TOROS
Feria de los Candiles

Fiesta sin topes en una espléndida Marbella: Ponce, Talavante y Juan Ortega salen a hombros entre 'celebrities' y rabos

Morante certifica su mal bajío y se va a pie dejando un puñado de huellas

Ponce, Talavante y Juan Ortega salen a hombros de la plaza de Marbella
Ponce, Talavante y Juan Ortega salen a hombros de la plaza de Marbella
Actualizado

Todas las figuras del toreo pasaron por Marbella en su época de esplendor, que ahora renace. Desde su inauguración en 1964 por Pedrés, El Cordobés y Paco Camino, fue plaza y cita de grandes carteles en verano. Espartaco y Paco Ojeda se encerraron aquí con seis toros. Y también tuvo su recorrido en invierno, pues hubo un tiempo en que se programaban festejos todos los meses del año. Perdió el compás en un laberinto urbanístico empresarial y acabó cerrada y olvidada en 2015. Ahora ha vuelto con el empuje de la ilusión, sesenta años después de sus primeras glorias. De la mano de Arenal Marbella, que preside Fermín Bohórquez en buena compañía: su hermano Iván, José María Pacheco Guardiola y Miguel Báez "Litri". Y José Cutiño y Raúl Gracia "El Tato" en la gerencia.

Recuperaron el tronío con el triunfal cartel de la reinauguración y el aniversario -Manzanares, Talavante por Morante ausente y Roca Rey-, allá por junio. Y echaron otro órdago a la grande en esta espléndida noche que desembocó en la madrugada con la corrida monstruo -ocho toros, ocho- en homenaje a Enrique Ponce como vuelta, también, de la feria de los Candiles. Ahora sí estaba el torero de la Puebla tras el parón de la tristeza. Y Alejandro Talavante y Juan Ortega. Todos gozaron del triunfo -menos Morante, negada la espada y, una vez más, la fortuna- en un ambiente extraordinario, no del todo colmado pero sí completo de satisfacciones a tenor del resultado. Disfrutaron los tendidos de una plaza en vías de acelerada recuperación 10 años después. Una fiesta sin topes. Lo que siempre fue Marbella, o sea.

El listado de celebrities daba para hacer una crónica de negritas como antañazo en esta Marbella de nuevo cuño: Victoria Federica, Ana Soria, Pedro Trapote, Juan Palacios, la doctora Grajal, el Duque de Feria, Manuel Díaz El Cordobés, Javier Conde, Carmen Lomana, Jaime Martínez-Bordiú, Juan del Val, Nuria Roca y un largo etcétera.

Pasadas las 22.35 desfilaron a oscuras los cuatro toreros entre los candiles que adornaban el ruedo, y la gente prendía velas en los tendidos generando una formidable imagen. La banda de la plaza de la Maestranza envolvía con su música la escena antes de romper con el Himno de España. Sólo Ortega había hecho el paseíllo desmonterado como debutante en este ruedo. Bohórquez y Litri entregaron a Ponce una placa como tributo de su paso marbellí en la gira de su adiós, y un recuerdo al resto de los actuantes.

A las 23.20 se habían lidiado dos ejemplares de Núñez del Cuvillo con diferentes registros, distinta fortuna y un mismo resultado: silencio. El toro de Enrique Ponce quedó muy mermado -puede que lesionado- tras derribar con estrépito y gastar allí todo lo que no le sobraba. Valió apenas nada entre los algodonales de Ponce para sostenerlo.

El toro de Morante de la Puebla fue otra cosa, más entero pero brutote. De embestir en bloque. Sin descolgar apenas. Pero MdlP exhibió la seguridad que pasea desde su retorno en Santander. Ese asiento. Y no sólo, sino también el toreo en fogonazos. Más allá de lo que ofrecía el cuvillo. Y así una verónica y una media por el pitón izquierdo, un principio de faena asolerada torería -la trinchera, el pase de la firma-, fases crecientes con la zocata -la colocación, el consentimiento, el embroque- y un cierre a cincel que no fue cierre porque aún regalaría una serie más de naturales. La espada, sin embargo, enterró bajo tierra la luz del toreo.


A las 23.38 Juan Ortega agarraba las orejas con entusiasmo como 20 minutos antes lo había hecho Alejandro Talavante. Si la mano del toro de Talavante fue la derecha, la del de Ortega fue la izquierda. Dos toros buenecitos en cualquier caso. Lo vio Juan además desde el saludo a la verónica, cuando le basculó la madeja de verónicas al pitón izquierdo. Un par de series intercaladas por unos ayudados por alto lo explotaron con fineza. La faena nació con un molinete y murió con una cadena de ellos. Salpicada toda por airosas salidas y entradas de la cara del toro, y detalles de vieja escuela. Mató de una estocada impecable. Esa efectividad también premió a AT. Algo suelta la estocada, necesitó del verduguillo. Se había atemperado sobre la derecha en dos rondas que fueron la cota de una faena que se desordenó con el toro renunciando, amortizado antes de hora.

A la una de la madrugada Enrique Ponce y Alejandro Talavante habían sido premiados con dos rabos, que se dice pronto, y Morante, condenado con un toro infame, preñado de genio y descompuesto, certificaba su mal bajío en los sorteos. En las antípodas, el bravo quinto, Espantoso, sólo por nombre, un máquina de embestir y repetir con una codicia trepidante. Tanta que Ponce lo tuvo siempre encima en una prueba olímpica de fondo. "Dios te libre de un toro bravo, que del manso ya me libro yo", decían los antiguos.

EP al final de la faena, ya más gastado el ímpetu del cuvillo, consiguió encajarse sobre la izquierda y lo mató con habilidad por los blandos. Litri le devolvió la montera del cariñoso brindis y el presidente le entregó los máximos trofeos. Cosa que repetiría con la faena de Talavante a un toro de noble y suelta movilidad en pos de su volandera muleta. Completó el mejor lote de desigual corrida de Cuvillo -con esas hechuras debió embestir más y, sobre todo, mejor- en faena cargada de efectos y guiños de consumo rápido. Hasta las vivaces manoletinas y el fulminante espadazo. Cuatro orejas y rabo en su esportón como cómputo final. Toma ya.

A la 1.25 de la madrugada Juan Ortega despenó con pasmosa solvencia con el acero al último toro, casi tan malo como el de Morante. Lo mejor de Ortega, además de la espada, los doblones postreros de castigo y aliño cuando ya había consumido la voluntad de no volver la cara al toreo al uso.

Y cerca de la 1.30 ya de este 10 de agosto Morante se marchó a pie dejando un puñado de huellas grabadas en la memoria, y sacaron a hombros del entusiasmo a Ponce, Talavante y Ortega. Las furgonetas esperaban al final de la escalera de la puerta grande. Por donde la gente salía tan contenta en esta fiesta sin topes de Marbella.