Cuando decidieron que no acudirían a la gala del Balón de Oro en París, molestos por el trato del premio a Vinicius y Carvajal, los responsables del Real Madrid situaron a un nuevo protagonista al otro lado de su trinchera. «Balón de Oro-UEFA no respeta al Real Madrid y el Real Madrid no está donde no se le respeta», fue la frase que repitieron fuentes del conjunto blanco durante las horas más tensas del lunes. De nuevo, la dirección de Chamartín hacía suya la norma que parece haber impuesto en cada una de sus batallas y relaciones con las organizaciones del fútbol europeo y mundial en los últimos meses: «Ante cada ataque, una reacción», insisten en Valdebebas. Lo sucedido en la capital francesa fue un «acción-reacción» más en la larga lista de combates que mantiene vivos el Madrid.
Florentino Pérez siempre ha sido un enamorado del Balón de Oro, distinción única para futbolistas únicos. Así eligió, además de por su innegable talento, a sus primeros galácticos: Figo, Zidane, Ronaldo, Owen... Todos bañados en oro. Y en oro se convirtieron sus galácticos de segunda generación: Cristiano Ronaldo, Luka Modric y Karim Benzema. Ahora, con el premio que esperaban para Vinicius, se iniciaba la tercera ola de jugadores de oro, con Bellingham y Mbappé en la retaguardia para pelear los próximos galardones.
La entrada de la UEFA en el premio
Pero algo cambió. El Madrid supo hace algunos meses que la UEFA había entrado por primera vez en medio siglo en la organización del Balón de Oro y comenzó a fruncir el ceño, aunque asumía, como lo hacía también el entorno de Vinicius, que el premio iba a ser para el brasileño. Sin embargo, la cronología de hechos de los últimos dos días ha devuelto al Madrid a la trinchera contra la entidad que preside Ceferin. Los responsables del conjunto blanco intentaron descubrir quién era el ganador antes del lunes y sólo obtuvieron silencio, algo que molestó, siempre con el pensamiento de que la UEFA torpedeaba la situación.
El enfado por el silencio dio paso a las filtraciones y al conocimiento de que el ganador era Rodrigo. Enfado mayor, porque el Real Madrid considera que si los criterios individuales y colectivos dieron vencedor a Rodrigo, antes deberían haber dado triunfador a Carvajal. Desde el principio, la reacción del Madrid fue denunciar la «falta de respeto» de la organización del Balón de Oro, pero también de la UEFA.
La Superliga, la gran guerra
Y es que el ente continental es ahora mismo uno de los mayores enemigos del Madrid. Un sentimiento mutuo desde la creación de la Superliga. Y volvemos al «acción-reacción». El conjunto blanco considera que el proyecto es una reacción «al monopolio de la UEFA en el fútbol europeo», algo ya denunciado por los blancos y elevado al Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Porque ahí reside otra de las claves de todas las batallas madridistas: el Madrid ha elevado todas sus luchas. No son peleas 'de boca' o canutazos periodísticos. El Madrid pisa tribunales y toma decisiones de calado, como la ausencia en la gala del lunes.
La trinchera contra la UEFA sirve también para la batalla contra LaLiga, con la que se está viendo en diferentes juicios en los últimos meses en relación a los derechos audiovisuales y a CVC. En resumen, el Madrid considera que todo lo que pasa más allá de los 90 minutos del partido le pertenece y la organización de Tebas, que ha incluido imágenes en vestuarios y entrevistas a pie de campo en las retransmisiones, quiere lo contrario.
La "denuncia permanente" sobre los árbitros
En otra trinchera, el Comité Técnico de Árbitros, con los famosos vídeos de Real Madrid Televisión como «denuncia permanente» del «perjuicio constante», admiten, que el conjunto blanco sostiene sufrir. El Madrid, incluso, ha realizado comunicados por redacciones «negligentes» de actas de partidos.
La lucha contra el CTA está hilada de alguna manera con el Caso Negreira porque tiene que ver con el estamento arbitral, «corrompido», según el Madrid, pero es una situación diferente. El Madrid no es el protagonista de esa guerra, lo es el Barça, que tendrá que demostrar que no pagó por favores al vicepresidente de los árbitros durante 18 años. El conjunto blanco, como en varias de sus trincheras, decidió también dar un paso adelante y personarse como acusación particular.
Las denuncias por el ruido del Bernabéu parecían la última trinchera, pero en París se construyó una nueva. El Madrid contra todos.



