- Herzlich Willkommen! Carta a Morata, un capitán que enorgullece a España
- Opinión Morata y la masculinidad tóxica
Desde el reconocimiento de las comodidades y facilidades para el espectador del fútbol de hoy, expuestas ampliamente en esta Eurocopa, echamos de menos la simplicidad original de un deporte sencillo. Su lógica y su viejo lenguaje.
Añoramos aquellos tiempos en los que el balón era "el cuero" porque pesaba. Los modernos, más ligeros que un buñuelo de viento, tienden a encabritarse, volanderos, en su trayectoria. Y, dados a arabescos caprichosos, están creando generaciones de porteros que ya no saben, que han olvidado blocar. No se atreven, temerosos de que "el plástico" les haga un jeribeque en el último momento.
Tiempos en los que los zurdos jugaban por la izquierda y los diestros, por la derecha. En los que no existían los "carrileros" y los "mediapuntas". En los que los equipos se defendían cerrándose y no "en bloque bajo". En los que había "interiores" y no todos los centrocampistas eran "mediocentros". En los que los no habituales eran suplentes y no "la segunda unidad". En los que las faltas se señalaban, no se "señalizaban".
Sentimos una nostalgia invencible de aquellos tiempos en los que la palabra "golpeo" permanecía plácidamente recluida en las ignotas profundidades del diccionario y no suponía una plaga invasiva y estomagante. Tiempos en los que gargantas ilustradas empleaban con pulcritud todas las preposiciones y no solamente "sobre" (tarjeta "sobre" Fulano, el balón golpea "sobre" el poste, agarrón "sobre" la camiseta", Pepe encara "sobre" Juan...).
Tiempos en los que voces cultas y bien timbradas, no chillonas, ni chirriantes, ni nasales, utilizaban los artículos determinados y no su elusión. Tiempos en los que le hubiera costado el puesto a quien dijera "en alineación por derecha" o "en inicio de jugada". Tiempos en los que el jugador pasaba, disparaba, remataba o centraba, en lugar de "buscar" el pase, el disparo, el remate o el centro.
Tiempos en los que cantar un gol, desde el más trascendente hasta el más superfluo, se tratase de una obra maestra o de un "churro", no suponía un concurso de frenéticos berridos de Histéricos sin Fronteras. Ni siquiera en el paroxismo de su veta populachera es admisible en el fútbol tamaño derroche de histrionismo.
Tiempos que el tiempo se llevó. Pero que en algo son tiempos intemporales. No hay entrenadores ni árbitros negros.

