CULTURA
Historia

Churchill ante el Día D: "Su gran éxito fue convencer a EEUU de hacer la guerra en Europa"

Allen Packwood y Richard Dannatt narran en 'El Día D de Churchill' la conducta del primer ministro en el asalto a Francia del 6 de junio de 1944.

Winston Churchill, a las puertas de Downing Street, en 1943
Winston Churchill, a las puertas del 10 de Downing Street, en 1943.AFP
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Un año después del desembarco de Normandía, Winston Churchill perdió las elecciones en el Reino Unido y se fue a casa como un viejo malhumorado, renqueante y desdeñado por el país que había encontrado en su voz su último aliento en la larga noche de 1941 y 1942. "Churchill sacaba lo mejor de sí mismo en los momentos de crisis, cuando había que tomar decisiones dramáticas y rápidas", cuentan Allen Packwood y Richard Dannatt, los autores de El Día D de Churchill, (editado en España por Crítica). En cambio, el primer ministro de los años de la Guerra tendía a la impaciencia cuando había que construir políticas de largo alcance. En el junio del regreso aliado a Francia, Churchill quiso embarcar en un buque de guerra, pero el Rey Jorge VI no le dejó que cometiese esa imprudencia. Frustrado, Churchill vivió el Día D en un vagón de tren, en una vía muerta junto al mar, sin agua caliente con la que asearse ni una buena mesa de trabajo en la que ordenar la información.

El carácter de Churchill, sus ímpetus y sus melancolías, su mala salud, sus miedos, sus prejuicios y el recuerdo de sus fracasos son una parte importante de El día D de Churchill. Packwood y Dannatt cuentan la historia de la Operación Overlord a través de la figura del primer ministro. Como Churchill había sido culpado ante la opinión pública por el desastre de Galípoli en 1915, la idea de un desembarco anfibio le daba pavor. Como había intuido desde 1943 que el futuro tras la II Guerra Mundial sería la Guerra Fría, priorizaba hacer la guerra en el Mediterráneo para evitar que la URSS convirtiera a Grecia a Italia en sus satélites. Y como su ideología era, sobre todo, la de un nacionalista del Imperio Británico, siempre fue sospechoso de estar en contra de dar el salto a Europa.

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"Esa última una cuestión es clave", dice Packwood. "La prioridad de Churchill era el interés nacional británico, como es propio de cualquier primer ministro. Interés nacional británico no inglés, ni del Reino Unido, sino del Imperio y su Commonwealth. Ese era su deber. Pero había en él otro plano más moral, de oposición al fascismo y al totalitarismo bolchevique". En España, a Churchill se le reprocha a menudo su indiferencia ante la Guerra Civil, atribuida a cierta tendencia al aislacionismo imperial. "No. Churchill vivió la guerra en España como un conflicto moral que lo obligaba a elegir entre comunismo y fascismo. Y pensó que si se diese una situación así en el Reino Unido, la izquierda lo buscaría para fusilarlo", dice Packwood. ¿No era, por tanto, un aislacionista? "No. Por ejemplo, su amor por Francia era verdadero. Le dolió mucho la caída de junio de 1940 y durante toda la guerra trabajó por el reestablecimiento de la República Francesa", continúa Dannatt. "Churchill se veía a si mismo como en parte francés y en parte estadounidense por su madre. O sea que sí que tenía un sentido complejo de la comunidad internacional".

"Churchill escribió un ensayo muy interesante en 1930 sobre Los Estados Unidos de Europa que desarrollaba una visión en la que las Islas Británicas estaban en una posición intermedia entre tres esferas que coincidían en su territorio: Europa, su Imperio y el mundo anglófono en el que importaba especialmente Estados Unidos. El éxito de su país consistiría en encontrar el equilibrio entre esas tres influencias, sin que ninguna pesase demasiado. Era una visión compleja", dice Packwood.

Junto al carácter de Churchill, el libro de Packwood y Dannatt dedica muchas páginas a explicar cuáles eran las presiones a las que se enfrentó por parte de sus aliados y de su nación. Si la URSS hubiese podido elegir, el desembarco de Normandía hubiese ocurrido en junio de 1941, en las peores horas de la campaña alemana en el Este. "La mayor presión fue la de la URSS, desde junio de 1941, desde que Alemania lanzó la operación Barbarroja, porque necesitaba que Gran Bretaña abriese un frente en Occidente que hiciese que los alemanes dividieran sus esfuerzos. El problema con Estados Unidos era diferente porque la tentación de muchos estadounidenses era centrar todas sus fuerzas en la batalla contra Japón, que era el Ejército que los habia agredido. El gran éxito de Churchill fue convencer al presidente Roosevelt de que la guerra debía librarse en Europa y de que había que tener paciencia frente a quienes deseaban lanzar una contraofensiva en 1942 y en 1943", dice Dannatt.

Churchill creía que el desembarco en Europa de los aliados era "una operación necesaria pero sin plan B, una jugada de un solo tiro". Según sus biógrafos, el primer ministro se desvivió para que los mandos británicos y estadounidenses dejaran de percibirse como ajenos, para que cada reto material estuviese resuelto por un ingeniero, para que las filtraciones no existieran... En vísperas del desembarco, un oficial fanfarrón hablo de la inminente operación en un club de Londres, dio detalles que no tenía por qué conocer. Esa anécdota de bar estuvo a punto de aplazar el Día D.

¿Hubiese tenido alguna oportunidad de triunfar un desembarco en Francia en verano de 1943? "Nunca lo sabremos. Pero, en el verano de 1943, los aliados no habían ganado la batalla del Atlántico, lo que les garantizó el flujo de personal y de bienes necesario para hacer la guerra en Europa. El dominio de los cielos tampoco era definitivo. Ese año, el Mariscal Montgomery se puso al mando de las operaciones y, desde ese momento, fue evidente que a operación llevaría su tiempo. Montgomery había derrotado a Rommel en El Alamein, en 1942, no por los combates sino porque cortó sus suministros", dice Dannatt.

"Los alemanes aún tenían muchas fuerzas en Francia en 1943", continúa Packwood. Y creo que la gente no es consciente de la ingente inversión en infraestructuras que supuso el desembarco. En Gran Bretaña había 1,6 millones de estadounidenses destinados. Nos concentramos en el Día D cuando lo asombroso fue el trabajo de organización previo".

En paralelo a la guerra en Francia está el relato de la invasión de Sicilia y del lento avance aliado por Italia. ¿Por qué fue tan complicado saltar a Francia mientras que la invasión en el sur fue mucho más temprana y menos planificada? "Creo que Sicilia fue parte de la preparación hacia Normandía", dice Dannatt. "El papel de la aviación en Sicilia fue un desastre y la coordinación entre cuerpos funcionó mal. Pero de todo aquello se aprendió. Antes, en 1942, ya hubo un asalto a Dieppe a cargo de tropas canadienses, más como un ensayo que como una gran ofensiva. Y salió muy mal pero los aliados aprendieron muchas cosas. Decidieron que no desembarcarían en las ciudades, que tendrían que crear sus propios puertos prefabricados...". "Todos los mandos del Desembarco de Normandía combatiron en Sicilia: Eisenhower, Montgomery, Patton, Ramsey...", añade Packwood.

Háblenme del capítulo que dedican a las maniobras de contraespionaje, los señuelos para engañar a los alemanes, a las fintas... ¿Fue una parte importante de la historia o sólo fue la parte novelesca?
(Richard Dannatt) Fue una parte importante, indujeron a pensar equivocadamente a muchos alemanes, incluido Hitler, que el desembarco ocurriría en el Paso de Calais, que es el lugar más estrecho del Canal de La Mancha. Normandía era la supuesta maniobra de distracción... Hay una frase famosa de Churchill: 'La verdad es tan importante que debe ser escoltada por las mentiras'.

(Allen Packwood) A Churchill le encantaban las historias de espionaje y contrainteligencia. Le volvían loco las aventuras de los agentes que se lanzaban en paracaídas tras las líneas enemigas... O sea que sí, es una parte importante de la historia. Pero es importante si lo consideramos al lado de los ingenieros que hicieron los puertos o de los aviadores o de los políticos que coordinaron el trabajo.