CULTURA
La penúltima

Quememos nuestros libros: el postureo de quién tiene la biblioteca más grande

¿Por qué concedemos a los libros un estatus superior al resto de productos culturales? Si su respuesta es diferente a "por puro postureo", miente o se miente

La actriz Clara Galle, en 'La Revuelta'.
La actriz Clara Galle, en 'La Revuelta'.RTVE
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Escucho a la actriz Clara Galle contar en ‘La Revuelta’ que se ha gastado buena parte de sus ahorros en instalar una librería a medida en casa y de inmediato me cae simpática. Cuatro metros de alto y con escaleras. Poca broma. En mis más humildes dimensiones, hice lo mismo cuando me mudé hace tres años a un piso que elegí, precisamente, porque no necesitaba reforma. Excepto una: una estantería de obra de lado a lado de las paredes del salón para los libros. Ahí siguen, tapados ahora por una colección anárquica de dibujos infantiles, fotos, legos y manualidades del cole cuya belleza reside en algún lugar aún por descubrir, pero cualquiera quita.

Ninguno de los libros ha abandonado su sitio desde el día en que los coloqué. Todo es una farsa.

Para saber más

El mismo día de la mudanza, abrumado por la cantidad de cajas que me rodeaban, empecé a mandar mensajes poco meditados a mis grupos de amigos regalando cosas con tal de que vinieran a por ellas. Guille y Miki se pelearon por 30 cajas de comics que aún discuten; vestí para varios años a los que usan una L y un 43; bajé cientos de DVDs en el carrito de la compra, cual Papá Noel deconstruido, a una hornacina para dejar productos culturales que hay en el Retiro; el más rápido se quedó la vieja Nintendo 64, y tuve que rogar a una ONG que se llevara todos mis CDs (no así los vinilos, de nuevo la pose) cuando asumí que llevaba siglos sin arreglar la cadena. Sin embargo, no tiré ni un libro.

La estupidez es supina. Excepto los Harry Potter y ‘El Señor de los Anillos’, a los que los niños están dando una segunda vida, el 99% de esos libros seguirán, cubiertos de polvo, en el mismo lugar donde los puse cuando mis hijos tengan que vaciar la casa. ¿Quién coño va a releer ‘La broma infinita’, ‘El arco iris de la gravedad’ o ‘2666’ si no es debido a algún tipo de tortura sádica tipo ‘Funny games’? ¿Qué novelas negras admiten revisión una vez conocido el desenlace? ¿Cuántas veces, en cambio, he echado ya de menos la colección completa de X-Men que Guille no piensa devolver? ¿Por qué concedemos a los libros un estatus superior? Si su respuesta es diferente a "por puro postureo", miente o se miente.

Claro que sigo leyendo y me gusta más la gente que lee, no soy María Pombo ni Vito Quiles, pero hay que acabar con el culto al libro como objeto. Se compra, se lee, se presta y no se pide de vuelta. Pienso en Clara Galle llenando su estantería con toda la ilusión del mundo para acabar preguntándose, dentro de no mucho, para qué diablos eran esas escaleritas que incordian en mitad del salón. Hubo un tiempo en que, cada vez que recibía visita, regalaba un libro. Es lo más inteligente que he hecho nunca por follar. Ojalá haber sido Brad Pitt y aún tendría mis tebeos.