CULTURA
Asesino en Serie

Innato: el dignísimo 'thriller' español que no es más exigente porque no quiere... o porque Netflix así lo ha pedido

Circulan demasiadas historias sobre el control que ejerce la plataforma sobre sus contenidos como para no sospechar que tras determinadas sordinas y frenos de mano echados en Innato no hay una (ma)N(o) roja estableciendo límites

Innato
Imanol Arias y Elena Anaya protagonizan Innato.NETFLIX
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Se dice que la chimenea, un mero salvapantallas, es uno de los contenidos más consumidos de Netflix. Supongo que el acuario no le andará lejos. Tiene sentido: entre la pantalla apagada y un hogareño e inofensivo fuego de leña virtual, por qué no esto último. Si a la chimenea fake le añades una vela de Cire Trudon o Diptyque, lo aspiracional funciona aunque vivas en un bajo interior.

La tele es una magnífica fuente de calor de hogar. Unas veces ese calor es literal; otras, el efecto es metafórico. Acogedores son el especial navideño de Todas las criaturas, grandes y pequeñas, la espantosa ¡Vaya navidad! con Michelle Pfeiffer o un thriller español, convencional y correcto. Eso es Innato. O eso es para mí, que la he visto con lluvia fuera y calor dentro. También con una familia, la mía, pequeña y bien avenida y a punto de celebrar la Nochebuena y otra, la de la serie, la de Sara Garay (Elena Anaya), en riesgo desde el momento en el que Félix, su padre (Imanol Arias), sale de la cárcel. Entró ahí como asesino en serie famoso ("el asesino del gasoil") y sale despertando el morbo de los monstruos sueltos.

Cuando alguien es asesinado, con un modus operandi calcado al de Félix, comienzan las sospechas. También las preguntas: ¿es genéticamente hereditaria la personalidad criminal de Félix? ¿Y es racional obsesionarse con esa posibilidad o le estás abriendo así las puertas a una paranoia tan destructiva como el fuego con el que el asesino del gasoil mataba a sus víctimas?

Para saber más

Creada por Fran Carballal y Enrique Lojo, Innato es un dignísimo thriller diseñado para ser visto en un fin de semana. En todo momento da la sensación de que esta miniserie (son ocho episodios) podría ser mejor si quisiera. Creo que Innato no es más exigente, más serena o menos convencional porque no quiere. O porque Netflix así lo ha pedido.

Circulan demasiadas historias sobre el control que ejerce la plataforma sobre sus contenidos (y en especial sobre algunos) como para no sospechar que tras determinadas sordinas y frenos de mano echados en Innato no hay una (ma)N(o) roja estableciendo límites. Trabajos anteriores de Carballal y Lojo me llevan a deducir que, si les dijesen "haced lo que queráis" o si ellos creyeran que pueden hacerlo, Innato sería más bruta, más oscura, más sórdida y más ambigua. Ya lo es bastante, lo cual es de agradecer.

Con un reparto cuajado de estrellas carismáticas y una dirección (de Lino Escalera e Inma Torrente) que no se limita a ser funcional, Innato es el mejor zumo que podría hacerse con un cesto de naranjas aparentemente contadas. El triángulo formado por Elena Anaya, Roberto Álamo y Fernando Guallar (mi eroto-thriller soñado, si me preguntan) va mucho más allá de lo simplemente operativo. Igual que la línea que une a Félix, Sara y Sebas (Teo Soler), abuelo, madre e hijo, va mucho más allá de una simple familia.

Guión, dirección e interpretación dejan mucho espacio para la inteligencia del espectador en una serie que sabe que éste, a una ficción como Innato, le puede pedir calor de hogar, entretenimiento intelectual o ambas cosas. No criticaré a quien use esta serie como salvapantallas de la siesta de un domingo lluvioso. Tampoco a quien busque y encuentre en ella cualidades que, paradójicamente, nadie le ha pedido. Tampoco tengo nada contra darle al play a la chimenea de Netflix. Ni contra las velas aromáticas baratas, aunque no las recomiendo: producen demasiado humo y su olor me da dolor de cabeza. Innato es una vela buena.