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Entrevista

Margaret Atwood: "Me atacan desde la izquierda y desde la derecha, pero a mí me da igual, ya soy demasiado vieja"

La democracia, la moral, la historia, el feminismo, la libertad de expresión, la literatura... Margaret Atwood habla sobre los temas que ocupan su nuevo libro de ensayos, 'Cuestiones candentes'

La escritora Margaret Atwood.
La escritora Margaret Atwood.LEONARDO CENDAMOAFP
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Esta anciana sonriente parece tener la piel de lagarto. Ni las críticas la ofenden ni los halagos la conmueven. A sus 83 años, Margaret Atwood bromea hasta sobre la muerte.

Luminosa y juguetona al otro lado de la pantalla de Zoom, en nuestra conversación de media hora se ríe en cada una de las respuestas, aunque sea tan incisiva como siempre al analizar la democracia, la sociedad occidental, los derechos humanos, la libertad de expresión o el cambio climático. Son asuntos que se toma muy en serio, como demuestra su enorme producción no literaria, y sobre los que opina con la conciencia crítica que lleva despertando polémicas desde el principio de su carrera.

Hace ya mucho tiempo que adquirió estatus de profeta, de gurú, esta escritora canadiense capaz de interpretar los retos y contradicciones de la sociedad occidental con una gran clarividencia. La autora de El cuento de la criada y de más de 60 libros entre novelas, relatos, poesía, literatura infantil y no ficción siempre responde lo mismo a eso: "Solo soy una estudiosa de la Historia". Y hay muchas referencias al pasado en sus explicaciones y en su nuevo libro, Cuestiones candentes (Salamandra), que reúne artículos, charlas universitarias y ensayos escritos en las últimas dos décadas.

Su última novela, Los testamentos, salió en 2019, ocho días antes de que muriera Graeme Gibson. El también escritor y naturalista fue su pareja durante 46 años, y a él le dedicó el poemario Dearly, escrito durante su agonía y publicado en 2020. Si desde entonces ha escrito algo nuevo es lo único sobre lo que prefiere no hablar.

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Me gustaría empezar preguntándole por Miguel de Cervantes, del que es admiradora...
Sí. Todo el mundo lo es.
¿Cuánto tiene usted de Don Quijote y cuánto de Sancho Panza?
Mitad y mitad, quizá un poco más de Sancho y un poco menos de Don Quijote, pero todos reconocemos esos molinos de viento en nuestras vidas.
En uno de los textos incluidos en el libro describe a Graeme Gibson como "una persona de imperativos morales". ¿Lo ha sido usted también?
No tanto como él, no. Soy una persona mucho más perezosa. Él era muy activo. Creó el sindicato de escritores de este país y encabezó el Pen Internacional de Canadá en el momento de la fatwa de Salman Rushdie. Era la única persona en Canadá que hablaba públicamente sobre ello. Todos estábamos un poco preocupados, pero él lo hizo de todos modos. Así que, sí, era muy categórico.
Me gustaría plantearle varias preguntas sobre moralidad y ética...
Quizá te has equivocado de persona.
¿Por qué?
Yo soy una novelista. Los personajes de las novelas no son perfectos y a menudo se comportan mal. Los seres humanos estamos llenos de matices y todos tenemos un lado oscuro. Eso es lo que hacen los novelistas: describen a personas reales. Si empezaras a leer un libro y todos los personajes fueran perfectos, ¿cuánto tiempo seguirías leyendo?
Pero la gente no es perfecta.
La gente no es perfecta. Y de todos modos, ¿quién decide lo que es perfecto? Hay quien establece estándares de perfección, y por supuesto nadie puede cumplirlos, así que a todo el mundo se le hace sentir imperfecto y culpable y malo todo el tiempo. ¿Eso contribuye a la suma de la felicidad humana? (Ríe).
La escritora Margaret Atwood.
La escritora Margaret Atwood.LEONARDO CENDAMOAFP

En esta época, muchas personas parecen estar muy preocupadas por lo que es moralmente correcto o incorrecto, sobre...
Bueno, eso debería preocuparles. Sin duda alguna. Algunas cosas son obviamente malas. Ya sabes, matar, los asesinos en serie... eso está mal, ¿no te parece? (Ríe). Lo estoy llevando al extremo. Pero luego hay grandes áreas grises. Mentir, engañar y robar: eso hay mucha gente que lo hace. Y si tienen la oportunidad de escaquearse de una multa de aparcamiento, normalmente lo harán. Así que, ¿dónde ponemos la línea roja? Este otoño hice un ejercicio llamado Utopías Prácticas, y la mitad estaba dedicada al mundo social. Planteaba: ¿quién va a tomar las decisiones? ¿Qué tipo de Gobierno vamos a tener? ¿Qué tipo de Sanidad? ¿Qué sistema educativo? Y, por cierto, ¿va a haber Policía? Así que nuestros equipos, que eran de 25 personas, lo hicieron muy bien en casi todo, incluida la eliminación de cadáveres. Pensaba que evitarían el tema, pero idearon métodos muy ecológicos de eliminación de cadáveres. Yo estaba orgullosa de ellos. Pero no querían pensar en la Policía, no querían pensar que quizá no todo el mundo en su utopía práctica iba a seguir las reglas. ¿Qué vas a hacer con la gente que no esté de acuerdo con tu plan? Pensemos en ello. Todas las sociedades que conocemos han tenido que enfrentarse a la gente que rompe las reglas. Antes de que existiera la arquitectura no había prisiones. Es una pregunta muy interesante. Aquí es donde entra en juego la moral, porque todas las sociedades que conocemos han tenido un sistema de lo que se debe y no se debe hacer. Hacemos estas cosas. No hacemos estas cosas. Todas y cada una de las sociedades. Entonces, ¿qué vas a hacer con los que hacen las cosas que se supone que no se deben hacer? ¿Es perfecto el sistema de Justicia en una democracia? No. ¿Existe la perfección? No. Pero vas a tener que tener alguna idea de cómo gestionarlo. Te daré un ejemplo. Érase una vez, antes de que tú nacieras, era 1965... ¿Habías nacido?
No. Nací en 1972.
Oh, eres un niño. Probablemente pienses que eres muy, muy viejo, pero no lo eres. Bien, estamos en 1965 en Boston y un amigo me dice un domingo por la tarde: "Vamos a dar un paseo". Muy bien. Lo que yo no sabía es que íbamos a una de las primeras marchas pacifistas contra la guerra de Vietnam. El caso es que estábamos allí, marchamos, y el Partido Nazi Americano también estaba allí. Y agarraron el megáfono de los organizadores. Se llevaron el sistema de sonido de los pacifistas. Pero los pacifistas eran pacifistas, asi que dijeron: "Por favor, devuélvannos nuestro sistema de sonido, no deberian habérnoslo quitado". Y el Partido Nazi Americano dijo: "¡No!". Si eres pacifista, ¿qué haces? No puedes pelearte con ellos, ¿verdad?, por eso eres un pacifista. Así que ser perfecto tiene sus problemas. ¿Te defiendes en caso de agresión o dejas que te pisoteen? Son verdaderos dilemas morales.
¿Cuál es su análisis de la guerra de Ucrania desde...
Exacto. Sabía que llegaríamos a esto. Bueno, es un caso claro de agresión. ¿Te defiendes? Evidentemente, la respuesta es sí. Y si realmente te interesa este tema en profundidad, te sugiero que sigas a un experto en logística militar llamado Phillips P O'Brien, que hasta ahora ha acertado mucho de lo que está sucediendo. Yo nací en 1939. ¿Qué significa eso? Significa que crecí en la Segunda Guerra Mundial, así que estoy muy interesada en estas cuestiones porque conocí a muchas personas que estuvieron en esa guerra: en los movimientos de resistencia polaca, francesa y holandesa. Además, el padre de Graeme fue un general canadiense en la guerra. Tengo toda esa historia y he estado bastante interesada en cómo se inician los totalitarismos, cómo permanecen en el poder y cómo continuaron en España y Portugal. Uno de los problemas con EEUU actualmente es que no recuerdan. Tampoco recuerdan la Guerra Fría ni los totalitarismos del siglo XX. Pero mucha otra gente sí los recuerda, particularmente en Europa del Este. Los polacos fueron invadidos por ambos lados. Ucrania ha sido invadida sin cesar también por ambos lados. Y cantidades enormes de personas murieron allí y en Lituania, Letonia, Estonia, Finlandia...
Escuelas y bibliotecas conservadoras de Estados Unidos han prohibido sus libros. Al mismo tiempo, personas progresistas han pedido que se cancelen sus libros. Así que usted...
Sí. Es así. Tienes el círculo (forma un círculo con sus manos). Arriba del círculo están las dictaduras y abajo la anarquía. Con la anarquía tienes señores de la guerra. Es inevitable. Bandas, señores de la guerra, territorios más pequeños. Y en el medio están las democracias liberales, más o menos funcionales. ¿Cuál es el inconveniente? El dinero puede apoderarse de ellas rápidamente y convertirlas en oligarquías. Y, ciertamente, algo de eso está ocurriendo. Así que aquí está el círculo, la tiranía arriba, la anarquía abajo y tienes la izquierda aquí y la derecha aquí, con una flecha que baja a la anarquía en cada lado y otra flecha que va hacia arriba a la tiranía en cada lado. Y también hay una gran flecha que va de la anarquía a la tiranía porque, cuando estás en la anarquía, la gente dice: "No podemos vivir de esta manera. Nadie sabe cuáles son las reglas, estamos siendo invadidos por bandidos, necesitamos que alguien tome una posición fuerte y ponga las cosas bajo control". Así que cada bando tiene un enorme interés en provocar la anarquía con la esperanza de poder coger el camino hasta el control total. Y todo el mundo quiere deshacerse del centro, tanto la izquierda como la derecha. Ambos atacan al centro, esa gente indecisa que no está del todo de su lado, que ve el valor en algunas de las cosas que dicen, pero que no va a unirse a su movimiento ideológico extremista. Así que ahora estamos en ese círculo (ríe). En las democracias, estamos en un punto en el que el centro está siendo atacado por ambos bandos, pero cualquier democracia que funcione tiene que mantener el centro. Tienes que mantener el centro porque esa es la única manera con la permitir que la gente decida sobre las cuestiones reales y no sobre una ideología. ¿Saco un voto para ti? (Ríe).
¿Cómo afronta el clima moral actual?
¿Cómo afronto que la gente me ataque? Soy demasiado vieja. Me da igual. Ya lo he visto antes. Incluso peor. No habéis conseguido nada. He sido atacada desde ambos bandos. Solía ser sobre todo desde la derecha, últimamente es también desde la izquierda, o algunas personas que dicen que son de izquierdas. Y no olvidemos a los jóvenes provocadores, que siempre existen. En cualquiera de estos enfrentamientos siempre va a haber un infiltrado del otro bando diciendo cosas lunáticas para hacer quedar mal a ese bando. Así que no contemos con ellos. Lo he visto antes. Estudié espionaje, leí a John le Carré... Ya sabes, todo lo que tienes que hacer es fingir que estás en un diálogo y luego pensar cómo harías para destruir al otro lado y arruinar el centro.
¿Cuáles son las cuestiones candentes que más le preocupan en este momento?
Todo está conectado. Sabemos que en periodos de plaga o de cambio climático los gobiernos pueden ser derrocados. Cuando la gente no puede comer, se enfada mucho. Por eso una de las cosas que me interesa mucho ahora es la Revolución Francesa. Es historia, pero los patrones observables siguen siendo relevantes. Las cosas se estuvieron fraguando durante un tiempo, la gente había estado discutiendo esto y aquello, y entonces sucedieron un par de cosas. Los impuestos subieron. Siempre es malo (ríe). Especialmente cuando eres bastante pobre. ¿Y por qué suben los impuestos? Porque el gobierno francés había gastado mucho dinero en la Revolución Americana, ¿verdad? Lo hizo porque estaba molesto con los británicos por haber conquistado Nueva Francia. En ese momento, las colonias de Nueva Inglaterra ya no necesitaban al ejército británico. Dicen: "¿Por qué debemos pagar por ello?" Discusión. Disputa. Revolución. Francia pone mucho dinero en el lado revolucionario americano. Tal vez un mal ejemplo. Realmente no debería haber promovido una revolución. Tal vez no el antiguo régimen de Francia. Esa es la situación: subida de los impuestos, un verano muy caluroso y el precio del pan muy caro. Mala combinación: comida, clima y dinero. Así estallan las revoluciones.
¿Cuál diría que es la principal amenaza para la democracia hoy?
Me preocupa lo que estamos diciendo. Todo está conectado. Ahora tenemos problemas de dinero en varios países, tenemos el cambio climático y problemas de salud públicas. Cuando la gente no puede comer siente que la jerarquía no está haciendo bien su trabajo, así que se enfada y derroca a la gente de arriba. Clima, dinero y enfermedades, esas tres cosas siempre van de la mano en una ruptura social. Eso es lo que me preocupa. Pero, sobre todo, me preocupa que, si matamos a los océanos, moriremos.
¿Le importa si le pregunto sobre la corrección política?
Dispara.
¿El aumento de la sensibilidad por la corrección política y de la cultura de la cancelación suponen una amenaza real para la libertad de expresión?
Si se mantuvieran, lo serían, pero creo que ya están en declive, ya se están apagando. Estas cosas generalmente siguen esta trayectoria: al principio parece una buena idea, la gente la lleva demasiado lejos, se sale de control y hay una reacción. Yo creo que ya estamos en la reacción.
¿Está bajando?
Está bajando. El problema con todo esto es que se pueden soltar algunas buenas ideas mezcladas con los excesos y terminar en... ¿cómo lo llamaría? Lo diré: estupidez. Sí, se pueden soltar buenas ideas junto con la estupidez. Así que en estos casos siempre hay que hacer malabarismos. Hay un libro muy interesante que se llama La caída de Robespierre [de Colin Jones, que se publicará en España en mayo]. Abarca 24 horas en la vida de Robespierre, al principio de las cuales tiene cabeza y al final no (ríe). Fue todo muy rápido. El autor al final explica que todas estas ideas que sonaban bastante bien, ya sabes, igualdad, fraternidad, libertad... no incluía sororidad, por cierto, porque la revolución es bastante dura con las mujeres. El caso es que estas ideas fueron desechadas junto con el terror, y cómo en la reacción de Thermidor los amigos y familiares de las personas cuyas cabezas habían sido cortadas comenzaron a cortar las cabezas de las personas que habían hecho el corte. Creo que se llama venganza (ríe). Así que creo que la gente debería modificar su inclinación natural hacia la venganza y calmarse un poco.
¿Hasta qué punto cree que ha influido como escritora en la esfera cultural? ¿Cuál ha sido su contribución?
Eso nunca lo puede decir la propia persona. Además, es imposible de calcular. ¿Y quién decide qué es una buena contribución a la sociedad? Mucha gente dirá que yo he hecho una mala contribución (ríe), por eso prohíben mis libros. Y de todas formas, puede que estés muerto y enterrado para cuando la gente decida que hiciste una contribución. Hay muchos ejemplos de gente que fue ignorada en vida y que de repente después son lo más importante.
Pero ese no es su caso.
No es mi caso. Pero, por supuesto, lo contrario también es cierto. Puedes tener una reputación muy grande durante tu vida y luego ser olvidado por completo. Sabemos que estas cosas son muy cíclicas, las modas literarias. Shakespeare nunca pensó que fuera Shakespeare. Sólo pensaba que se ganaba la vida en ese nuevo medio llamado teatro. Quizá si hubiera hecho suficiente dinero se habría retirado.
Plantearé la pregunta de otra manera. ¿Cuáles diría que son sus logros como escritora?
Bueno, es que soy canadiense. Nosotros no hablamos de nuestros logros. Nunca, no. Te derribarían de inmediato si fueras tan engreído y egoísta como para hacer tales afirmaciones.
¿Qué siente cuando ve su nombre en la lista de escritores favoritos para el Premio Nobel?
Oh, el Premio Nobel (ríe).
Ya sabe...
Mira, este es uno de mis premios favoritos (muestra una figurita). Es un premio para escritores de novelas policíacas. Es el Hombre delgado de Dashiell Hammett, y la cabeza es la del Halcón Maltés. Parece muy egipcio, ¿verdad? Es muy mono. Bueno, ¿qué son los premios? Podemos tener una larga conversación sobre eso. Pero el escritor no tiene nada que ver con ello. Es como una feria de jardinería en la que se premia a la mejor calabaza. La calabaza no tiene nada que decir si gana un premio o no. Los premios son declaraciones de intenciones de quienes los otorgan, no de quienes los reciben. De todos modos, ¿realmente cuánto tiempo esperas que dedique a mi edad a pensar en esto? (Ríe). No sé, en nuestra oficina tenemos un concurso sobre cuál premio sería el mejor arma homicida. Hasta ahora ha ganado uno que es muy puntiagudo, pesado y metálico.
Ha hablado varias veces de su edad en esta conversación. ¿Cómo se siente con su edad?
¿Ser vieja? Los viejos nos divertimos más. Tenemos menos ansiedad, ya sabemos el final de la trama (ríe). La gente de tu edad probablemente está bastante preocupada y ansiosa: "¿Qué va a ser de mí? ¿Qué pasará con mi trabajo? ¿Y si se me cae el pelo?". Todas esas cosas de la mediana edad. Nosotros somos más así (saca una figurita articulada del Día de Muertos de México, la mueve sonriente como si bailara). Sí, he estado hace poco en México, y tienen una actitud muy viva la virgen sobre la mortalidad. Realmente celebran la muerte. En el Día de Muertos tienen las calaveritas de azúcar y los figurines de los muertos, que siguen haciendo las cosas de su vida, como teclear, beber, ir de fiesta... Me lo pasé muy bien allí.

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