LITERATURA
Llevará tu nombre

Sonsoles Ónega habla de su nueva novela: "Me hicieron dudar de mí y este libro es la confirmación de que nada era mentira"

Llevará tu nombre, la nueva novela de Sonsoles Ónega, comienza con tres frases de tres autores. La última, de Salman Rushdie: "Aprendí que mediante la literatura podía repararme a mí mismo". Llevará tu nombre ha reparado a Sonsoles Ónega

Sonsoles Ónega
La escritora y periodista, Sonsoles Ónega.
Actualizado

Sonsoles Ónega está como esos niños que el día de Reyes abren los ojos, acuden al salón y encuentran justo lo que habían pedido a sus majestades. El regalo que la escritora, ganadora del Premio Planeta en 2023 por Las hijas de la criada, pidió fue Llevará tu nombre; el regalo que la autora hace a los lectores es el mismo.

Hace ahora poco más de dos años, poquito después de que le entregasen el Planeta y todos los focos se dirigiesen hacia ella (ya se sabe no hay Planeta sin polémica) Sonsoles Ónega se sentó frente a su ordenador y se puso a escribir la novela que hoy ve la luz. Una novela que le ha servido para "repararse", para "alejar las dudas" que sembraron sobre ella, para "confirmarse", no a ella misma, sino a este mundo tan complicado de autores, libros y críticas.

Llevará tu nombre arranca con una bienvenida a las "queridas lectoras", "a estas páginas que también tu nombre"; le siguen tres frases más de tres autores, la última de ellas de Salman Rushdie: "Aprendí que mediante la literatura podía repararme a mí mismo". Para Sonsoles Ónega no es una declaración de intenciones, es una realidad. Llevará tu nombre es su reparación.

"Este libro es una confirmación de que nada era mentira, de que todo era verdad", dice la escritora, advirtiendo a la periodista que ella "no necesitaba" confirmar nada, "pero me hicieron dudar de todo": "Yo he dudado mucho de mi vocación, de mi deseo de no pasar ni un solo día sin escribir o leer".

¿Una redención?
No, una redención, no. Yo decía, "Dios mío, me hicieron dudar de mí misma". Por eso esta novela es la confirmación de que podía hacerlo.

Sonsoles Ónega elabora una trama rica en matices en la que convergen la lucha personal de Mada (la protagonista), su pasión por la lectura y la escritura, y una apasionante historia de amor que conmueve por las grandes diferencias entre las clases sociales, siempre injustas, aunque salvables si se atiende, con valentía, a los verdaderos sentimientos.

Mada y las mujeres que la rodean deben cargar con la losa de las normas sociales, la falta de oprotunidades y el juicio constante. Sonsoles Ónega vuelve a demostrar que la forma de escribir de una mujer no tiene nada que ver con la de los autores masculinos, convirtiendo a Mada en una mujer de finales del siglo XIX que bien podría ser una mujer de hoy, que bien podría ser la mismísima Sonsoles Ónega.

¿Cuánto hay de Mada (la protagonista) en Sonsoles y cuánto de Sonsoles en Mada?
Hay mucho de Sonsoles en Mada. Hay una frase de Gustave Flaubert, que me encanta, que dice que el autor en las novelas tiene que ser como Dios en el universo: existe aunque nadie le vea. Al menos en mis novelas ocurre. Creo que soy muy Mada. Pero también te digo que a Mada le he incorporado algunos destellos de inteligencia que yo no he tenido. Por ejemplo, la capacidad de observar, de apreciar y de advertir que el matrimonio perjudica seriamente la salud de la mujer creadora, por ejemplo.
¿A qué te refieres?
A esa inteligencia suya, esa capacidad de aventurar lo que podía ocurrir. Yo no la tuve. Hay veces que en los personajes intento hacer lo que yo no he hecho, decir lo que no he dicho o que me digan lo que nadie me ha dicho.
En la novela haces la siguiente descripción: "Ella tiene doble valor porque cuida de su casa, educa a sus hijos y, además, resta horas a la noche para saciar la pulsión, la necesidad imperiosa de contar historias". ¿Como tú?
Tal cual... De trabajadora, de madre, de hija de, de nieta de cuando vivía mi abuela, de novia... Por eso a veces cuando me preguntan por qué me da pudor decir que soy escritora, digo "porque soy todo lo demás". Es decir, soy una hija que escribe, una novia que escribe, una madre que escribe, una periodista que escribe. Y por eso creo que a la literatura no le he concedido todo el tiempo que hubiera merecido. Siempre le he dado un contrato a tiempo parcial y eso me pesa un poco. Soy una señora que hace millones de cosas y además escribe cuando puede, fundamentalmente.
No voy a poner eso.
¿Por qué? Creo que fue Carmen Marín-Gaite la que se sentaba a escribir y tenía que ponerse una nota para recordarse que tenía las lentejas en el fuego. Eso no lo hace un tío porque tiene alguien que le hace las lentejas, una mujer. Porque el nido del hombre escritor lo hace una mujer. No se tiene que preocupar de si se ha roto la lavadora o de si no hay agua caliente porque reventó la caldera. Eso cortocircuita mucho la labor de la mujer creadora, muchísimo. Y para mí ha sido... ¡Bueno, me ha costado un matrimonio!
En la novela los dos personajes masculinos, Santiago y Gonzalo, acabas comprendiéndoles y amándoles. Y, en el caso de las mujeres, has reflejado muy bien la complejidad de cada personaje.
Construir a don Santiago fue lo más complicado. Un padre que elige a su segunda familia por delante de su hija. Fíjate, que prefiere matarla.
¿Y María Vicenta?
¡Por favor, que María Vicenta existió de verdad! No sabes cuántas monjas me han llamado para hablar de ella. María Vicenta es Santa desde el año 75 y está enterrada aquí al lado, en la calle Fuencarral, en un convento. ¡Le he creado hasta un perfil de Instagram!
¿El personaje más irreal resulta que es el más real?
Es que era una feminista, una religiosa feminista (...) Con toda esta corriente de espiritualidad que hay ahora, la Iglesia debería apoyarse en este tipo de personajes.
¿Por qué te cuesta tanto escribir las escenas de sexo? ¿Sale la Sonsoles Ónega recatada?
No lo sé (risas). No sé escribir de sexo, tengo este problema; y no es por mojigatería, es que no puedo, que no puedo. O sea, me parece todo vulgar. El simple tecleo de la escena, no puedo.
Terminas el libro con esta frase: "Lo que pasa en los libros se queda en los libros". ¿Qué quieres decir?
¡Me encanta que me hagas esta pregunta! Porque me apetece mucho reivindicar la experiencia de vida que hay entre un lector, un libro y un autor; un escritor y los personajes. Lo que tú sientas leyendo, los sentimientos más abyectos, los más bonitos, la pulsión más primitiva se va a quedar en los libros. Permítete sentir, vivir, aunque te haga despertar algún instinto asesino. Los libros nos llevan a eso. Si quieres odiar, odia, permítete querer, permítete lo que te dé la gana, porque lo que pasa en los libros se quedan los libros.