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«Le sucedió a él en el Bernabéu, que le pegaron con un mechero en la cabeza cuando jugaba en el Atlético». En la sala de prensa del Metropolitano, Simeone trató de reflexionar sobre el lanzamiento de objetos de los ultras a Courtois comparando la situación con la que vivió el belga en una de sus visitas a Chamartín como rojiblanco. Lo que no calculó el técnico argentino en su discurso es que esos incidentes, junto a una sanción de la UEFA por exhibir banderas nazis en un partido de semifinales de Champions contra el Bayern, fueron el fin de los Ultras Sur como grupo en el Bernabéu.
Lo de las banderas fue en abril de 2013 y la agresión a Courtois enmayo. El Atlético ganaba 1-2 al Madrid y desde el fondo radical del coliseo blanco lanzaron un mechero que impactó en la cabeza de Courtois. A finales de ese año, el 26 de diciembre, el Madrid emitió un comunicado en su web anunciando la «reorganización completa» de la grada, con unas nuevas normas y condiciones que los miembros deberían cumplir.
Está por ver si los lanzamientos de los ultras del Frente a Courtois son también el inicio de su fin, pero el Atlético de Madrid tiene en los dos grandes del fútbol español dos buenos ejemplos sobre cómo expulsar a los radicales de su estadio. Joan Laporta y Florentino Pérez, tan enfrentados deportivamente tantas veces, han sido dos de los directivos españoles y europeos que más han combatido contra los ultras en el siglo XXI. Han aguantado amenazas de muerte, intentos de chantaje e incluso pintadas en sus domicilios o, como en el caso del presidente del Madrid, incluso en la tumba de su esposa Mari Ángeles Sandoval, 'Pitina'.
El Madrid contra Ultra Sur
En aquellos meses de 2013, la directiva del conjunto blanco aprovechó varias peleas internas en Ultras Sur para impulsar la creación de un nuevo grupo joven de animación sin antecedentes policiales. Junto a la Policía, se hizo un control de los abonos, que hasta entonces no se realizaba y permitía la entrada libre de muchos de sus miembros, se pidió el DNI a todos, se expulsó a los que tenían antecedentes, se reubicó de forma aislada a los que no los tenían y se apoyó en socios de las peñas más famosas para crear la nueva grada: La Clásica, La Gran Familia o la Peña Barajas, entre otras.
El núcleo más radical terminó por abandonar el estadio y los que no daban problemas terminaron perdidos por el estadio, y el grupo ultra desapareció de Chamartín. A día de hoy apenas tiene eco, sólo en algunos casos aislados, como viajes europeos que el club o la policía no pueden controlar al 100%.
El Barça contra los Boixos
La lucha de Laporta comenzó antes. En 2003, durante la presentación de su candidatura a la presidencia del club, el directivo avisó que expulsaría a los Boixos Nois del Camp Nou, lo que le provocó amenazas desde el primer momento. Ganó las elecciones y en el Gamper de ese mismo verano, los ultras lanzaron bengalas al césped. Según Laporta, durante dos décadas el grupo había tenido durante acceso a entradas, viajes y hoteles, y en los primeros meses intentaron «chantajear», así lo confesó, a su directiva, exigiendo entradas y dinero a cambio de no provocar incidentes.
Laporta sustituyó a los miembros de seguridad del estadio, cambió las cerraduras de las salas del Camp Nou donde escondían palos, barras de hierro y banderas y con ayuda de los Mossos detuvo a los más radicales y expulsó a los socios que formaban parte de los Boixos.
Los radicales siguieron protestando e intentando amilanar a Laporta, al que le escribieron «nuestra casa es el Camp Nou, la tuya la tumba» en la fachada de su casa, lo que provocó el cambio de domicilio de su familia a Sant Cugat. Esas amenazas, en lugar de amedrentar al directivo, aceleraron las detenciones.
La poción 'antiultra' es clara: el deseo de Florentino y Laporta por echar a los ultras, la expulsión de los socios con antecedentes y de los radicales, la reubicación de aquellos más pasivos, la ayuda de la Policía para detener a los violentos y la creación de un nuevo grupo de animación.

