- Los Ángeles Lakers. Bronny James, el 'capricho' de LeBron, entre las expectativas y la presión
- Atlanta Hawks. El 'malagueño' Zaccharie Risacher, número uno del 'draft'
Empieza la NBA y sólo nos queda Santi Aldama, con un papel, además, un tanto frustrante: es fijo en la rotación de Memphis, pero en tres años más adecuados que brillantes no ha encontrado acomodo como titular junto al intocable (cuando está sano) Jaren Jackson ni tiene visos de irlo a hallar tras la llegada del novato Zach Edey, el pívot puro que él no es. Hace no tanto, apenas ocho años, 10 jugadores españoles hacían las Américas. Y no 10 cualquiera.
En aquella temporada 2016-17, Pau Gasol apuraba una carrera legendaria en los Spurs, mientras Marc disputaba su tercer All Star. Ricky Rubio firmaba uno de sus mejores cursos en Minnesota y era el cuarto mejor asistente de la liga (9,1 por partido). Serge Ibaka llegaba a Toronto como pieza clave para, dos años después, lograr el anillo. Nikola Mirotic asomaba como estrella emergente en Chicago. Sergio Rodríguez regresaba a la NBA con halo de figura tras dominar Europa. José Calderón ejercía ya de mentor veterano. Juancho Hernangómez aterrizaba con el prestigio y las expectativas de una primera ronda del draft, aunque serían su hermano Willy y Álex Abrines, también debutantes, quienes participarían aquel año en el partido de rookies del All Star.
Han pasado ocho años, y parecen 80. El relevo anunciado de los nuevos Júniors de Oro se ha estancado. Izan Almansa, líder de esa generación, empezó la temporada pasada como un fijo en las listas para ser Top-10 del draft, pero se diluyó hasta acabar buscando un nuevo inicio en la liga australiana, el último vivero NBA, de LaMelo Ball a Alex Sarr, donde su aventura no ha empezado bien. Baba Miller y Aday Mara se marchitan en la liga universitaria. Juan Núñez, el mayor de los niños, juega lo justo en el Barça. El futuro ya no es lo que era.
Es injusto comparar a las nuevas hornadas con aquella tormenta perfecta que creó una de las mejores selecciones, si no la mejor, que ha visto el baloncesto fuera de EEUU, una que juntó en el tiempo y el espacio a casi todos los mejores jugadores de nuestra historia. Pero algo parecido sucedió en el fútbol y el relevo ya está aquí.
Ay, el fútbol. Sólo hay un español en la NBA y, sin embargo, el que recibirá toda la atención (merecida porque es increíble) será un esloveno, Luka Doncic, cuyo pasado madridista importa más al aficionado medio que el DNI. No podemos luchar contra nuestra naturaleza futbolera. Es una pena, pero es lo que somos. Y tiene consecuencias. Las estamos sufriendo.

