- El Cortador de Césped España, a la búlgara
- El Cortador de Césped Gonzalo y... muchas gracias
El fútbol con el Atlético en muchas ocasiones suele ser muy cruel, amargo e injusto. Cuando se creía que Llorente, el "Beatle" rubio, el mago de Anfield empató y parecía un fabuloso empate en Liverpool, el cruel Virgilio Van Dyk , otra vez en la prórroga, salvó al diablo mediocre.
A los cinco minutos, el Atlético cayó a los infiernos. Un rebote en una falta y la inutilidad de Lenglet y Galán obsequiaron con un gol al dios egipcio Salah. Todo el mundo pensó que el Atlético se hundiría como un barco frágil hacia el naufragio.
Podía haber caído en una depresión o irse al fondo del mar de la bahía de los Beatles. Pero salió jugando, inquietando al Liverpool. Detuvo la tormenta de los diablos rojos que hubiera podido acabar con muchas víctimas de Simeone.
El Liverpool se metió en su campo, esperando el contragolpe, pero no llegó nunca, aunque jugar con Le Normand y Lenglet es como dejar un pasillo hasta el peligro.
Hubo un momento que el Atlético llegó al área rival con presteza y, desde luego, con más velocidad que el semi dormido Liverpool. Y así llego Marcos Llorente, siempre en estado de gracia en Anfield, como en aquellos goles históricos, y metió la punta de la bota y el mediocre meta brasileño Allison tuvo que recoger el balón en la red.
Esperanza, esperanza. Vida para el Atlético. Aunque había visto a un Liverpool muy lento. Ni siquiera Isak, el de los 150 millones, es un diablo. ¿Qué valdría entonces Lamine Yamal?
El Liverpool ya no es el equipo volcánico de la temporada pasada. Es un equipo lento, desperdigado. El Atleti parecía un cohete en velocidad comparado con el rival anestesiado y tocada la segunda parte siempre buscó el empate, aunque con sus viejas piezas como Koke.
Llegó Llorente, otra vez, obró la gesta e hizo justicia. El Atleti podía sumar su primer punto en la Champions, nada menos que ante uno de los favoritos. Un Liverpool que es un caricatura de lo que fue la temporada pasada.
Juega a mitad de ritmo y los nuevos, mayormente Wirtz, no se adaptan y casi hacen el ridículo. No es extraño que en sus cuatro partidos de la Premier, en tres lances, ahora cuatro, haya ganado por la mínima, en el descuento y con la cabeza en la horca. Salvado por el Virgilio de los córners.
No me extraña que Simeone tuviera al final un ataque de nervios, como un maleficio cuando el magnífico punto lo había merecido, lo había trabajado, pero se escapó como el agua entre sus manos.

