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El próximo domingo, que podría pasar por un domingo cualquiera, no lo es para los hermanos Castaño, Javier (1980) y Damián (1990). De León los dos pero con Salamanca como tierra de adopción, patria propia ya. El mayor se despide por la tarde ni más ni menos que de la plaza de Las Ventas con la corrida de Saltilla; el menor afronta por la mañana un compromiso mayúsculo como es matar seis toros de Dolores Aguirre en la San Agustín de Guadalix. Sus respectivas carreras vienen jalonadas por la dureza.
Javier Castaño, que además de haber tumbado todo tipo de ganaderías le ganó la batalla al cáncer, sabe del peso de la responsablidad que le espera el domingo: "Una mezcla de sensaciones muy rara. Miedo, responsabilidad, compromiso, ilusión... unas sensaciones que me han acompañado durante toda mi carrera. Uno nunca se termina de acostumbrar al peso de Madrid y yo este año tengo más si cabe".
Damián ya valoró en su momento el gesto, que ojalá sea gesta consumada, de encerrarse con seis de Dolores Aguirre, cuando se anunció el pasado invierno dentro de la Feria del Aficionado que organiza el club 3 Puyazos: "'Estoy muy emocionado. Creo que ha tenido una aceptación muy importante. Va a ser una corrida de toros histórica porque nadie lo ha hecho antes. Llega en el mejor momento de mi carrera y pienso dar el 200% de mí'".
Su camino se forjó por las sendas difíciles desde aquella alternativa en Gijón (2012) con su hermano Javier como padrino y Matías Tejela como testigo. Desde entonces ha encontrado su cuota de mercado en Francia, Cenicientos y demás plazas de interés torista. En los últimos años ha hecho de Bilbao su feudo, precisamente con los doloresaguirre, pero también en Madrid se ha granjeado el respeto de la afición.
Por su parte, Javier Castaño, de algún modo como su hermano, persigue el sueño de torear como se sueña, valga la redundancia. Buscar esa rendija entre toros de pedernal para "dejar buen sabor de boca entre los aficionados, eso es lo que más me preocupa. Ojalá un toro me deje pegarle quince pases como yo creo que sé, porque aunque todos indudablemente queremos triunfar, me quedaría con eso...". Queda lejos aquel 1 de abril de 2001 cuando tomó la alternativa en San Sebastián, con Enrique Ponce como padrino y El Juli como testigo (toros de Santiago Domecq).
Javier llega a esta cita habiendo toreado prácticamente nada en las últimas temporadas, y esperan los toros de Saltillo, ya en Las Ventas, que son de los que piden el carnet. Damián reaparece ande los de Dolores de su cornada en Madrid ante los adolfos, la tarde que acarició la gloria con un buen toro y luego pagó su entrega con sangre con otro que no lo era. Sus caminos se cruzan este domingo, que podría pasar por un domingo cualquiera, pero no lo es para Javier y Damián Castaño.



