DEPORTES
Los Correveidiles

Mónica Marchante: "Lo primero que le pregunté a Juanma Castaño fue: '¿Me quieres por mujer o por periodista?'"

Ha construido una carrera indiscutible centrándose en la clave del oficio: preguntar lo que toca aunque moleste. Siente que la quieren quitar de pantalla por su edad, pero no lo tendrán fácil: "He roto muchas barreras y aquí sigo".

SERGIO ENRIQUEZ-NISTAL
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Mónica Marchante (Roma, 1968) detesta que ser mujer se considere un factor relevante a la hora de valorar su trabajo, ese que convirtió las entrevistas en el palco de los partidos en un arte, primero en Canal+ y ahora en Movistar+... cuando la dejan [desde el curso pasado, ya no hace Liga]. Pero también sabe que ser mujer ha condicionado su recorrido laboral, y sigue haciéndolo, en una profesión donde a las periodistas se las mide tanto por la edad y la talla como por el talento. "El que niegue eso está mintiendo. No tenemos la misma carrera que un hombre con similar bagaje y nivel. No nos dejan. Sobre todo en televisión, donde más allá de los 50 años es evidente que nos quitan de pantalla", reflexiona.

Al hacer la lista de potenciales protagonistas para esta serie de entrevistas, la escasez de mujeres era alarmante.
Hay que esperar. Por suerte, ahora hay muchas más mujeres jóvenes en el periodismo deportivo, todas ellas crecerán y la proporción aumentará. Cuando yo empecé, éramos dos o tres yendo a cubrir los entrenamientos y, por una cuestión piramidal, todavía no hay tantas de mi edad o en puestos más visibles, pero de aquí a 15 o 20 años veremos muchas más. Eso espero, al menos.
Puede ser, pero en las nuevas generaciones de periodistas estrella la desproporción sigue siendo parecida.
Es probable, pero estoy en contra de forzar las cosas para llegar a equilibrios. Como profesora en la universidad veo muchas mujeres que quieren ser periodistas deportivas y eso ya es un cambio enorme. Yo tuve un problema muy serio con mi familia cuando dije que quería dedicarme a esto. Mis padres estaban en contra y tuve que enfrentarme a ellos porque a nivel social era muy raro. Hoy a nadie le extraña que una chica quiera ser periodista deportiva. Hay muchas más y, por lógica, algunas conseguirán tener una buena carrera. Igual que cada vez veo más niñas en los estadios o jugando al fútbol en el cole. Ya no se les mira raro. Es una evolución natural.
Sospecho que no es tanto la cantidad como la proyección.
Eso ya es otro tema. Los techos de cristal son evidentes y los he sufrido, pero me niego a quedarme con lo negativo. Estoy teniendo experiencias malas, pero también muy buenas. He sido la primera mujer tertuliana en un programa nocturno de radio junto a Susana Guasch [ambas en El Partidazo de la COPE]. Soy una de las que ha abierto ese camino y me siento orgullosa de ello porque no es nada fácil. ¿Sabes lo primero que le pregunté a Juanma [Castaño] cuando me llamó para proponérmelo?
¿Qué?
"¿Me estás llamando por mujer o por periodista?". Me respondió: "La duda ofende, como periodista". Sólo entonces acepté y así me sentí desde el minuto uno: me quería por mi trabajo y no por mi género, que es una cosa que me obsesiona. No soporto que me llamen de sitios por el mero hecho de ser mujer y me sigue pasando a menudo. No veo que eso le suceda a las abogadas o las médicas. Es una cosa insólita de esta profesión que me tiene perpleja: "Después de que hablemos nosotros, que somos los que sabemos, vamos a hacer una tertulia sólo de mujeres periodistas deportivas". ¡Pero qué narices! Sólo pasa en esta profesión y es de lo más machista que te puedas encontrar. Yo soy periodista deportiva por vocación y soy buena, eso es lo que me define y no mi género.
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La vocación le llegó a Marchante con 13 años y mediante una doble casualidad con acento italiano. La primera, nacer en Roma donde su padre, militar, estaba destinado. Sólo vivió allí nueve meses pero quedaron el cariño y una educación en el Liceo Italiano que mantuvo el vínculo. La segunda, una casa enfrente del Bernabéu y un Mundial ganado por la azzurra que fascinó a una adolescente. "El deporte me gustaba y en el cole hacía baloncesto y gimnasia rítmica, pero nadie en mi familia era futbolero. Me empecé a aficionar cogiendo el Marca y el As de la basura a mi vecina, que los compraba a diario. En el 82, acabé el colegio el 31 de mayo y en junio mis amigos seguían de exámenes, me aburría y me puse a ver los partidos del Mundial. Todo el país volcado, Naranjito, qué te voy a contar... Me enganché y un mes después ya sólo quería ser periodista deportiva".

Marchante posa en el plató de Movistar+.
Marchante posa en el plató de Movistar+.SERGIO ENRIQUEZ-NISTAL


¿Cómo diste ese salto en cuatro semanas?
Se me metió el fútbol en vena y me llevé un palo enorme cuando eliminaron a España, pero tenía un plan B, que era Italia. Me fascinaban Paolo Rossi y Dino Zoff y, de golpe, me viene una final de un Mundial a la puerta de mi casa y la juegan ellos. El día del partido bajé con mi mejor amiga a vivir el ambiente por el barrio. Era una fiesta. En la plaza de los Sagrados Corazones un brasileño nos ofreció en reventa entradas a 2.000 pesetas. Jamás había entrado a un campo de fútbol, ni de Segunda B, y subí la cuesta de Concha Espina corriendo hasta casa para romper la hucha, rezando para que el brasileño no se las hubiera vendido al siguiente que pasara por allí. Mis padres me dejaron ir si me acompañaba un mayor, convencí a una vecina y nos fuimos las dos allí. No llegué nunca a mi localidad. Entré en el estadio y me quedé allí de pie, el impacto me enganchó para siempre. Al día siguiente estaba hundida porque se había acabado el Mundial, necesitaba fútbol y así hasta hoy.
Al fútbol te enganchó Italia y ¿al periodismo?
Meterme todas las noches García en vena. Me mandaban mis padres a dormir y yo le escuchaba a escondidas con el transistor. También fue cosa suya que me enamorase a saco del ciclismo. Había una contrarreloj de la Vuelta en Alcalá de Henares y me cogía dos autobuses, tres metros y lo que hiciera falta para ir a verla. Mi ídolo absoluto era Perico Delgado y le seguía donde fuera. Si algo me gusta voy con una determinación que puede dar hasta un poco de miedo. Me pasó igual con el periodismo. El camino ha sido muy largo, pero hay una anécdota muy curiosa: la final de Italia fue un 11 de julio del 82 y España fue campeona del mundo el 11 de julio de 2010 y en ambas estuve en el campo. Ese día cerré el círculo.
¿Cómo empezó ese largo camino?
Con una cuesta muy empinada y momentos de mucha dificultad. Estuve nueve años trabajando muchas horas en distintas radios sin un contrato legal y escuchando todo tipo de comentarios machistas que en la época eran normales. Entonces, cuando una periodista joven iba a los entrenamientos era porque te querías ligar al futbolista de turno. Luego, cuando me hice más mayor, ya era al entrenador o al jefe. Cambiaba la edad, pero no el insulto. Las mujeres siempre hemos estado bajo sospecha en este gremio. Empecé a currar en primero de carrera con Héctor del Mar en Radio Intercontinental. Estuve ahí dos años sin cobrar nada, pero fue un aprendizaje magnífico. Luego me fui dos años con Pedro Pablo Parrado a Radio 16 y desde ahí, a Radio España cinco años más. Ahí, en 1996 llegó un punto de inflexión porque me quedé sin trabajo y no tenía ni paro garantizado. Nueve años de tu vida trabajando a lo bestia sin un sueldo ni remotamente digno y me tocaba volver a empezar. Ahí entró en liza Manolo Lama.
¿Qué hizo?
Me metió en Canal+. En Madrid era relativamente conocida porque la gente me escuchaba preguntar, que es un don que siempre he tenido, y me iba haciendo un nombre. Lama habló con Carlos Martínez sobre mí y me cogieron. Era empezar de becaria otra vez y eso me jodía, pero es lo que había. En esos días también me llamó José María García y me temblaron las piernas, porque yo era una chiquilla desconocida. Sé que le habló bien de mí Javier Clemente, con el que había coincidido cubriendo el Atlético de Madrid, se enteró que estaba sin trabajo y se portó muy bien conmigo. García me ofrecía un contrato de sustitución en Antena 3 muy bien pagado pero sin opción de quedarme después. En el Plus sí me dijeron que si lo hacía bien me quedaría, así que decidí empezar otra vez de cero allí.
Has nombrado a Clemente y te llevabas también de maravilla con Luis Aragonés. ¿Cómo conectabas así con los ogros?
Mi fórmula no es ablandarlos, sino todo lo contrario. Tengo personalidad, tengo carácter, siempre digo las cosas como son y así he actuado toda la vida. Es de lo poco que no me va a quitar nadie. La gente con carácter valora que les trates así, por eso tengo buena relación con Clemente, la tuve con Luis Aragonés y la tengo con Luis Enrique, que sería el tercer ogro. Ese tipo de personas valoran más al que expone su verdad y va de frente que al que va haciendo la pelota y por detrás te raja, que es algo que se da mucho en nuestra profesión.
Hacer una entrevista larga te permite jugar con los tiempos, usar el palo y la zanahoria y crear un ambiente o una complicidad. Tú has triunfado con algo mucho más difícil: las entrevistas de palco en las que tienes poco tiempo y pocas balas. ¿Cuál es el secreto?
Es la adrenalina. Eso es magia. Se enciende el piloto rojo y sabes que empieza una cuenta atrás en la que en realidad nunca sabes el tiempo exacto que tienes. La primera pregunta nunca es la más difícil porque sabes eso sería un error garrafal, igual hasta se te va el entrevistado sin contestar y se acabó. Pero tampoco puedes perder mucho tiempo en protocolo porque en cualquier momento te dicen por el pinganillo que se acabó y se acabó, porque si te pasabas te podía caer una muy gorda. Siempre estás ahí en el filo, pero eso te da vidilla. Tienes que ser periodista, pero también tienes que ser psicóloga y yo ahí me crezco. El periodismo lo llevo en vena y sólo he sufrido cuando me han dicho que no podía preguntar algo. Ahí me he deprimido.
¿Te lo han dicho muchas veces?
Nunca de un modo directo, pero en los últimos tiempos haciendo partidos de Liga algunos jefes, que ya no están, me dijeron que ciertas cuestiones que yo preguntaba no gustaban.
¿A Javier Tebas?
No tengo ni idea, pero que no gustaban.
Te pregunto porque en el momento en que Movistar cedió la producción de los partidos a LaLiga, dejaste de salir en ellos.
Fue un cambio en el último contrato y ahora la producción la hace directamente LaLiga, entonces es normal que contrate a quien considere. A mí nunca me llamaron y, evidentemente, me quedé fuera. No fui la única. Otros han vuelto, pero yo no. No puedo decir que LaLiga me haya vetado, porque no tengo constancia de eso. Me lo ha dicho mucha gente, pero yo no lo sé.
A ver...
La razón oficial es que ya no se hace palco, porque LaLiga se ha cargado esas entrevistas en sus retransmisiones. Si en el palco hubieran puesto a otra persona sí tendría elementos para decir que me han vetado, pero es que objetivamente no los tengo porque lo que ha hecho LaLiga es ahorrarse esa posición. Para mí es un error y te doy una explicación muy fácil: si yo, que nunca he presentado en la tele y no entro a lo largo del partido, soy una periodista conocida haciendo sólo cinco minutos de directo será que funcionaba la sección, ¿no?
Imagino.
El mundo me conoce por una manera de preguntar y eso es un pequeño espectáculo que se suma al gran espectáculo que evidentemente es el partido. Los directivos de fútbol tienen que dar explicaciones muchas veces y evitar que las den me parece un error para el espectáculo y un hurto al aficionado. También utilizaba ese espacio del descanso para dar visibilidad a deportistas de otras disciplinas. Era un gran escaparate y me parece que el fútbol tiene que echar una mano y ser solidario. Además, la persona que está viendo deporte lo que quiere es ver a deportistas, no a políticos ni tiktoks chorras, con todos los respetos para ambos. Me parece lo normal, lo coherente y lo que tiene sentido. Intentaba, y lo sigo haciendo en Champions, sacar el mayor jugo posible al poquito tiempo que tenía y lo que me llegaba era que funcionaba y le gustaba a la gente. Me sorprende que eso se lo carguen pensando que no aporta, porque aportaba y mucho.
¿No crees que, más que no aportar, lo que buscan es evitar preguntas incómodas?
A mí nadie de la Liga me dijo directamente que no preguntara algo. El Madrid sí que, cuando aquellas tensiones de Mourinho y Valdano, en algún momento me dijo que no iban a responder a preguntas que no sean el partido. Eso te lo puedes tomar bien, mal o regular, pero lo que hay que ser es honesto. Cuando pasó, expliqué a la audiencia lo que pasaba y ya está. Yo no tengo la sensación de haber molestado a los protagonistas, otra cosa es lo que vean los de fuera, pero tengo una relación excelente con gente a la que mis entrevistas les ha costado el cargo, como Zubizarreta o Valdano.
¿Son las entrevistas más tensas que has vivido?
La más tensa no fue ni con el Madrid ni con el Barça. Fue con Josu Urrutia, ex presidente del Athletic Club, al que le molestó mucho que le preguntara por qué no aceptaba una oferta de la Juve por Fernando Llorente en diciembre sabiendo que el jugador había manifestado su deseo de irse gratis al final de temporada. Le cabreó muchísimo, me dijo que eso no tocaba y le respondí que la periodista soy yo y soy la que decide lo que toca, que él puede responder o no. Y luego, evidentemente, los tiempos de Mourinho eran muy tensos, pero no porque el Madrid me dijera nada a mí sino porque veía que había un enfrentamiento clarísimo entre Mourinho y Valdano, Jorge tenía que medir las palabras al milímetro, pero yo tenía que preguntar lo que tenía que preguntar. Él jamás se quejó, pero me fastidiaba porque cuando tratas con Jorge Valdano es imposible no quererle y sabía que le ponía en una situación difícil.
Tus entrevistas fueron su fin como director deportivo.
Claro, porque Mourinho sentía que Valdano no defendía sus tesis de que era continuamente perjudicado por los arbitrajes. Nunca secundó eso. No es su estilo y no creía que eso estuviera pasando. Me consta que, cuando acababa el partido, Mourinho se metía a su despacho a ver mi entrevista a Jorge Valdano y luego pedía su destitución. Al final se la concedieron. Con Zubi fue también gordísima. Después de perder en Anoeta, le pregunté sobre su responsabilidad en la sanción de dos ventanas sin fichar que había impuesto la UEFA al Barça. Entonces él saltó diciendo que la misma que el presidente, que era vicepresidente deportivo en la época investigada. Compartió el muerto con Bartomeu y a las doce horas se lo cargaron. Lo sentí mucho, pero son preguntas que hay que hacer y ahora no se hacen.
Tebas cree en el control de la información, lo ha reconocido abiertamente.
Es un error. Cuando hablo del show alrededor del show, hablo también de credibilidad. Por ejemplo, ¿tú crees que en los palcos no hay que preguntar ahora por el caso Negreira? Evidentemente, pero si no hay palco y no hay entrevistas a directivos, el tema no se habla y es peor. La mejor manera de dar credibilidad a una competición es que todo esté claro y que se pueda preguntar libremente, porque si no lo permites estás dando a entender que hay gato encerrado.
En la tele has hecho muchas cosas que el palco.
Sí. Tuve un programa de entrevistas, Espacio reservado, que lo disfruté muchísimo. He hecho documentales, como los de Luis Aragonés, Juan Carlos Unzué, Alejandro Valverde y Pedro Delgado, de los que estoy orgullosísima pero, probablemente, nadie sabe que son míos salvo que se haya quedado a leer los créditos. Trabajé muchos años en El Día Después y traje imágenes gloriosas. Estuve en la tertulia de Minuto Cero que hacían Joseba Larrañaga y Dani Garrido. He hecho muchas cosas y me lo he pasado muy bien, pero es evidente que todo el mundo me conoce por el palco. Debe ser que sí interesaba, pero, oye, es lo que hay. Hago la Champions, hago la Supercopa de España, hago la Copa y tengo el fin de semana libre después de 25 años. Ni tan mal.
No hemos hablado de Michael Robinson, tu amigo del alma.
Para mí lo ha sido todo. De hecho, en 2004 empecé a hacer el palco gracias a él. Llego un verano de vacaciones, con dos niños de seis meses, y de repente salta la bomba: se va Pedrerol. No olvidemos que el primero que hizo palco, y lo hacía de maravilla, fue Josep. Yo no salía en la tele, montaba vídeos y reportajes, pero había hecho algunas entrevistas para un programa que se llamaba El día antes y Michael me había puesto en la estantería de buenos entrevistadores. Me dijo: "Joder, Mónica, creo que tú lo harías de puta madre". Y, literalmente, me llevó de la manita al despacho de Carlos Martínez y le soltó: "Tengo la solución a tus problemas". Esto era un lunes, empezaba la liga el domingo y así empecé. Ni prueba ni nada, me soltaron directamente en El Sardinero para un Racing-Barça. Temblando, porque lo que más me ha costado en esta vida es que tengo un excesivo respeto a mi profesión que me ha hecho sentir muchas veces que no estaba capacitada. Me lo he tenido que demostrar a mí misma todo con un esfuerzo enorme.
Las mujeres tenéis que demostrar más casi siempre.
Hay algunas que no tienen que demostrar casi nada para que les den oportunidades.
¿Te jode ver que ser guapa es un plus evidente en la profesión?
No me gusta, pero no me ha jodido. ¿Sabes por qué? Porque en las carreras lo importante es mantenerse y yo tengo 55 años y aquí sigo. Te fastidia a veces pensar que compañeros con una edad y un nivel parecidos tienen una carrera mejor que la mía y ganan mucho más dinero. No es justo y sabes que, si no fueras mujer, seguramente estarías en el mismo lugar, pero tampoco quiero estar toda la vida lamentándome. Soy muy disfrutona y estoy muy orgullosa de hasta donde he llegado. Todo lo he conseguido sola, creo que he roto muchas barreras y no estoy aquí por ser estupenda, guapísima de la muerte y poner posturitas en Instagram. Ahora tienes un tipazo y una cuenta de Instagram con 100.000 seguidores, que no sabes muy bien si la mitad son comprados, y te ponen a presentar. Eso pasa, no lo vamos a negar, pero ¿cuánto dura y qué prestigio profesional te da? Yo soy más de carrera de fondo, lo que pasa es que me gustaría seguir sin ver el fondo, poder seguir corriendo sin que me quieran frenar.
¿Sientes que te van borrando de pantalla?
No es sólo a mí, es a las mujeres de más de 40 y especialmente en el periodismo deportivo, porque Mercedes Milá está haciendo un programa en Televisión Española con 72 años. En otros periodismos pasa, pero pasa menos. Debe ser que tenemos un reducto machista en el gremio deportivo que convendría empezar a quitarse. No estoy hablando en concreto de mi medio, es general, enciendes la tele y lo ves. Cuando TVE, que es un medio público y esto no debería pasar, quitó a Olga Viza y a María Escario de pantalla me sentí huérfana. Son referentes absolutos. Me interesa lo que diga Olga y me da igual que no tenga una talla 38. Evidentemente en la tele todo es imagen y hay que asumirlo, pero los hombres tienen barriga y canas y es algo bueno porque es la experiencia, la veteranía, este tío sabe de lo que habla. Nosotras no, nosotras ya somos señoras menopáusicas a las que de repente se nos ha olvidado todo lo que sabíamos y ya no tenemos nada que aportar. A cambio, en la radio me está pasando todo lo contrario. Me ha llegado la oportunidad de ser tertuliana pasados los 40. Me quedo con eso.
Has hablado del reducto machista del periodismo deportivo, ¿nos ha retratado el caso Rubiales?
Ha sido bastante tremendo. Estaba en Jávea de vacaciones, vi el partido por la tele con más gente y en el momento no me di cuenta del beso, pero al rato me mandó una foto un amigo y mi primer pensamiento fue que era un meme o una foto trucada, no me podía creer que fuera cierto. Pero cuando me saltan realmente todas las alarmas es cuando Juanma Castaño, estando yo en el programa, emite la entrevista que había grabado con Rubiales en la que en vez de disculparse empieza a decir barbaridades. Sigo pensando que si en esa entrevista recula y se disculpa, seguiría siendo presidente, pero demostró que vivía completamente fuera de la realidad.
En la tertulia varios compañeros se te echaron encima por hablar de machismo.
La mesa se dividió, Gonzalo Miró o Miguel Rico estaban conmigo, pero hay gente a la que le cuesta más y yo eso lo comprendo porque a mí me ha pasado con otros temas. Piensas una cosa, escuchas, reflexionas y cambias de idea. No le puedes pedir a todo el mundo la misma velocidad de elaboración, pero sí quiero decir una cosa al respecto: me duele mucho que se llamara machista a Juanma Castaño y todos los palos y los insultos que le cayeron. En ese momento se equivocó, se dio cuenta, lo pasó mal y se disculpó, pero es el primer periodista de la noche que ha incorporado mujeres a su tertulia deportiva y me parece justo decirlo. No me valen los postureos, me valen las acciones. Muchos hombres se han subido al carro después porque era lo guay, lo moderno y el caballo ganador, pero cuando nadie más lo hacía Juanma dio voz a dos mujeres para opinar en su programa. Eso me dice más de quién es Juanma Castaño, que cualquier declaración a favor de corriente.
Decías antes que has roto muchas barreras, ¿te sientes un referente?
Nunca lo he percibido hasta que he empezado a dar clase en la universidad y muchas chicas me dicen que quieren ser como yo. Es una gran satisfacción, aunque siempre te queda un poco el sinsabor de que al final eres una redactora sin más. Ahora tengo muchos frentes abiertos: la radio, Twitch ha sido un gran descubrimiento, escribo columnas en El Periódico... Todo eso me da otro recorrido con el que no contaba. Hago muchas cosas y me lo paso bomba, pero duele que la tele te jubile porque sólo cuenta la imagen en el caso de las mujeres. No voy a permitir que me amargue y no quiero dar una visión negativa: soy muy feliz haciendo mi trabajo y sigo disfrutando. Lo que pasa es que no sería yo si no hago esa reflexión que ojalá ayude a que a las nuevas generaciones no les pase.