Dos fogonazos, uno de Mbappé y una genialidad de Modric, salvaron al Real Madrid de una derrota muy tóxica. El equipo de Ancelotti siempre puede jugar peor, sea cual sea el enemigo. Y sólo se salvan los grises-morados con un par de destellos. El Madrid actual es una calamidad.
A veces, me pregunto si este equipo es el campeón de Europa. Es imposible. Es una blanca palidez del año pasado. Cada vez más perjudicado por los estúpidos inventos de Ancelotti, que cada vez tiene más paura al fracaso. Ya me dirán la razón por la que Bellingham jugó de extremo derecho, una posición que le hurta de sus llegadas imprevisibles y de su juego de mediapunta, que es lo que ha sido siempre.
Prosigue un huego mediocre, desfasado, porque los centrocampistas están sin juego, sin pases, ni organización. Fue un escándalo cómo el Celta se presentaba en las mismas barbas de Courtois, que por enésima ocasión salvó al equipo de una desvergüenza. Los vigueses, sin estrellas, con jugadores limitados técnicamente, burreaban a los dos franceses y a un desbordado Valverde.
El Madrid pareció el Celta. Por táctica, por un sistema de juego asombroso, como marcado por la insignificancia, como perturbado mentalmente. Con dos jugadores franceses, que jamás podrían ser conductores de un equipo .
Y mucho menos el tal Aurelio Tchouameni, que no puede vestir esa camiseta ni un partido más. Nunca debió jugar de titular. ¿Recuerdan cómo Bamba se reía de Fran García? Hasta el punto que dio dos goles.
Y la maravilla celeste del 1-1, con una jugada de toque, de precisión, en sólo cuatro pases ante Rudiger y Militao, que ya no juegan como antes. Y Lucas Vázquez no es lateral. ¿Se acuerdan cuando era un extremo derecho, que además sabía centrar con inteligencia? Ahora, con sus desapariciones, no encaja nada.
Esta tarde he visto jugar al fantástico Nico Paz en el Como, que estuvo soberbio. Una idiotez haber vendido la mitad de sus derechos por unos míseros seis millones de euros. Es otra calamidad y despropósito de Ancelotti, que a lo mejor recibe órdenes del ser superior, ya que no le gustan nada los futbolistas que no venden camisetas.
Y así tenemos a un caduco Ancelotti y a Florentino, que como ha fichado a Mbappé se creía que ya estaba solucionado. Sin defensas, sin centrocampistas. El pecado puede ser calamitoso. Una sombra negra se percibe para el martes con el Dortmud y nubes muy negras con la llegada del Barcelona de Flick. Decían los católicos, ante un grave peligro, la frase de "Dios nos coja confesados". Pues eso, Ancelotti.
