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Allá por el lejanísimo 1987, Emilio e Irene Gutiérrez Caba hacían resonar el nombre de Miguel Rellán (Tetuán, 1943) en el patio de butacas del Teatro Lope de Vega en la Gran Vía madrileña. Y hacia ellos se dirigía ese hombre desgarbado, fino y de gafas con escasa patilla y abundante cristal. "Yo ante la posibilidad de poder subir aquí, había pensado un párrafo la mar de divertido, ingenioso e inteligente, pero se me acaba de olvidar en ese trayecto absolutamente", diría con esa cadencia inconfundible, con esa infinita retranca, como agradecimiento del que sería el primer Goya para un actor de reparto en este país.
Y ahora aquí estamos, 39 años después, 40 si se cuenta en ediciones de premios del cine español. Ese Miguel Rellán, pasado por el filtro de los años y por 102 películas -el cálculo es suyo y encaja título arriba, título abajo-, ha vuelto a la casilla de salida. O no. Después de cuatro décadas alejado de la quiniela de los Goya, y no por falta de trabajos, ha vuelto a estar nominado en la misma categoría que ya le vio ganar en una gala incipiente. Ahora, eso sí, es el más veterano de los intérpretes con opciones. "Vamos, no me jodas, no me lo creo", despacha con sonrisa de medio lado para dejar patente que ni la cadencia ni la retranca han volado.
Entre el primer Rellán, el de Tata Mía, y el segundo, el de El cautivo, han pasado cuatro décadas y poco más que los años. Aunque él dice que ha pasado de "ser un cateto tímido" a "tener un morro tremendo". Cuesta encontrar un hueco para tener una conversación con él -la cita es a las 10 de la mañana en El Ateneo de Madrid- porque va de aquí para allá viendo teatro y circo, citándose con amigos para comer o preparar lecturas dramatizadas... Sigue enganchado a aquello de la interpretación que le hizo dejar la Medicina. Y, de nuevo, la cadencia y la retranca. "Yo llegué al mundo de actor profesional porque estaba harto de cargar furgonetas, de clavar clavos y de pasarlo mal. La gente me pedía que yo fuera el actor protagonista y, claro, tuve que dejar Medicina y venirme aquí a ganarme la vida".
De aquella gala que no ha vuelto a ver "jamás" guarda un Goya que cree tener en algún lugar indefinido de casa y un recuerdo. Antonio Banderas -nominado por Matador- y él se pasaron toda la gala diciéndole a Agustín González -reconocido por Mambrú se fue a la guerra- que ya tenía el premio ganado. Pero... "Cuando Irene Gutiérrez Caba dice mi nombre, estuve a punto de gritarle que se había equivocado y que era para Agustín. Además yo creo que se cabreó porque era mi amigo, pero era un cascarrabias".
Ahora, por primera vez, tendrá en Barcelona la posibilidad de que algo así vuelva a suceder.
- Encontrarse con una nominación 40 años después, ¿qué le ha hecho sentir?
- Hace unos días, la chica que viene a limpiar a casa me dijo que tengo 54 premios y que está hasta los ovarios de limpiar esos muñecos. Mi actitud ante los premios siempre ha sido lejana, solo me quitó el sueño cuando me nominaron para los premios de la Guía del Ocio por mis padres. Porque así podían pensar 'parece que va a vivir de esto el puñetero niño'. Tengo 54 premios y creo que hay alguno más en el sótano de esos enormes que molestan en cualquier sitio. La mayoría de ellos no me los merezco y lo sé porque me los han dado. Cuando yo pensaba que me lo merecía ni me han nominado. Los premios están bien para potenciar algo: los Goya el cine español; los Oscar, el norteamericano y la Flor Natural de Villa Boquete de Conejillo, el chorizo de la zona.
- En el fondo, tengo la sensación de que a todos les gusta que les nominen, les halaga, pero les cuesta decirlo.
- Paul Newman siempre decía que corría con el coche porque le gustaba la velocidad y porque era la única forma de saber si era el primero o el segundo. Podemos medir quién salta 2,40, pero qué actor está mejor o qué novela es mejor... Hay un reconocimiento instantáneo que es el que valoramos de verdad los actores que es cuando sales a saludar en el teatro y la gente está de pie aplaudiendo. Aunque yo siempre pienso que no lo he hecho bien porque, como decimos en el teatro, la mejor representación siempre es la siguiente. Todo es relativo y a veces te premian por algo que no te ha costado esfuerzo. Alguna vez me preguntan colegas tuyos de qué estoy más orgulloso. De lo que me ha costado más trabajo del normal, de eso que me han tenido sin dormir. A mí me llaman muchos directores que no tienen imaginación para hacer de profesor con gafas, corbata y gusto por la música clásica. Coño, échale imaginación, yo quiero hacer de drag queen o algo que no tenga que ver conmigo.
- ¿De drag queen?
- Yo podría representar a un montón de drag queen mayores algo patéticos, eso sería más bonito que de profesor, filósofo o escritor. Por eso estoy más contento de lo que más trabajo me ha costado aunque después no haya un reconocimiento.
"Tengo 54 premios y creo que hay alguno más en el sótano, de esos enormes que molestan en cualquier sitio"
- Hay algo que parece atar su vida a la de Cervantes. Es un lector ferviente de El Quijote y ha sido la historia de Cervantes la que le ha valido una segunda nominación al Goya.
- El Quijote es una cosa prodigiosa, me sé muchas cosas de memoria y aún así lo vuelvo a leer. Este año he empezado a leerlo desde el primer capítulo otra vez, pero hay veces que lo abro por la mitad y nunca termino de asombrarme. Nunca me hubiera creído tampoco que yo iba a volver cada día a casa con un teatro de pie por mí. Cuando alguien me dice que soy un referente, es como si hablaran con otra persona. Debe ser sorprendente cuando te pasa con 17 años, que de pronto pasas de ser un desconocido a sufrir esa estupidez de la fama.
- Pues no pocas veces habrá oído eso de que es un referentes para muchos actores.
- Muchas veces me gustaría ser menos crítico conmigo mismo. En esta última etapa lo pensaba mucho: 'Vamos a ver, Miguelito, vienes de uno de los teatros más emblemáticos de Madrid [La Abadía con su monólogo El maestro Juan Martínez que estaba allí], con las localidades agotadas y no estás contentos'. Hay que ser gilipollas. Conozco amigos que por mucho menos, porque han hecho un casting se vuelven locos y dan una fiesta de 100 personas. Tampoco hay que pasarse, pero no hay que estar pensando siempre en lo negativo. Y no se me va eso eh
- Con los años algo se le habrá ido, ¿no?
- Se acrecienta por una razón muy simple. Cuando eres el lancero tercero, nadie va a verte a ti. Pero si un teatro está lleno para ver un monólogo tuyo, la responsabilidad es mayor. Cuando me pongo delante de la cámara no tengo nervios, pero en el escenario sí. Hay un momento terrible que es cuando se oye eso de 'señoras y señores, la representación va a comenzar'. Yo ahí siempre pienso quién me mandó a mí meterme en esto, por qué no me dediqué a la filatelia en lugar de esta ahí solo.
"Cuando oigo 'la función va a comenzar', todavía pienso siempre: 'Por qué no me dedicaría yo a la filatelia'"
- Hay una distancia sideral entre los dos personajes que le han posicionado en los Goya. El de 'Tata Mía' es un señor refunfuñón, avaro y bastante conservador. Antonio de Sosa, en 'El cautivo', tiene otra forma de acercarse a la realidad, pero su primera frase podrían compartirla ambos: "Acaso no saben vuestras mercedes que el infierno en la tierra existe".
- No me acordaba de eso, pero sí que son tiempos raros estos. Yo no tengo hijos, que sepa, pero tengo sobrinos y amigos jóvenes. Los mayores estamos despistados porque el futuro no termina de venir y el pasado no acaba de irse. Además con el TikTok todo va rapidísimo, cuando te estás habituando a trabajar online, todo se ha quedado antiguo. Eso sumado a un momento político preocupante y oscuro. Pero supongo que aquí estamos de acuerdo en que la responsabilidad es de todos, ¿no? ¿Por qué triunfan determinados cantantes, entre comillas, o políticos? Porque los votamos o porque vamos al Bernábeu a llenarlo. Como decía Julio Anguita: 'Si se vuelve a votar a los ladrones, pueblo mío, alguna responsabilidad tendrás'. ¿Habéis votado a Trump? Pues bueno ahí está.
- Sus inicios fueron en un teatro independiente y bastante político en la dictadura, ¿echa en falta ese tipo de proyectos?
- Yo creo que siempre ha sido igual, siempre hemos sido una minoría los que nos hemos posicionado. La gente que produce teatro quiere ganar dinero, en mi época hacían a Alfonso Paso o Alonso Millán, vodeviles... Pero los que hacíamos ese teatro éramos unos chavales con la policía en la puerta a los que nos lo prohibían cada dos por tres. Ahora los productores también quieren ganar dinero y los teatros están llenos de musicales, que están muy bien, pero para encontrar ese otro teatro hay que ir al Teatro del Barrio o a salas alternativas.
- La cuestión es que ahora las salas alternativas tienen difícil mantenimiento en muchas artes.
- Para nosotros levantar el telón ya era en muchos casos un acto político independientemente de la calidad del espectáculo que hiciéramos. Te prohibía Fraga a Bertolt Brecht o Valle-Inclán así [chasquea los dedos]. Si nosotros para burlar la censura lo trufábamos todo de tacos para que nos dijeran que era lenguaje obsceno y así colar lo importante. Como eran unos mendrugos, colaba. Ahora estamos en una democracia donde qué vas a decir que no se oiga en el Parlamento. Mentiroso, criminal, asesino... Si tú y yo escribimos un guión sobre un presidente de Estados Unidos con una tortilla de patatas en la cabeza y diciendo lo que dice este, no nos la comprarían por irreal.
- Ahora que ha hablado de la dictadura, ¿qué le parece este discurso que se extiende hoy de que había más libertad en aquellos años que hoy en día?
- Eso es absoluta ignorancia. Hace poco veía a dos chicas de veintitantos en la tele en Ferraz con un cabreo enorme diciendo que esto era una dictadura y llamando hijo de puta al presidente del Gobierno. Con Franco solo con pensarlo estabas en la cárcel. Si un tío a tu lado le parecía que lo estabas pensando, ibas a la cárcel. Yo recuerdo estar en El Rinconcillo, en Sevilla, y hablar bajito porque cualquiera te podía delatar si parecías un comunista. Yo me llevé una buena paliza con una cartera llena de libros. No podías ni dar un beso a una chica por la calle. Eso es no tener ni puta idea de lo que es una dictadura.
"A no ser que seas gilipollas, en esta vida siempre eres un novato aprendiz"
- En esta extensa carrera actoral que ha llevado, ¿le falta algo?
- Estoy empezando. No te rías, que es verdad. En esta vida solo da tiempo a ser amateur, ya lo decía Chaplin. A no ser que seas gilipollas, en esta vida siempre eres un novato que está aprendiendo. Cuando tienes la más mínima tentación de pensar, que en mi caso no la tengo, que empiezas a saberlo todo, siempre hay alguien que te demuestra cuánto te queda por aprender. El ser humano siempre lo hace todo mucho mejor, lo bueno y lo malo. A Paganini la Inquisición lo quería matar porque no se podía tocar como él tocaba. Nadie podía tocar los 24 caprichos de Paganini, era imposible y decían que tenía un pacto con el diablo. Hoy te lo toca un alumno aventajado de tercero de violín. A mí me encantaría asomarme por aquí dentro de 100 años a ver qué estamos haciendo nuevo. Solo eso, nada más.
- Algo habrá aprendido en todos estos años, ¿no?
- Me gustaría pensar que ahora lo hago mejor, que soy mejor actor. Muy burro tendría que ser para que no fuera así. A un piloto que lleva 400.000 horas de vuelo, échale todas las turbulencias que quieras. Yo estoy ocupado y preocupado siempre de este oficio, algo habré mejorado. Se lo digo mucho a jóvenes actores a los que doy cursos, la vida tiene que pasar por nosotros y nosotros tenemos que pasar por la vida para ser buenos actores. Esa cosa ahora de que no hay que sufrir, de ir a terapia para no sufrir. Se muere tu madre y tienes que llorar, sentir el dolor, pasar el duelo y continuar. Por eso Robert Duvall o Anthony Hopkins no hace falta que digan nada, con un primer plano está todo dicho.
Y, antes de despedirse, Rellán aún tiene humor para una última anécdota del rodaje de El viaje a ninguna parte (1986) con Fernando Fernán Gómez. "Él tenía fama de antipático era un tío encantador, pero fomentaba esa fama para que no le dieran la lata. Era muy ingenioso y creaba un muy buen ambiente, pero imponía. Recuerdo que me llamó [cambia la voz hasta acercarla a la del cineasta]: 'Miguel, te voy a pedir una cosa muy difícil. Vas a ir detrás de la puerta, la cierras, la abres y entras'. Joder, ¿eso era lo difícil? Pues grita acción, entro, me engancho la manga de la chaqueta en el pomo y casi me caigo".
Con la cadencia y la retranca, claro.

