El gimnasta español, de 31 años, se mostraba sinceramente satisfecho con el séptimo puesto en la final de suelo celebrada ayer en París. No logró la tan ansiada medalla, la que diera continuidad a la plata conseguida en Tokio, pero sonreía. «Venía de una lesión, pero he creído en mí, he competido y ahora toca seguir adelante», explicó tras la competición.

La medalla de oro fue para el gimnasta filipino Carlos Edriel y la plata para el israelí Artem Dolgopyat, con quien Zapata se había jugado el oro hace tres años en una polémica final. Ambos tuvieron la misma puntuación, pero los jueces dieron la victoria al israelí debido a una norma que ni el propio Ray, que acabó llorando, conocía. Esta vez, aunque la puntuación al español pareció baja, él espantó cualquier polémica.

Zapata fue el primero en ejecutar su prueba en un estadio que le jaleaba con muchas banderas españolas. Salió sonriente y alzando los brazos. En cada diagonal había piruetas en silencio, y después, el sonido de sus pies al clavar en el suelo. Con contundencia. Zapata era aclamado y salió como había entrado en el tapiz, con una sonrisa abierta. Luego llegó la espera, la más larga de los ocho gimnastas que realizaron el ejercicio. Finalmente, los jueces le dieron una puntuación de 14.333, pero la nota tardó y se le aplicó una penalización, por haberse salido ligeramente del tapiz. Ahí ya sabía que se le complicaba la medalla.

«Ya he visto que hay gente enfadada por la penalización. En Tokio sí creo que no fue justo, pero en este caso no es así, porque he cometido un error en la segunda serie. Estoy contento con lo que he hecho, hace dos meses estaba con una bota inmovilizadora puesta, pero he creído en mí y ahora toca seguir», dijo tras acabar la entrega de medallas.

"Los Juegos de 2028 van a ser buenos"

Un gimnasta, cuando va enlazando series en el aire, va dejando atrás la precedente. La valoración global del ejercicio propio, cómo ha sido la acrobacia o si se ha salido ligeramente el pie de la pista, llega después. Pero ser el primero en salir permite ver al resto. Así que las opciones se le fueron esfumando. El segundo en salir fue el israelí, que ya obtuvo una puntuación de 14.933. El filipino fue tercero, con la mejor nota 15.000. «El hecho de salir primero perjudica. Es por sorteo, pero siempre me toca primero o segundo», se resignó Ray.

Zapata es un oasis en una gimnasia española sin otro representante en final alguna. Aun así detecta un cambio de mentalidad en el equipo nacional: «Todos están disgustados. Antes veníamos a los Juegos a participar, pero ahora venimos a meternos en las finales. Los Juegos de Los Ángeles van a ser buenos», aventuró, en referencia a la próxima sede olímpica.

Zapata acabó el ejercicio con un sonrisa y animando al estadio, devolviendo el cariño que recibió durante toda la tarde. Se abrazó a su entrenador. También estaban sus hijos. «Yo siempre he tenido el apoyo al 100%», afirmó, en referencia a la presencia de su familia y el ánimo de sus amigos y del resto del equipo. «Ahora toca descansar e iré a tomarme una cerveza», dijo, siempre con la sonrisa y ese optimismo que le caracteriza. Incluso minimizó los problemas que ha tenido estos días, afectado por un sarpullido: «Aquí venimos a competir, no venimos a quejarnos».

Gervasio Deferr, su ídolo

A sus 31 años, estos son sus terceros Juegos. Se estrenó en los de Río 2016, consiguió la plata en Tokio y en estos de París buscaba llegar más allá, pero ha pasado gran parte del año recuperándose de una lesión de gemelo. Se repuso de una en el tendón de Aquiles en 2017, antes de la plata en Tokio.

Nacido en República Dominicana, de niño su familia se afincó en Lanzarote, él se entregó a la gimnasia desde los 11 años y pasó parte de su adolescencia en el Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat con su ídolo, Gervasio Deferr, el único español que había conseguido llegar a esta final (y ganar medalla) antes que él. «El año pasado, por ejemplo, quedé noveno del mundo. Estas cosas pasan, pero siempre he estado ahí y he peleado por las finales individuales, igual que las de equipo».

Zapata seguramente ya no esté en Los Ángeles, pero se despide con un mensaje tan optimista como él. «La gimnasia española está en pleno auge. Se ha invertido mucho, se ha apostado y eso se nota», sentencia. Y lanza una petición: «Hay que apoyar más y creer en el deportista. Por ejemplo, yo, cuando estoy en el gimnasio entrenando, siempre pregunto hasta al más joven de la sala qué le ha parecido mi salto. Siempre queda más por aprender».

Y se va sonriendo. Lo dicho, ojalá todo el mundo asumiera la decepción como Ray Zapata.