TOROS
Feria de Otoño

Morante de la Puebla: adiós del más grande por la Puerta Grande más triste del mundo

El maestro se corta la coleta de improviso tras ser volteado y desorejar al cuarto toro de Garcigrande, dejando al toreo huérfano en una tarde histórica; Fernando Robleño se despide tras 25 años de dura carrera

Retirada inesperada de Morante de la Puebla tras una faena histórica en Las Ventas.@terciodquites
Actualizado

El toreo se ha quedado huérfano. Caía la noche a plomo, con toda su oscuridad a cuestas, sobre la última Puerta Grande de Morante de la Puebla. Que entonaba un adiós inesperado con la mano sobre una muchedumbre, en una vuelta al ruedo crepuscular, tras haberse cortado la coleta en acto inesperado. Le quitaban muestras del vestido de torear sobre la procesión como quien arranca reliquias. Apenas sin poder avanzar, no sin angustia. Gritos de «¡José Antonio Morante de la Puebla!» camino de la calle de Alcalá, alumbrado el túnel de la arcada de los triunfos por las luces de los móviles. Curiosamente, en paralelo, otras gentes mecían a hombros por la puerta de cuadrillas a Fernando Robleño, que era la despedida anunciada. Una tristeza inmensa flotaba sobre el ruedo.

Morante se había cortado la coleta a las 19.37 de la tarde. De improviso, tras pasear la vuelta al ruedo con las dos orejas del cuarto toro, que lo había cogido de salida. En un ejercicio de superación absoluta, del más valiente de los artistas, del más artista de los valientes. La plaza de Madrid, que se había llenado a su reclamo mañana y tarde, se quedó muda. Y empezó a aplaudir mientras él mismo se desatornillaba la castañeta entre lágrimas. La emoción del momento dejó a todos en shock. No había vuelta atrás. Algunos le habían protestado la gloria. Ya ves. Después de esa estocada perfecta. Y de haber toreado como nadie por la mano derecha. Pero no es esa la cosa ahora. Es el adiós inesperado del Dios del toreo. La Puerta Grande esperaba abierta al más grande. Se va un mito viviente, leyenda viva, hacedor de una temporada antológica.

Fernando Robleño, que también se despedía, abraza a Morante.
Fernando Robleño, que también se despedía, abraza a Morante.Efe

La tragedia revoloteó Las Ventas en el minuto 13 de las siete de la tarde. Morante se ceñía por chicuelinas inverosímiles, después de la tijerilla gallista de rodillas, desbocado de ímpetu y confianza, con el toro de salida. Lo cogió de lleno con la violencia de un atropello. La voltereta fue de latiguillo, terriblemente dura. Tanto, que el maestro quedó tendido en el ruedo, inerte. Lo levantaron las cuadrillas haciendo con sus manos camilla. Grogui, mareado, entre barreras le asistían. Volvió a la cara del toro, recompuesto pero no entero, mermado. Y aun así hizo el toreo. Inigualable el empaque, la reunión, el arte. Sólo por una mano, la derecha, que era la única que se daba el toro. Memorable otra vez. MdlP ha sido este fin de semana la generosidad con mayúsculas, la entrega infinita, y esa generosidad debía de algún modo ser correspondida.

Morante, con el capote ante su primer toro de esta tarde.
Morante, con el capote ante su primer toro de esta tarde.Borja Sánchez-TrilloEfe

A Morante le había correspondido antes un toro de considerable altura, grandón, 615 kilos, uno de los tres cinqueños del notable envío de Justo Hernández. De salida voló un saludo con sabor que concluyó elevándose por dos soberbias medias verónicas. Nada para lo que fue el quite -¡qué quite!- a la verónica, detenido el tiempo en un lance, volcado el pecho, hundido el mentón, acompasado todo en una media verónica sideral. Contaba todavía entonces el grandón con un aire de toro bueno, esperanzador. De hecho lo aprovechó Fernando Robleño, que nunca había toreado una corrida de Garcigrande, a la verónica, queriendo imprimir clasicismo. Pero fueron casi las últimas en embestidas con viaje, pues ya en el inicio de faena empezó a quedarse corto, desfondado. MdlP abrevió con torería y se atascó con la espada contra el muro.

A Fernando Robleño, tras un toro manejable y mediocre, le embistió el toro de su despedida con la excelencia como merecía con su historial de hierros de pedernal. Una cosa superlativa este Tropical de Garcigrande. Y Robleño lo gozó por las dos manos, como si fuera el último, que realmente lo era, hasta que al final de la faena, tan coreada, se dejó ir en el natural más sentido de su vida. Fiel a su currículo lo pinchó antes de enterrar la espada. Una oreja de peso. A continuación sus hijos le cortaron la coleta tras 25 años de carrera.

Había abierto la corrida un toro de una perfección de hechuras increíble, tan cortas las manos, tan entipado, tan serio a la vez. Saleroso descolgaba con un tranco espléndido, ese son de categoría. Sergio Rodríguez lanceó suelto y por fuera, en seguida se puso por chicuelinas y también galleó por ellas. El garcigrande planeaba. La lidia fue mala, especialmente las tres veces que intervino Jesús Fernández, cruzándose por delante. Confirmaba alternativa Rodríguez, que se había ganado el puesto de este 12-O como ganador de la Copa Chenel. No se enteró mucho del toro, de sus claves, digo. Cuando más enganchado venía y más toreado iba, más profundidad sacaba. Bravo además Saleroso, que lo quería todo por abajo.

Sergio Rodríguez se acopló mejor y entonó más en la tercera serie por la mano derecha y en algún pasaje al natural. La plaza respetó la discreta faena, y tampoco se percató del fondo del toro a tenor de las rácanas palmas en el arrastre. Rodríguez lo había matado con rectitud. No fue malo tampoco el sexto, pero no hubo brillos. Daba igual. La noticia estaba en otro sitio, en la Puerta Grande más triste del mundo, ésta del adiós de Morante que deja el toreo huérfano.

Ficha

MONUMENTAL DE LAS VENTAS. Domingo, 12 de octubre de 2025. Última de Otoño. Lleno de «no hay billetes». Toros de Garcigrande, bien presentados, diferentes hechuras; extraordinarios 1º y 5º; manejable el 6º; de buen pitón derecho el 4º; bajaron nota 2º y 3º.

MORANTE DE LA PUEBLA, DE MALVA Y ORO. Cuatro pinchazos y estocada (silencio); gran estocada (dos orejas). Salió por la Puerta Grande.

FERNANDO ROBLEÑO, DE GRANA Y ORO. Tres pinchazos y estocada desprendida (silencio); pinchazo y estocada desprendida (oreja). Salió a hombros por la puerta de cuadrillas.

SERGIO RODRÍGUEZ, DE BLANCO Y ORO. Estocada. Aviso (saludos); pinchazo y bajoznazo (silencio).